El director de orquesta Daniel Barenboim nació y vivió su infancia en Argentina. Creció en Israel, asistió a escuelas hebreas, y lleva un pasaporte israelí junto con su pasaporte argentino. Además, siempre se le ha considerado uno de los máximos exponentes culturales israelíes y durante años ha sido una figura central en la vida cultural de su país, aunque pasó la mayor parte de su adolescencia en Europa y EE UU. Su vida cosmopolita e iconoclasta ha sido fuente del enojo hacia él a raíz de un incidente: interpretar en Israel música de Richard Wagner.

10 de diciembre de 2009
| Duración: 59:02

El 7 de julio de 2001, Barenboim dirigió la Staatskapelle de Berlín en la interpretación de un fragmento de la ópera de Wagner Tristán e Isolda en el festival de Israel celebrado en Jerusalén. Parte del público estalló en griterío, siendo Barenboim tildado de pronazi y fascista por algunos de los presentes. La música de Wagner ha sido tabú en Israel por las teorías de Adolf Hitler sobre la pureza racial y la exterminación de los judíos, alimentadas en parte por los escritos antisemitas de Wagner, su compositor favorito. En la Alemania nazi, su música fue utilizada para la propaganda nazi, permanentemente difundida por los altoparlantes en los campos de concentración.Barenboim iba a interpretar el primer acto de La Walkiria con tres cantantes, entre los que se encontraba el tenor español Plácido Domingo. Sin embargo, las protestas de los supervivientes del holocausto y del gobierno israelí forzaron a la organización del festival a buscar un programa alternativo, a lo que Barenboim accedió aunque no sin mostrar su desacuerdo con la decisión. Así, finalizado el concierto, declaró que en el bis iba a interpretar una pieza de Wagner, invitando a aquellos de los presentes que tuvieran alguna objeción a abandonar la sala. con una ovación, pero una minoría expresó su desaprobación. Barenboim explicó en hebreo sus razones para interpretar la pieza y solicitó a los que protestaban que permitieran que la música se pudiera escuchar. Dijo que había decidido desafiar el tabú cuando en una conferencia de prensa a la que había asistido la semana anterior había escuchado un teléfono móvil con la melodía principal de La cabalgata de las walkirias, de Wagner: «Si está permitido escucharla en el timbre de un teléfono, ¿por qué no podemos interpretarla en una sala de conciertos?». Y en agosto de 2005, en el marco de una gira que comenzó en América Latina, Daniel Barenboim y la Orquesta del Diván de Oriente y Occidente, con el fin de hacer un llamado a la paz en el territorio que, para varias confesiones monoteístas, es Tierra Santa, interpretaron un concierto en Ramallah, la ciudad palestina ubicada en la margen izquierda del río Jordán, junto a Gaza, que ha sufrido continuamente los ataques y las represiones de los israelíes. La idea parecía descabellada e imposible : por un lado los israelíes nunca habían imaginado pisar territorio palestino y salir vivos de allí; por otro lado los palestinos temían el rechazo de las autoridades y del pueblo en general para la ejecución del concierto, además de que cabía la posibilidad de algún atentado. Era evidente que, entre la armonía y respeto en la orquesta, y la realización del concierto en un contexto bélico, se abría un abismo prácticamente infranqueable. Aun así Barenboim se dio a la tarea de hacer realidad este sueño… y lo logró. Refiriéndose a los problemas que enfrentó, afirmaba: “Créanme, la logística de este concierto merece que se escriba un libro sobre ella”. Hubo que dividir a la Orquesta en varios grupos y planear las escalas que cada grupo haría por la seguridad de cada uno, y sólo tuvieron oportunidad de hacer un único ensayo, previo al concierto, eso sí, vigilado por tropas provistas con armas semiautomáticas. Uno de los músicos se expresaba así al concluir el ensayo: “Es increíblemente emocionante estar aquí. Desde el primer momento la idea de la orquesta era tocar en los países árabes, espero que ahora desarrolle todo su potencial; y tengo la esperanza de que lleguemos a tocar en Israel. Hace falta un gran valor para que los israelíes vengan a Ramallah y vean finalmente la realidad de cómo viven los palestinos. Es un gesto muy poderoso y simbólico”.
Durante el programa se escuchan fragmentos de obras de Wagner, Mozart y Beethoven, dirigidas por Daniel Barenboim.
Los comentarios están basados en un articulo de Edgard Said, traducido por Gabriela Fonseca para el periódico La Jornada, y una crónica del concierto en Ramallah de la religiosa mexicana Sor Beatriz Alceda Pérez.
Es una realización de Jorge Laraia.

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