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Una guitarra y una voz en una época triste, las de Vladimir Vysotsky

8 de marzo de 2013. Este año se cumple el 33º aniversario de la muerte de Vladimir Vysostky, uno de los cantautores más importantes de la música contemporánea rusa. En un país donde la libertad de expresión era castigada con penas similares a las de traición, creó más de 600 canciones de todos los temas cotidianos. Se volvió tan importante que hasta el gobierno soviético tuvo que reconocer su trabajo otorgándole, aunque de manera póstuma, la medalla de las artes. Cada año se reúnen miles de personas en su tumba para conmemorar al que, en palabras de las personas más humildes fue "la imagen viva de Rusia".



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Producción: Radio Calf-Universidad FM 103.7   |   Duración aproximada: 58:33

Era un hombre talentoso que en vida conocían todos; sus canciones irrumpían en los oídos, en las almas, pero hablar de él o escribir sobre él era algo imposible. Alguien se asustaba mucho con el agudo sentido social de sus versos, alguien se inquietaba con su popularidad. Es difícil decir cómo se siente un hombre que, conociendo sus valores, no tenía la posibilidad de ver sus versos impresos. La muerte lo legalizó. La muerte y las nuevas circunstancias de la vida. Su muerte fue tan repentina e inverosímil que conmovió la sociedad; ya que se imposible guardar silencio y entonces surgieron las conversaciones y los intentos de analizar. Comenzó aquello a lo que un poeta tiene derecho y sin lo que es imposible el desarrollo de la literatura y, en general, de la cultura. Era un poeta, una voz, una guitarra en una época triste. Cualquier ser pensante, por poco que lo sea, cualquier naturaleza sensible por poco que lo fuera, tenía conciencia de esta tristeza, sentía la decadencia, la pérdida de valores. Vysotsky comenzó por el primitivismo, por el monosemantismo, enriqueciendo gradualmente su visión poética y civil hasta llegar a imágenes literarias elevadas, constantemente aprendía de la vida y la literatura, lo cual sucede a cualquier poeta independientemente de su grado de talento. Empezó a escribir para un pequeño círculo de amigos y llegó a los más amplios auditorios, llegó a la expresión máxima de sí mismo al expresarse, es decir, logró la satisfacción más alta. Por supuesto, la guitarra profundiza las emociones, pero, en su conjunto, los versos, la guitarra y la entonación es un género en el que se perfeccionó día a día. Con los años se hizo más profesional, desapareció la locuacidad juvenil y le era suficiente cualquier pequeño motivo para que surgieran los versos; todo se impregnó de autenticidad: el sufrimiento, el odio y el amor. El verso se volvió consistente, metafórico. De entre todos los músicos soviéticos Vladímir Vysotsky es posiblemente el más popular y el que más ha crecido con el tiempo. En cualquier reunión con amigos rusos aparecerá Vladímir Vysotsky, de forma natural, casi inesperada, como la inmortal estrella del rock ruso Victor Tsoi, el vodka y los pepinillos en vinagre. Todo el mundo parece haber crecido con Vysotsky, el que no lo vivió como vía de escape en su juventud, lo mamó como una canción de cuna durante su infancia. En la radio, en cassette, en cd, o en la televisión, con esos programas de conciertos horrorosos donde las supuestas estrellas siguen interpretando (y destrozando) las canciones de este héroe del pueblo de comportamiento escandaloso. Su Mercedes azul y su forma de cantar han pasado a la historia del paisaje emocional de los rusos. Como un Johnny Cash, o un Bob Dylan, Vysotsky se ha convertido en un personaje de culto y los rusos lo comparan con cualquiera de los más grandes. Vysotsky, tuvo una infancia normal para su época: nació el 25 de enero de 1938 en Moscú. Su madre trabajaba como traductora del alemán, y su padre llegó a ser coronel del ejército. Sus padres se divorciaron poco después de su nacimiento y Vladímir pasó la mayor parte del tiempo con su madre, primero en Buzuluk y más tarde en Moscú. En 1946 su padre es trasladado a la base militar de Eberswalde, en la zona alemana ocupada por los soviéticos tras la Segunda Guerra Mundial (lo que más tarde sería la República Democrática Alemana), y Vladímir se traslada a vivir con él y con su madrastra, de origen armenio, a quien Vladímir llama «tía Yevguenia. En 1956 entró en el Teatro del Arte de Moscú, en el que casi no fue admitido por su voz. Tras graduarse en 1960, comenzó a trabajar en el Teatro Pushkin de Moscú, y luego pasó al Teatro Taganka. En dicho teatro Vysotsky representó unos 20 papeles. Sus actuaciones más reconocidas son las de “Hamlet” (Shakespeare), “La vida de Galileo” (Brecht), y “Un héroe de nuestro tiempo” (Lermontov). Además Vysotsky apareció también en 26 películas, entre las que más populares fueron se encuentran “El lugar del encuentro nunca se cambia” de 1979 y “Pequeñas tragedias” de 1980. Teniendo en cuenta que la participación de Vysotsky ponía el riesgo cualquier proyecto de película, y que el cantante giraba con cierta frecuencia por la URSS y los países del bloque comunista, la producción de Vysotsky no es nada exigua para los 42 años que vivió. Vysotsky llegó a escribir casi mil canciones, además de varios poemarios. Luego de dos fracasos matrimoniales, en 1967 se enamoró de Marina Vlady, una actriz francesa de antepasados rusos, que en ese momento estaba trabajando en Mosfilm para una coproducción francosoviética. Vlady ya había estado casada y tenía tres hijos, mientras que Vysotsky tenía dos. Su amor fue apasionado e impulsivo, alimentado por el estatus exótico de Vlady como una francesa en la URSS, y por la popularidad incomparable de Vysotsky en su país. En 1969 se casó con quien sería la compañera hasta su muerte. Durante diez años mantuvieron una relación a distancia, con Vlady trabajando en Francia y tratando de pasar más tiempo en Moscú, y los amigos de Vysotsky tratando de ayudarle a conseguir que le permitieran salir del país para estar con su esposa. Vlady finalmente entró en el Partido Comunista Francés, que le consiguió una visa ilimitada para entrar y salir de la Unión Soviética, y le brindó a Vysotsky cierta inmunidad contra la persecución del gobierno, que estaba cansado de las poesía antisoviética y su desafiante popularidad con las masas. Los problemas de su relación a distancia con Vlady inspiraron varias de las canciones de Vysotsky. Inclusive grabaron un disco juntos. Durante los años 70 su etapa fue marcada por dos factores, su relación con la actriz Marina Vlady, y su creciente adicción al alcohol. A pesar de que muchas de sus letras eran claramente contrarias al régimen, el gobierno no pudo seguir ignorando su fama y publicó un disco con una selección de sus canciones a finales de los 70. Sus últimos años de vida los pasó grabando la película "No se puede cambiar el lugar de encuentro", alternando el rodaje con sus conciertos. Se dice que podía pasar días enteros sin dormir, componiendo de noche y rodando o cantando de día. Murió de un ataque al corazón a los 42 años de edad, sobre un escenario, mientras representaba Hamlet en el teatro Taganka, y la ciudad de Moscú se colapsó cuando miles de personas sacaron su cuerpo a hombros pese a la prohibición de las autoridades. Se reunieron más de un millón de personas para honrar su muerte, y el gobierno decidió otorgarle la medalla de "Artista Meritorio de la Unión Soviética" y publicar una antología de sus canciones en 20 discos. Comentarios extraídos de una nota de Bulat Akudzheva, tomada del prólogo a Vladimir Vysotsky, de la Editorial Escritor Soviético, Moscú, 1988, traducida por Juan Luis Hernández Milián, y publicada por la revista cubana de arte y literatura “Mar desnudo”, y otra de Francisco Martinez, para el sitio Rusia Hoy. Mientras que las canciones pertenecen mayoritariamente a dos discos: Sings his own songs (1978) y Chanson.Allea, una edición del año 2011. Es una realización de Jorge Laraia.

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