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La Guarania es un estilo folclórico de música creada en Paraguay por el músico José Asunción Flores en 1925, con el propósito de expresar el carácter del pueblo paraguayo. Así, se acompañó de melodías y ritmos lentos y melancólicos para las canciones, aunque de alguna de las mismas se deduce el carácter heroico del pueblo paraguayo. Desde su creación, la Guarania se convirtió en el fenómeno musical más importante de Paraguay del siglo XX.
Este género musical, se constituye en uno de los más insólitos casos, en lo que respecta a las expresiones de la música popular de nuestro continente, porque habitualmente se originan por medio del aporte de creadores anónimos, perdidos en el tiempo, y quienes aún careciendo de nombres y apellidos, han legado las más sublimes formas de expresión.
El más importante escritor paraguayo, a quien se le reconoció internacionalmente con el prestigioso Premio Cervantes, Augusto Roa Bastos, pronunció a principio de la década del 40, una disertación sobre el Surgimiento y Evolución de la Guarania. Decía Roa Bastos: Para comenzar, convendría examinar en breves términos, los orígenes de nuestra cultura musical. Debe quedar establecido, en primer lugar, que no existieron nunca archivos musicales ni trabajo de recopilación ni de investigación seria. La carencia de datos y referencias históricas, excepción hecha de las aportaciones legadas por los misioneros jesuitas, sumamente confusas y vagas, impidió que se pudiera llegar a escribir la historia musical de nuestro país. Un hecho, sin embargo, resulta claro. En él coinciden casi todos los historiadores que se han ocupado de la vida colonial hispanoamericana: la singular afición que tenían por la música los guaranies. Esta característica permitió a los catequizadores españoles lograr más rápidamente el sojuzgamiento espiritual de los indígenas, por medio de una adecuada enseñanza musical. En un principio, los misioneros debieron haber enseñado exclusivamente música clásica religiosa, por lo que, acaso, la reminiscencia de esta música grave y cadenciosa puede ser la que aparece ahora en la línea melódica de la guarania con reiterada insistencia. Sólo posteriormente pudieron infiltrarse poco a poco, en el ambiente popular, los aires ligeros europeos que arribaban como polizones melódicos ocultos en el corazón de los soldados coloniales. Es de creer que estos aires se hayan difundidos rápidamente por su ritmo pegadizo y la mayor facilidad de su ejecución y retentiva. La ausencia de datos que pudieran ofrecer asidero razonable a las diversas teorías, no permite establecer con exactitud, en qué forma la anterior cultura musical, es decir, la autóctona, fue influida o desplazada por la foránea. Cabe, empero, conjeturar que si efectivamente fue desplazada, le ocurrió igual cosa que al idioma autóctono: Fue a refugiarse en el fondo del alma indígena, presidiendo como pauta oculta los sentimientos y el devenir psíquico, y manifestándose, a veces, con claros indicios, siempre viva y latente. Resulta claro que en el estadio de la evolución mestiza iba desenvolviéndose un nuevo producto, resultante de la ecuación de los ingredientes nativos y exóticos.
Y seguía diciendo Augusto Roa Bastos: José Asunción Flores se empeñó en buscar la genuina música folklórica. Genial intuitivo, expresión arquetípica del medio y de la raza, artista verdadero, sus poderosas antenas psíquicas le orientaron hacia el hondón humano y hacia la naturaleza. Tras una consagración total y apasionante, halló las vetas de las canteras sumidas en sombras de milenios. De ellas extrajo el material precioso para su obra que la entregó a su pueblo, mejor dicho, que la restituyó a su pueblo, puesto que de su misma esencia la había extraído. La música de Flores, su Guarania, no es, a pesar de todo, exclusivamente autóctona, en el sentido de constituir una resurrección artificiosa de la música indígena, definitivamente extinguida en la noche de los tiempos. Es, sí folklórica. Hunde sus raíces en la esencia ancestral, pero está determinada por un anhelo de universalización. De allí que ella ofrezca como arte y como interpretación del medio físico y del módulo humano, proyecciones indefinidas para una constante y simple ascendente evolución creadora. José Asunción Flores nació en Asunción el 27 de agosto de 1904, en el seno de una familia muy humilde que vivía en un destartalado rancho de La Chacarita (un poblado marginal de los suburbios de la capital paraguaya), hijo de María Magdalena Flores, una lavandera, y es probable que su afición por la música la haya heredado de su padre, el guitarrista Juan Volta. El estallido de la Guerra del Chaco (1932-1935), un conflicto territorial que enfrentó a Paraguay y Bolivia por la consecución de una vía de salida al mar, despertó su conciencia cívica y política. Tras tomar parte activa en la lucha armada, se afilió al Partido Comunista y empezó a defender ardorosamente las causas de los grupos sociales más desfavorecidos, hasta que fue catalogado de agitador revolucionario por las autoridades de su país. Como tantos otros artistas e intelectuales paraguayos del siglo XX, Flores se vio obligado a abandonar su patria camino del exilio. Paradójicamente, mientras cosechaba éxitos internacionales, se veía silenciado como artista en su propio país. Algunas de las grabaciones soviéticas de Flores tuvieron que entrar de forma clandestina al Paraguay, donde Flores estaba proscrito por el Gobierno del dictador Stroessner. Afincado en su amado Buenos Aires, contrajo una penosa enfermedad, el mal de chagas, una dolencia endémica en determinadas regiones del Centro y el Sur de América, que le llevó a la tumba en mayo de 1972. Los restos de Flores tuvieron que reposar durante cerca de veinte años en la Argentina, sin que nadie autorizase su repatriación al Paraguay de Stroessner. En 1991, ya sin el dictador, Flores retornó al camino eterno del Paraguay, y sus restos reposan en la plaza homónima y junto a su amigo Manuel Ortiz Guerrero, en la ciudad de Asunción. Y a mediados de este año, con el advenimiento de tiempos democráticos para el Paraguay, la figura del maestro Flores fue revalorizada en su justa dimensión, y su creación máxima, la guarania, obtuvo un explícito reconocimiento, ya que el Parlamento paraguayo, mediante la ley 4072 declaró “Patrimonio Cultural de la República del Paraguay al género musical denominado guarania”, primer paso para luego postular su inscripción como “Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO.
Comentarios basados en una nota del diaro ABC, un articulo de Mario Coronel, otro del maestro Luis Szarán para Ultima Hora, y fragmentos de la disertación de Augusto Roa Bastos, publicados por el sitio Portalguaraní.com. En cuanto a la música, en la primer media hora se escucha a Los Troveros de America, Los Cumbreños, Juan Cancio Barreto, Luis Alberto del Paraná y Jhony Britez, mientras que en la segunda parte estánVocal Dos, Oscar Gomez, Marco de Brix, Betty Figueredo y Agustín Barboza.
Es una realización de Jorge Laraia.