Este año se festejan los 35 años de la independencia de las últimas colonias portuguesas de África. El último de los imperios coloniales europeos en el Continente Negro se derrumbó junto con el sistema salazarista en Portugal.
Las luchas en Mozambique, Angola, Guinea Bissau, los archipiélagos de Santo Tomé y Príncipe, y Cabo Verde fueron detonadoras de la Revolución de los Claveles, impulsada por militares que no querían combatir en lejanas colonias, sino detener el desgaste que provocó en el país la penúltima dictadura de Europa occidental (Franco, en España, sobrevivió unos meses más).

20 de mayo de 2010
| Duración: 57:35

El Imperio portugués fue un imperio destacado en el Siglo XV a XVII, que comenzó viajando a tierras desconocidas por los europeos y empezando así la Era de sus descubrimientos. El descubrimiento de la ruta marítima alrededor de África hacia la India y el resto de Asia abrió enormes oportunidades de comerciar para Portugal, y Portugal se movió agresivamente al establecer puestos de comercio y bases fortificadas para controlar este negocio. Durante el siglo XIX, el colonialismo portugués se enfocó en expandir sus puestos en África, en territorios del tamaño de una nación para competir con otras potencias europeas. En el ocaso de la Segunda Guerra Mundial, otras naciones europeas comenzaron a abandonar sus colonias, ya sea de forma voluntaria o involuntaria. Pero Portugal se rehusó a entrar en este proceso voluntariamente, y fue la última nación en retener sus mayores colonias. La sumisión del interior de Mozambique y de Angola no es emprendida nada más que a partir del Congreso de Berlín, en 1885, cuando las potencias europeas discuten la soberanía portuguesa en la zona. Las poblaciones del interior oponen una resistencia que sólo es vencida en el periodo de entreguerras. En las ciudades, Portugal institucionaliza, en los años veinte, la política de asimilación de las élites educadas, los llamados assimilados, que disfrutan de la nacionalidad portuguesa. Desde que se apropia del poder en Lisboa en 1930, Salazar emprende la rentabilización de las colonias. La extracción de riqueza con destino a la metrópoli, que constituye la base de su política colonial, se acentúa después de la segunda guerra mundial por la intensificación del trabajo forzoso y la extensión de los cultivos obligatorios de productos para la
exportación. Por ello es que la dictadura de Salazar no ofrece ninguna perspectiva de emancipación nacional. Pero es entonces que los intelectuales assimilados, formados en las universidades portuguesas y extranjeras, tales como Amilcar Cabral, fundador del Partido Africano para la Independencia de Guinea y Cabo Verde, Agosthino Neto, presidente del Movimiento Popular para la Liberación de Angola, o Eduardo C. Mondlane, dirigente del Frente de Liberación de Mozambique (Frelimo), proponen, a partir de los años cincuenta, una alternativa radical basada en un análisis marxista-leninista. La mayoría de los movimientos nacionalistas se habían unido al partido comunista, clandestino en Portugal, única fuerza metropolitana favorable a las independencias. Aunque la legitimidad de su lucha sea reconocida por la Asamblea General de las Naciones Unidas, los movimientos de liberación sólo se benefician de una débil ayuda exterior, principalmente de los países comunistas. El gobierno de Lisboa, que dedica el 40 % de su presupuesto a las guerras africanas, recibe el apoyo financiero y militar de numerosos países de la OTAN. La guerra, que dura hasta 1974, es larga, difusa y cruenta, sobre todo para las poblaciones civiles, objetivo de las estrategias de los dos bandos. Por fin, el derrocamiento del régimen dictatorial por un grupo de jóvenes oficiales portugueses el 25 de abril de 1974 (la llamada revolución de los claveles) pone fin a los conflictos bruscamente. Eso sí, esta victoria por abandono deja a las colonias lusitanas en una situación precaria, debido a las luchas internas por el poder.
Varios de los comentarios están basados en un artículo de Pierre Dumas para La Nación, mientras que a lo largo del programa escuchamos a distintos músicos de estas ex colonias portuguesas como Patricia Faría, Amelia Muge, Jose Branco e Joao Afonso, Manecas Costa, Bonga, Waldemar Bastos, Camilo Domingos, Bana, Grupo Africa Negra, Eneida Marta y Cesaria Evora.
Es una realización de Jorge Laraia.

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