
El charango es un instrumento musical vigente en las regiones altiplánicas de la Cordillera de Los Andes en América del Sur. Posee cinco pares de cuerdas aunque hay variaciones con menos o más (…)
El acordeón, desde siempre ha demostrado su importancia como vehículo de intercambio de culturas y de unión entre las gentes de todo el mundo. Allí donde ha ido, el acordeón ha sido el protagonista de la fiesta, y hoy en día continúa manteniendo intacta ese alma popular. El instrumento, que ha pasado por los salones y ha visitado los conservatorios, se ha desarrollado entre las casas y plazas de los pueblos de montaña, en las tabernas, en los barcos amarrados a la costa, antes de arribar a las calles de las grandes ciudades. Desde los románticos rincones propios del Sena y del Volga, y las bohemias regiones mediterráneas, hasta los marcos festivos de la Bretania y de Baviera, el sonido del acordeón llega en un momento en que la expresión “música étnica” se manifiesta en el sentido más amplio de la palabra.
Arsèguel es un pequeñísimo pueblo de poco más de 100 habitantes que se encuentra bajo la imponente Sierra del Cadí, una cadena montañosa de 40 km. de largo que abarca parte de las comarcas de Berguedá, Cerdaña y Alto Urgell. Pertenece a la comarca del Alto Urgell, un lugar montañoso y de clima frío. Pero tanto en invierno como en verano solo se siente calor dentro de los muros de piedra de Arsèguel. El pueblo está a 950 metros de altitud, que le aseguran nieve en invierno y brisa fresca en verano, lejos del sofocante sol húmedo del Mediterráneo. Su origen es medieval, con la iglesia románica de Santa Coloma, y la construcción arquitectónica de sus casas, de las mejor conservadas del Pirineo. Se pueden ver en ellas balcones de madera, techado árabe y gruesos muros de piedra. Casi se puede sentir el paso del tiempo al pasear por sus calles, y la historia humilde de sus habitantes que no vivieron grandes gestas, si no que sobrevivieron en la montaña y conservaron su esencia. Arsèguel huele a madera húmeda, a pan caliente, a aliento frío, a silencio imperturbable en invierno. En verano huele a tibio sol, a cielo azul turquesa, a lluvia limpia, a nubes blancas como algodones. Los pasos tímidos, al entrar en el pueblo, demuestran respeto por la vida que se esconde dentro. Al pueblo lo rodean varios caminos. Uno de ellos desciende hasta el valle hondo bajo la sierra del Cadí. Allí al fondo se oye un río con aguas que corren. Es frío y sombrío y en invierno se hiela entero. Sobre el río, un puente romano. Construido por romanos, llegaron hasta aquí y pusieron piedra sobre piedra para cruzar ese minúsculo río, para ir quien sabe donde. Roma contempla desde allí. El Imperio llegó hasta aquí, hasta este rincón olvidado en mitad del Cadí. Las noches de verano en Arsèguel permiten acostarse en el piso, contemplar las estrellas y percibir por los poros el silencio majestuoso de la montaña. Arsèguel es bello durante todo el año. Embruja siempre, depende de la paleta de colores que prefiera el viajero, ya que podrá encontrarla entera y con todos sus matices.
Ahora, en Julio, el pueblo se llena de acordeonistas que realizan un encuentro cada año, rememorando músicas que unen a todos los núcleos poblados del Pirineo, atrayendo a un sinnúmero de visitantes. Una noche de verano del año 1976, después de una cena de hermandad en la plaza Mayor de Arsèguel, nació el que con el tiempo se ha convertido en uno de los festivales de música tradicional más importantes de Europa: la "Trobada" de los Acordeonistas del Pirineo. El padre de la fiesta, Artur Blasco, desde la Associació Arsèguel i els Acordionistes del Pirineu, convocó a todos los acordeonistas del Pirineo, para "oírlos tocar todos juntos". En los años setenta, Blasco se había dedicado a estudiar e inventariar un peculiar instrumento: el acordeón diatónico. Para agradecer a aquellos músicos altruistas la ayuda que le habían brindado en su búsqueda, sugirió a los abuelos de las subcomarcas del Baridà y el Urgellet, que tantas veladas habían amenizado por pueblos y villorrios, que rememorasen el pasado tocando su instrumento predilecto. Al año siguiente, en julio de 1977, ya no fue la Associació sino los propios acordeonistas quienes quisieron reunirse; y desde entonces y hasta nuestros días, y ya hace treinta y pico, que cada verano, músicos de todas partes del mundo viajan hasta Arsèguel para participar en la "Trobada" de los Acordeonistas del Pirineo. Desde la primera edición de la "Trobada", que siempre se celebra el último fin de semana de julio, acordeonistas de todo el mundo llegan a Arsèguel para tocar sus canciones. En los primeros tiempos eran vascos, portugueses, suizos, bretones, franceses, italianos o ingleses, pero con los años ahora llegan con sus diatónicos desde Argentina, Colombia o Perú, entre otros países. Unas tres mil personas llenan cada año la plaza Mayor y las calles de Arsèguel, y por unos días rompen el silencio y la quietud de este pueblo, característico por tener justo detrás, las escarpadas rocas calcáreas de la sierra del Cadí. Cada edición de la "Trobada" una cincuentena de músicos tocan sin ninguna otra pretensión que pasárselo bien, e intercambiar experiencias con sus colegas de oficio o de afición. Es un encuentro sin premios ni incentivos económicos, salvo tener el viaje, la comida y la cama pagados. En las primeras ediciones de la "Trobada", como hoy, agricultores, herreros, carpinteros o albañiles convertidos por un día en músicos, recuerdan a los que pasan de los cincuenta, cómo se habían divertido de jóvenes con el sonido de un acordeón. La voluntad de los organizadores de la "Trobada" de los Acordeonistas del Pirineo (Artur Blasco, Josep Porta y Gaspar Viladomat), el carácter altruista de la fiesta, y el marco incomparable de Arsèguel, han hecho de esta celebración, algo más que un encuentro de músicos. Comentarios basados en una nota publicada en artigoo.com, un artículo de Carles Pont, y en el libreto que acompaña a este disco del que hoy compartimos algunos temas, una edición del año 2001 realizada por TVC Disc en Barcelona, que se titula “El acordeón, un mundo de sonidos”, y que recopila a varios de los acordeonistas que participaron del encuentro de ese año. Además, audios de la Televisión del Barguedá, que ha puesto en Youtube toda una serie de videos sobre los participantes del encuentro 2011, y finalmente, nuestro agradecimiento a Iñaki Legarreta, sin cuya intervención este programa, seguramente, no se habría emitido.
Es una realización de Jorge Laraia.