
En Gambia, la danza y la música tradicional cuentan las historias cotidianas: hombres que trabajan los campos, mujeres que hacen sus labores, o niños que juegan. Los medios modernos de (…)
Tanto el Hinduismo, como el Shamanismo y el Budismo, conservan tradiciones que postulan a Shamballa como la fuente misma de su religión. Por miles de años se han escuchado relatos acerca de algún lugar más allá del Tibet, entre los majestuosos picos y apartados valles del Asia central, que persiste como un paraíso inaccesible, un oasis de sabiduría universal y paz, llamado Shamballa.
Entre los antiguos mitos budistas figura un paraíso perdido, conocido como Chang Shambhala, la fuente de la sabiduría eterna donde vivirían seres inmortales en armonía perfecta con la naturaleza y el universo. En la India, oculto entre los Himalayas, se llama Kalapa, mientras que la tradición china lo ubica en los montes Kun Lun. Asimismo, en la antigua Rusia se hablaba de la legendaria Bielovodye, la Tierra de las Aguas Blancas, donde vivían santos ermitaños de inmensa sabiduría. Madame Blavatsky fue la primer ocultista occidental que escribió sobre la existencia de aquel santuario del Asia Central, al que llamó la mítica Shamballah. Dijo que era una ciudad etérea en el Desierto de Gobi que servía de cuartel invisible a los Mahatmas, la Gran Fraternidad de Maestros Espirituales que trabajan detrás de la escena, guiando y protegiendo a la humanidad. También se sabe que, en los años treinta, Nicholas Roerich, el artista e instructor espiritual ruso, pasó muchos años en expedición por aquella parte del globo, en busca de Shamballa y su Sabiduría. Figura menos conocida de lo que merece, Nicolás Roerich, muerto en 1947, es uno de esos hombres inquietos que a lo largo de su vida hacen de todo: arqueólogo, viajero, escritor, pintor, escenógrafo y, por encima de todo, un místico e idealista capaz de recorrer Asia durante años en busca de la ciudad perdida de Shambhala, uno de esos mitos cuya existencia real, como la de la Atlántida, nunca ha podido demostrarse. En el relato de su viaje está siempre presente la mítica Shambhala como una ciudad invisible que aparece y desaparece entre la niebla, y que hace las veces de un eje alrededor del cual gira en espiral la vida y cuyo centro el viajero nunca conseguirá alcanzar. Y por las mismas fechas, también se conocía a Shamballa por el nombre de Shangri-la, así mencionada por el escritor inglés James Hilton en el libro Horizontes Perdidos (1933). Tanto en la novela, como en la película que le siguió, esta tierra fue retratada como un centro de felicidad y eterna juventud. Como esos espejismos que en el desierto siempre están unos pasos delante pero el viajero sediento nunca alcanza, Shangri-La es un mundo escondido al cual parece imposible acceder. La antigua creencia budista dice que para llegar, no es preciso contar con un mapa o guías avezados, sólo es necesario estar preparado íntimamente. Entonces, lo inefable aparecerá ante la vista en todo su esplendor. Como los espejismos, está y no está. Sólo espera al peregrino de corazón límpido y espíritu abierto para ofrendarle sus misterios. A principios del siglo XX, la escritora francesa Alexandra David-Néel, gran conocedora de la religión budista, recorrió caminos escarpados y enfrentó lluvia, barro, nieve, granizo y la hostilidad de tibetanos, chinos e ingleses hasta llegar a las lamaserías. Libros suyos como Magia y misterio en el Tíbet contribuyeron a alimentar en Occidente la imagen legendaria de un país inaccesible y misterioso. A través de sus obras se difundió la capacidad de los monjes tibetanos para entrar en profundos trances, levitar y dominar las sensaciones corporales, como también la creencia de que podían predecir el porvenir, virtudes que Hilton atribuye a los lamas de Shangri-La. En uno de sus relatos, David-Néel describe cómo un lama se eleva en el aire en forma que parecía sobrenatural: "Pude ver su rostro impasible, perfectamente tranquilo, con los ojos abiertos y la mirada fija en algún lugar muy elevado. El hombre no corría, parecía elevarse del suelo y avanzaba a saltos. Sus pasos tenían la regularidad de un péndulo". La profecía de Shambala establece que cada uno de sus reyes reinaran durante 100 años, habrá 32, y cuando pase su reinado las condiciones en el mundo exterior se deteriorarán, los hombres se volverán más bélicos y perseguirán el poder para su propio bien y una ideología de materialismo se extenderá sobre la tierra. Cuando los bárbaros, aquellos que siguen esta ideología estén unidos bajo un rey perverso y crean que no hay nada mas por conquistar, los místicos surgirán para revelar las montañas de hielo de Shambala. Y los bárbaros atacaran Shambala con una armada enorme, equipadas con armas terribles. Entonces el 32º Rey de Shambala, Rudra Cakrin inducirá a un extraño contra los invasores. En una ultima gran batalla, el rey perverso y sus seguidores serán destruidos, y el mundo alcanzará la paz.
Durante elprograna se escuchan cantos sagrados de monjes tibetanos, e interpretaciones de Ani Choying Drolma, Khampagar Monastery Ritual Orchestra, Nawang Khechog y Yungchen Lhamo.
Los comentarios fueron extraídos principalmente de dos sitios: www.espinoso.org y www.futuropasado.com.
Es una realización de Jorge Laraia.