T
 
Sobre la frondosidad sonora del África Tropical

5 de abril de 2012. La música africana es el gran descubrimiento del fin del siglo XX en Occidente. Prácticamente agotada la creatividad de las fórmulas de buena parte del pop y del rock, mucha gente ha abierto los oídos a lo que se ha dado en llamar música étnica. Grandes productores europeos graban a las estrellas africanas, surgen sellos discográficos dedicados específicamente a estas músicas, y las cifras de ventas son más que respetables. Los sonidos y ritmos surgidos del corazón selvático y su costa atlántica, desde el Golfo de Guinea hasta los desiertos del sur, sus danzas y ritos, y el continuo ida y vuelta con las poblaciones hermanas de la otra orilla americana, han dado lugar a estilos modernos, llenos de vitalidad, que han resultado muy influyentes en la música actual.


Producción: Radio Calf-Universidad FM 103.7   |   Duración aproximada: 58:24

El país más poblado del continente, Nigeria, está habitado por tres troncos étnicos principales. Por un lado, los hausa del norte son musulmanes, emparentados con el pueblo shongai, y en la corte del emir utilizan la larga trompa kakakai y un violín de una cuerda, el goje. Los ibo, que viven al sureste, también usan la música en su faceta ceremonial, tienen flautas, liras y la cítara obo, y fueron permeables al high life venido de Ghana. Y entre los yoruba, que habitan en el sur y la capital, cabe destacar los dumdúm, una familia de tambores. Los cantos que llevaron los misioneros han derivado en el gospel local, y las fanfarrias de viento y los inmigrantes brasileños aportaron nuevas fusiones, todo estimulado porque Lagos posee un gran mercado musical propio. Con la suma de guitarras y percusiones yoruba nace el jujú, que alcanza su plenitud en los 80 con Ebenezer Obey y King Sunny Ade, que encontraron un público más grande fuera de Nigeria. En 1982 Ada firmó por Island Records, que esperaba explotar al sucesor del éxito de Bob Marley, y exportaron la música jùjú, vendiéndose más allá de las expectativas, en Europa y los Estados Unidos. Obey sacó al mercado Current Affairs, y se convirtió brevemente en estrella en el Reino Unido, pero no fue capaz de sostener su carrera internacional como si lo hizo Ade. El estilo de Ade, gracias a su renombre internacional, atrajo la atención de muchas empresas discográficas, ayudando a florecer a la industria musical. Camerún, habitado por 200 etnias y colonizado por portugueses, alemanes, ingleses y franceses, tiene un folklore variopinto: flautas mandara en las montañas, celebraciones banún en la sabana y el ritmo makossa, surgido a partir de cantos de niños y retomado por Manu Dibango, quien lo convirtió en soul makossa. Siendo saxofonista y prolífico creador, ha hecho rumba, salsa y colaborado con otros músicos africanos, y preceptor suyo es el compositor, musicólogo y artista Francis Bebey. El bikutsi es otro ritmo más frenético acompañado de xilófonos njang. Con él triunfaron Les Têtes Brulées. Como diva del canto tradicional, persisten Ann Marie N’Zié y un bajista y cantante excepcional, que es Richard Bona. Este también virtuoso compositor, estuvo en Buenos Aires para presentar su disco: “The Ten Shades of Blues”, con el que se aproxima de nuevo a una visión planetaria y humana de alegría, vitalidad, compromiso, y el espíritu presente de Africa e India, mas el color de los inicios del blues en America. En la República Centroafricana se destacan los “cantos para pensar”, historias susurradas con algún instrumento de cuerda. Mención aparte merecen los pigmeos del interior de la selva: los aka y efé en Centroáfrica, los bibayak en Gabón o los baka en Camerún. Sus polifonías constituyen una joya musical desconocida; niños que hacen jodel (una alternancia del canto agudo y bajo como los tiroleses) a diferentes voces simultaneas, acompañadas de palmas y algún tambor, que a su vez forman polirrítmos entrelazados. Cabe destacar que los cantos polifónicos de los pigmeos aka de Centroafrica, han sido incluidos en el Patrimonio Cultural inmaterial de la Humanidad, por la UNESCO. El corazón tropical lo habitan poblaciones bantú, que en la República Democrática del Congo componen 450 etnias. Esto supone una rica reserva cultural: tambores de troncos (verdaderas orquestas “de madera”), arcos de boca, dúos de likembes (el nombre de la danza en esta zona), y el elemento coral muy desarrollado, son tesoros a descubrir. Pero su aportación más actual es la rumba congoleña o sukús, elaborada en Kinshasha durante el siglo pasado. El continuo tráfico con la costa americana la hace permeable, desde principios de siglo, a los estilos de las Antillas, chachachá, son, bolero, y beguine, cuyos ritmos reconocen como propios. Los mezclan con los autóctonos maringa o kwasa-kwasa, y lo trasvasan a su lengua, el lingala, que resulta más onomatopéyica que el francés o el español. La rumba se convierte así, en el baile moderno de África. La explosión viene con la independencia y la sustitución del piano por guitarras eléctricas; y establecida como cantos que son respondidos por coros melosos (la estructura de son montuno), se va dividiendo en dos partes: una tranquila, y otra -la que verdaderamente llaman sukús- que se va acelerando con fraseos continuos de guitarra, en un frenesí rítmico. En la otra República del Congo (Brazzaville) participaron asimismo del sukús Les Bantous de la Capital, con Papá Noel a la cabeza, mientras que Wendo Kolosoy se mantiene como uno de los pioneros de la rumba tranquila. Hace unos años se creó un grupo de percusiones que añade una batería logrando un efecto apabullante: Les tambours de Brazza, mientras que varios artistas participan en el colectivo de rap Biso na Biso. En Gabón predominan los fang y entre una multitud de instrumentos de arco, sonajas y percusiones, se destacan los troncos ahuecados que se emplean para transmitir mensajes; además son populares el acordeón y la guitarra. Por otro lado, frente a la popularizada rumba, Pierre Akendengue se mantiene como estudioso y divulgador de las tradiciones del país. Considerado uno de los patriarcas de la música africana, y con varias décadas de carrera en su haber, ha abierto un camino para generaciones enteras de músicos, desde el Congo hasta Senegal. De la Guinea Ecuatorial y su cultura nadie se había acordado hasta 1997 cuando Manuel Domínguez y su editora Nube Negra grabó a intérpretes tanto en el país como inmigrados a Europa. La mayoría son bubis de la isla de Bioko, situada a 32 km de la costa. Algunos que han trascendido internacionalmente, son Malabo Street Band, con fusiones más modernas, y la cantante Muana Seipi. Por su parte, Barón Ya Buk-Lu es el único fang procedente de la zona continental. Pero las más conocidas son Las Hijas del Sol, un dúo femenino de impactantes juegos vocales. Sus integrantes, Piruchi Apo y Paloma Loribo, tía y sobrina, respectivamente- fueron pioneras en la comercialización de los sonidos guineanos con su disco de debut, Sibeba (Nube Negra, 1995). Angola, que se independizó en 1975 y vivió 20 años de guerra, sufre la disgregación de su población entre víctimas y exiliados. De Luanda, la capital, son ritmos como la semba, influenciada por la samba brasileña, o la coladera, con elementos del fado y la salsa. Pioneros desde los 60 fueron la Orquestra Os jovens do Prenda, nutrida banda con trompetas y marimbas. Una reunión de viejas y nuevas glorias ha configurado la Banda Maravilha. Sobrevive la capoeira, esa danza acrobática que resulta ser más angoleña que brasileña, y el berimbau que la acompaña, arco percutible que no es amazónico, sino uno de los más característicos del África Central, que allí se llama ungo. Por otro lado, Waldemar Bastos desarrolla su carrera entre París y Brasil, con su poesía dolorosa y su voz melancólica, mientras que Bonga es otro cantante, algo más rítmico. Y un olvidado país es Sao Tomé y Príncipe, dos islas frente a Gabón, que los portugueses repoblaron con deportados, aventureros y esclavos, dando lugar a una población mestiza cuyo estrato cultural más importante es su teatro popular y la danza-congo, ambos anclados en relatos del siglo XVI, que escenifican con vestuarios pseudo-históricos, y exagerados en sus colores y elementos. De sus músicos, uno que se destacó fue Camilo Domingos. Hizo su debut en el mercado discográfico con su álbum “Morena” en 1991, llegando a publicar once trabajos más. Comentarios básicamente extraídos de un artículo de Enrique García publicado en la Revista Pueblos, y otro de Ricardo Aguilera para El Mundo.es mientras que a lo largo del programa escuchamos a los siguientes intérpretes del Africa tropical: Les Ballets Africans, King Sunny Ade, Fela Kuti y Africa 70, Richard Bona, Koffi Olomide, Konono Nº1, Pierre Akendengue, Hijas del sol, Bonga, Camilo Domingos, y Mbilia Bell. Es una realización de Jorge Laraia.

Planeta Musical Sur
Radio Universidad Calf FM 103.7 en la ciudad de Neuquén, Rep. Argentina. es una radio comunitaria, sin fines de lucro, propiedad de CALF Cooperativa Provincial de Servicios Públicos y Comunitarios de Neuquén, y de la Universidad Nacional del Comahue. Su programación general está orientada a la buena música, y a las noticias, principalmente del ámbito local y regional, con un marcado sentido social y popular. En el marco de dicha programación, desde el año 2003 Planeta Musical Sur se emite todos los sábados de 19 a 20 horas, y está dedicado a difundir la música de los diversos países del mundo, exceptuando generalmente a los anglosajones. Los temas musicales son acompañados por comentarios sobre (...) Ver más
Esta web es un proyecto de la Unión de Radios Libres y Comunitarias de Madrid (URCM) www.urcm.net