Mucho hype y pocas nueces

“Mucho hype y pocas nueces”, el podcast sobre inteligencia artificial y desigualdades.

Una serie de conversaciones con expertas, dentro del proyecto de Justicia Digital Global, para alimentar, con una mirada crítica, los debates en torno a la tecnología.

Cuando en la década de los años 50 del s.XX se acuñó el término “inteligencia artificial” designaba un conjunto de disciplinas en las que se empezaron a emplear a fondo grupos de investigación y centros académicos, pero la etiqueta también era, sobre todo, un reclamo para inversiones. Era una etiqueta publicitaria que pretendía animar la llegada de fondos a esos espacios universitarios generando un moderada expectativa. Con el paso del tiempo, una serie de empresas han tomado las riendas del desarrollo de la inteligencia artificial, sustituyendo la lógica del saber científico por los intereses empresariales. Y, para maximizar sus beneficios, han catapultado la generación de expectativas, sublimando el carácter publicitario de la etiqueta “inteligencia artificial”. De ahí el interés por ganar el relato, por construir con las palabras que más se adecúan a unos intereses concretos, la manera en la que la sociedad entiende y aborda la inteligencia artificial. De ahí la importancia de contrarrestar los discursos y reforzar en el debate, una mirada crítica, que permita equilibrar el triunfalismo y el optimismo de una parte de la industria tecnológica que reclama carta blanca para desarrollar sus productos.

“Mucho hype y pocas nueces” es una contribución a ese debate desde una posición crítica e, incuestionablemente, situada al lado del respeto de los derechos y de la sostenibilidad de la vida en el planeta, para conseguir una inteligencia artificial justa y equitativa, no una que garantice la acumulación de poder y riquezas en las manos de unos pocos.

Las palabras con las que se explica la inteligencia artificial desde el relato más extendido no son casualidad. Se intenta humanizar a la máquina e, incluso, deificarla, convirtiéndola en la inteligencia suprema, (falsamente) eficiente e infalible que necesitamos para evitar los errores propios de las decisiones humanas. Con ello, se pretende ocultar la materialidad de la tecnología, el enorme peso de esa “nube”, que en realidad son miles de toneladas de cemento, acero, cables, satélites o microchips y su impacto ecosocial marcado por el consumo desmedido de energía, materias primas o agua. Esa misma materialidad, se manifiesta en las decenas de millones de personas que trabajan desarrollando tareas imprescindibles para un funcionamiento que no es mágico, en demasiadas ocasiones, en condiciones laborales precarias. La misma retórica, olvida las largas cadenas de suministro en el ciclo de vida de la inteligencia artificial que conectan territorios en todo el mundo, a menudo mediante relaciones extractivistas y lógicas de expolio. El relato que alimenta la sensación de perfección e infalibilidad no puede ocultar que la inteligencia artificial es una construcción humana y que he heredado e incorporado todos los sesgos y defectos de la acción humana y que además los ha automatizado.

Las voces que se escuchan en “Mucho hype y pocas nueces”, no pretenden impugnar la tecnología, solo intentan contribuir a un debate social en el que no se hayan silenciado, los defectos, los errores o los abusos, para que las decisiones compartidas busquen, realmente, una tecnología democrática, justa y equitativa.

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