
El charango es un instrumento musical vigente en las regiones altiplánicas de la Cordillera de Los Andes en América del Sur. Posee cinco pares de cuerdas aunque hay variaciones con menos o más (…)
La segunda edición del festival "Músicas del sur", que comenzó en el teatro 25 de Mayo, el día 10 y se extendió hasta el 20 de marzo, propuso cruces entre artistas de Brasil, Uruguay y la Argentina. Por su parte, el calendario de festivales dirigidos a un público seguidor de la música popular no sólo de esta región sur del continente, sino también de otros países, se complementó esos mismos días con la segunda edición del "Festival de otoño" que paseó entre el escenario del Lawn Tennis Club y la sala de la Trastienda, entre los días 13 y 17 de Marzo, a figuras como Petrona Martínez, Pink Martini, Olodum y Kevin Johansen, entre muchos otros.
Y así Buenos Aires disfrutó de la “música del mundo”, según la tramposa batea ya pasada de moda, que sin ningún empacho presenta como dada y aceptada la hegemonía desde la que se han dictado los límites sonoros del universo. Porque, ¿Cuál sería la música que no es “del mundo”, la extraterrestre?, se han preguntado algunos ofendidos. Otros han sabido valerse de los canales de producción y difusión de la etiqueta world music para abrir al mundo tradiciones, sonidos, estilos, colores, sabores y olores, con un fuerte sentido de pertenencia. de otra manera no hubieran podido profesionalizarse o alcanzar la aceptación en el propio lugar de origen. Y en eso que tienen de diferente, de exótico, de indómito, de rústico o de folklórico, según los casos, han cimentado su fortaleza. Y si Buenos Aires es una ciudad que se enorgullece de su condición de sibarita cultural, siempre abierta e interesada por el mundo, las músicas del (resto del) mundo tienen su plaza asegurada. En el caso del Festival Músicas del Sur, los organizadores prefieren hablar, más que de un festival, de un encuentro. Es que, como ya se vio el año pasado en el escenario del bello Teatro 25 de Mayo, de Villa Urquiza –y también en experiencias similares como Expreso Porto Alegre en Buenos Aires, también concretado en 2010–, el planteo en escena supera al de la mera sucesión de artistas, para generar cruces artísticos verdaderamente novedosos. Además de estos conciertos gratuitos, el evento, organizado por el Centro Cultural San Martín, incluyó talleres y jornadas de intercambio de las que participaron músicos y productores de la región. La producción estuvo pensada también, y muy especialmente, para promover el cruce y las posibilidades de trabajo de los artistas de los países del Mercosur: “Los artistas vienen y se quedan muchos días en Buenos Aires, preparan algo con los músicos de acá, pero además conocen a muchos otros artistas, lugares donde se hace música, sellos, productores. Se llevan discos, contactos y experiencias de trabajo”, cuenta el músico Carlos Villalba, encargado de la producción de Músicas del Sur, un encuentro organizado por el Centro Cultural San Martín. “La idea es sembrar puertas abiertas tanto para los que vienen de afuera a Buenos Aires, como para los argentinos que van a Brasil, por ejemplo.” Las experiencias anteriores permitieron percibir no sólo las diferencias, también las coincidencias entre artistas que, si bien aún no están lanzados a nivel masivo –o no apuntan a hacerlo– conforman el rico panorama del declamado “Mercoson cultural”, del que habló alguna vez el brasileño Hermeto Pascoal. Este año se programaron encuentros similares, y en cada uno de los conciertos participaron dos formaciones artísticas de distintas nacionalidades, que ofrecieron cada una un set propio, y se unieron en un final compartido. El segundo festival realizado en Buenos Aires hace unos días, el Festival de Otoño, se propone como “una pequeña muestra del mapa musical mundial”, e invita al público “a descubrir otras culturas a través de su música, acercando las nuevas tendencias internacionales y vinculando a las diferentes tradiciones”. Desde esta invitación, el año pasado hizo sonar a artistas como Goran Bregovic y la portuguesa Mísia, además de auspiciar el cruce entre tango y flamenco que grabó Diego El Cigala en el Gran Rex. Esta vez, su programación recorrió nuevas músicas de Perú, Colombia, Brasil, Francia, Italia y Estados Unidos, además de participaciones argentinas. De Colombia se presentó Puerto Candelaria, una agrupación que se exhibe como creadora de ritmos como la “cumbia underground” y el “jazz a lo colombiano”. Del Brasil, mientras tanto, sonaron los más instalados Olodum, el grupo de samba-reggae que ya es en sí mismo un sello musical de Salvador, con su “bloco afro”, fiel representante de la cultura bahiana allí donde se presente. Y lo nuevo del Perú estuvo representado por Novalima, una banda formada en 2001 que explora la fusión de la electrónica y la música afroperuana, sumando también algo de rock, reggae y house. En este programa se escuchan a algunos de los músicos que participaron en estos dos festivales realizados en Bs.As. hace pocos días atrás, como Rudi y Nini Flores (Argentina), Martín Buscaglia (Uruguay), Marcelo Pretto, Thiago Pethit y Wander Wildner (Brasil), Alan Plachta Septeto (Argentina), Novalima (Perú), Berry (Francia), Ivri Lider (Israel), Vinicio Capossela (Italia), y desde Colombia Petrona Martinez y Puerto Candelaria. Los comentarios están basados en un artículo de Karina Micheletto para el diario argentino Pagina 12. Es una realización de Jorge Laraia.