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Tambores para la lucha: la música como resistencia contra el apartheid en Sudáfrica

25 de julio de 2013. Esta semana la música, como siempre, es la protagonista de nuestro programa, donde haremos un breve recorrido por la historia musical que vertebró las luchas contra el régimen racista del apartheid en Sudáfrica. Y es que éste tuvo varias etapas de represión social, política y de leyes de segregación racial, en los que se dieron acontecimientos históricos que se fueron reflejando claramente en el arte sudafricano, siendo éste una importantísima herramienta de protesta y resistencia. Las canciones, en cada época, reflejaban la realidad social, y fueron una forma eficaz de reconocer y protestar contra un sistema político injusto.



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Producción: Radio Calf-Universidad FM 103.7   |   Duración aproximada: 58:33

Como afirma el crítico alemán Schumann, en su trabajo sobre el arte de la resistencia, “las tradiciones orales, debido simplemente a sus medios de transmisión, ofrecen una especie de reclusión, control e incluso anonimato, que las hacen ideales vehículos de resistencia cultural”. En este caso, el arte no era sólo una actividad elitista, sino que fue un movimiento de resistencia cultural popular, que jugó un rol importante en la comunidad y en la lucha por la libertad. En la década de 1950, se utilizó el contenido de las canciones como protesta, abierta y directamente dirigida hacia los políticos, para denunciar el abuso al que estaba sometida la población negra en aquellos años de inicio del régimen llamado ya oficialmente “apartheid” – “separación” en afrikaans-. A pesar de ello muchos músicos no consideraban su música como denuncia o protesta social, sino como la descripción de su vida cotidiana marcada por la particular situación política del país. Miriam Makeba lo explicaba: “la gente dice que canto política, pero lo que canto no es política, es la realidad”. Seguramente, una de las canciones de protesta más conocidas de la década de 1950, fueron las cantadas por las mujeres en la campaña contra los pases, pasaportes que se crearon para que la población negra que desplazaron hacia los bantustanes y que ya no tenían nacionalidad sudafricana, pudiese ir a trabajar a las áreas reservadas para población blanca. Una de las más famosas fue popularizada en 1956, y decía: “Strydom, ahora que has tocado a las mujeres, has golpeado una roca, has desprendido una roca, y serás aplastado”, y otra que se hizo popular fue la compuesta por el activista político y músico, asesinado durante el régimen, Mini Vuyisile: que expresaba “¡He aquí los negros que avanzan, Verwoerd!. ¡Cuidado con los negros que avanzan!“. La masacre de Sharperville marcó década de los sesenta. El 21 de marzo de 1960 tuvo lugar en Sudáfrica la Masacre de Sharpeville. Ese día en la localidad de Sharpeville, en la provincia de Transvaal, la policía abrió fuego contra una manifestación pacífica de ciudadanos que protestaban contra la llamada "ley de pases". El resultado fue una de las peores matanzas de civiles perpetradas en el país, con 69 personas muertas y más de 400 heridas. La "ley de pases" era una de las medidas impuestas por el régimen racista blanco como parte de su política de apartheid (segregación racial). Según la misma todos los negros estaban obligados a llevar un documento que limitaba su acceso a las zonas reservadas a los blancos, anotándole si tenía o no permiso para movilizarse fuera de su lugar de residencia. Tras la matanza el gobierno declaró el estado de emergencia en toda Sudáfrica y se ilegalizaron todas las organizaciones politicas negras, entre ellas el Congreso Nacional Africano y el Congreso Pan Africano. En esa década de los 60, además, se encarceló a los líderes políticos de los movimientos sociales dejando a la población sacudida, y también diezmada a nivel creativo, ya que los grandes del jazz sudafricano se exiliaron: entre ellos el pianista Abdullah Ibrahim, Hugh Masekela, Chris McGregor, Kippie Moeketsie y Miriam Makeba, silenciando así a gran parte de la comunidad musical. Debido a ese nivel de represión, desde finales de 1960 y durante la década de 1970 se codifican las letras de las canciones para evitar la censura y las represalias por parte de la Dirección de Publicaciones, y de esta manera poder llegar a la población. Los conciertos, eran otra oportunidad en la que se podía hacer uso de la espontaneidad en las letras. Las canciones que homenajeaban a los diferentes colectivos sociales, eran más tarde adaptadas para la lucha. A partir de la matanza de Soweto en 1974, otras esferas del arte, como las artes visuales, despiertan y comienzan a tomar conciencia del uso del arte como reivindicación política y denuncia social. Este uso se estableció durante los años ochenta, considerada la década de “the people’s war”, en que los artistas utilizaban su arte como “arma de lucha”. La resistencia cultural era una herramienta de inmenso poder en aquel momento. Hubo varios artistas que se encararon directamente contra el gobierno, como fue el caso de Roger Lucey, arruinando de esta manera su carrera musical. La fusión entre músicos negros y blancos, que tocaban juntos a pesar de estar prohibido poniendo en riesgo su carrera comercial, fue otro hecho característico de aquella década. Como resultado de esa fusión musical tuvieron un nuevo impulso grupos como Sakhile, Bayete, Sabenza, Tananas y Savuka, así como otros grupos locales, que mezclaban diversos tipos de música. Como afirman algunos autores, esta fusión fue muy importante ya que, al igual que sus audiencias, los grupos de música rechazaban en su comportamiento y su compromiso, siglos de discriminación racial. El músico blanco Johnny Clegg (llamado el zulú blanco) y Sipho Mchunu, exploraron juntos la cultura zulú frente una audiencia que había aprendido que la interculturalidad estaba mal. El rol de los músicos dentro de la lucha del apartheid se formalizó mediante el South African Musicians Alliante (SAMA) en 1988, centrado en tres libertades básicas: libertad de asociación, libertad de expresión y libertad de movimiento, apoyando además a los artistas que querían salir al extranjero. La liberación de Nelson Mandela de la cárcel en 1990 fue también la inspiración musical del momento. Las canciones eran en su honor, pero también transmitían un sentimiento de esperanza generalizado de la sociedad sudafricana. Los artistas exiliados participaron en la creación de canciones para recoger fondos que iban a parar a las víctimas de la violencia del apartheid. Hoy en día, en cuestión de libertad de expresión, Sudáfrica en una aventajada en comparación con otros países africanos. Una clara muestra de ello es la ausencia de censura del Departamento de Películas y Publicaciones durante estos años de libertad. Ha adoptado este tipo de políticas de reconciliación nacional, para compensar las décadas, incluso siglos, en los que la sociedad sudafricana ha vivido de violencia y dolor. Sólo así, Sudáfrica está pudiendo pasar al siguiente capítulo de la historia, cuya banda sonora es la paz. Extraido de un articulo de Vanessa Anaya publicado en Wiriko.org un sitio dedicado a las artes y culturas africanas. Durante el programa se escuchan los siguientes temas: 01 - Mayibuye (coro del CNA) - Unzima Lomthwalo, 02 - Miriam Makeba - Ndodemny Ama (Beware, Verwoerd!).mp3 03 - Dorothy Masuka - MaGumede, 04 - Umoja - Meadownlands, 05 - Ewan Maccoll - The Ballad of Sharpeville, 06 - Jonas Gwangwa - Some mething inside so strong, 07 - Shona Malanga - With guests, 08 - Roger Lucey - Rewriting History, 09 - Mzwakhe Mbuli - Ngenxa Yothando, 10 - Johnny Clegg y Sipho Mchunu - Unkosibomvu - The Red King, 11 - Sipho Mabuse - Free South Africa, 12 - Miriam Makeba - N’Kosi Sikeleli Africa, 13 - Peter Gabriel - Biko, y 14 - Savuka con Johnny Clegg - Asimbonanga. Es una realización de Jorge Laraia.

Planeta Musical Sur
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