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El compositor griego Mikis Theodorakis es uno de los pocos artistas vivientes que representan una gran parte del Siglo XX. Es también una de las personalidades más contradictorias vivas hoy. La resistencia recorre su vida entera. Primero contra la opresión italiana, contra el fascismo en su propio país; luego, resistencia contra un comunismo cada vez más rígido; cuando más viejo fue la resistencia de un conservador contra la globalización pseudo-progresiva y, finalmente, una resistencia permanente contra su propia imagen.
Mikis Theodorakis nació en la isla griega de Quíos el 29 de julio de 1925. Desde su infancia comenzó a componer canciones, incluso antes de recibir lecciones de música o saber tocar instrumento alguno. Pasó sus primeros años en diversas ciudades griegas de provincia, como Mitilene, Giannina, Kefalonia, Pirgo, Patras y, principalmente, Trípolis. Y es allí donde da su primer concierto en un coro que formó cuando apenas había cumplido diecisiete años. También en aquella edad comienza su incursión en el mundo de la política. Son los años de la Segunda Guerra Mundial, y el joven Mikis se une a la resistencia, primero contra la Italia fascista y después contra la Alemania nazi. Ayudando a familias judías a escapar de las autoridades germanas es detenido y torturado por los italianos en 1943. Consigue huir a Atenas, donde entra en el Frente de Liberación Nacional, en cuyas filas combate contra la ocupación alemana. Al mismo tiempo estudia en el conservatorio de Atenas. Tras la liberación de Grecia, comienza la Guerra Civil Griega, con lo que Theodorakis es perseguido por las autoridades monárquicas debido a sus ideas izquierdistas, y por eso, es deportado a las islas de Ikaria y Makronissos, pero finalmente regresa a Atenas, donde puede terminar sus estudios en el Conservatorio. En 1954 obtiene una beca para completar estudios en París, donde se inscribe en el conservatorio y estudia análisis musical bajo la dirección de Olivier Messiaen y Eugène Bigot. En este período Mikis estudia con intensidad la tradición musical occidental. Compone el ballet Antígona para Ludmila Tcherina, que es representado en el Covent Garden, y también algunas bandas sonoras. En 1957 obtiene el primer premio del Festival de música de Moscú por su Suite nº 1 para piano y orquestra, y al mismo tiempo escribe diversas piezas sinfónicas y de cámara. El compositor francés Darius Milhaud le propone para el premio de Mejor compositor europeo. En 1960 regresa a Grecia. Con su vuelta a la patria no solo física, sino también artística y espiritual, Theodorakis considera completa su formación musical clásica, e inicia un período que estará enormemente influido por la música tradicional y popular griega, aunque sin desdeñar la importante formación recibida en Francia. En el 2005 los griegos resolvieron celebrar en grande los 80 años de vida de su músico con mayor trascendencia universal, y para ello, elaboraron un programa de actividades que se desarrolló durante todo el año. El propio Theodorakis estaba profundamente halagado por el nutrido programa que se preparó en su homenaje, y expresó a la prensa “Para mí es un gran honor que mis compatriotas revisen toda mi obra”. Para esa época, Mikis Theodorakis, recibió en la ciudad de Atenas la medalla conmemorativa por el aniversario 50 del Movimiento Cubano por la Paz. En esa ocasión el compositor reiteró su admiración por la persona de Fidel Castro, y además hizo énfasis también, en su solidaridad con la lucha del pueblo de la isla, en defensa de su independencia y derecho a decidir su propio destino, lo que marca su consecuencia de hombre pacifista y revolucionario. Para todo lo político en su arte, Theodorakis ha preservado su delicado sentido de la poesía y la imaginación. Son muy claras sus palabras: “He empujado siempre mis límites, pero al mismo tiempo era permanentemente consciente de ellos. Compuse sabiendo que los límites de la existencia humana se pueden superar solamente con la imaginación, la inspiración, y la intuición. Y actué de esa manera. Y continúa diciendo Theodorakis: “El arte es la única cosa que ha sido capaz de conquistar la muerte. Todos los que intentaron alcanzar la inmortalidad con violencia, poder o dinero han fallado. La inmortalidad no tiene ninguna dimensión temporal. Es un signo de calidad, un sentimiento fuerte. Solamente el arte puede comunicar la emoción de ser inmortal por tres segundos”.
Varios de los comentarios están basados en un artículo de Genosse Mauser, y otro de Eduardo Andrade Bone para Rebelión. En la primer parte del programa, escuchamos básicamente interpretaciones de María Farantouri, mientras que durante la segunda media hora, disfrutamos de las mejores voces griegas cantando las canciones de Theodorakis, como: Grigoris Bithikotsis, Irene Pappas, George Dalaras, Stelios Kazantzidis y lo cerramos con Haris Alexiou.
Es una realización de Jorge Laraia.