
Dicen que un pueblo sin memoria no tiene derecho al futuro, también se dice que un pueblo sin canciones es un pueblo sin alma. Todas las canciones del presente programa evocan a personas de un (…)
El jazz, en la actualidad, se ha convertido en una maquinaria de relojería que, además de entre otras muchas funciones, se encarga de transformar músicas tradicionales y regionales en una música culta y selecta para una audiencia especializada, sin importar la localización de la fuente de inspiración. Nacido en Beirut, la capital del Líbano, el músico Rabih Abou-Khalil es uno de estos alquimistas. Y seguro que cuando lo escuchemos puede surgir como pregunta: ¿Qué es lo que ocurre en este proceso de transformación? ¿Podemos definir qué se pierde y qué se gana en esta destilación?
Rabih Abou-Khalil es un músico con formación clásica, como que ha colaborado con grupos como el Kronos Quartet, pero que recupera sus raíces árabes. El resultado es una fusión de la música tradicional árabe y las técnicas de improvisación y la libertad melódica del jazz. Aun cuando Abou-Khalil busca siempre una perspectiva individual, sin ajustarse a ningún patrón establecido, los perfiles estéticos de su obra reflejan, no obstante, la cultura musical árabe. Para muchos artistas, en una era de creciente intercambio cultural en el ámbito global, el efecto estimulante sobre la comunicación, ejercido por las varias facetas del llamado multiculturalismo, unido al atractivo de lo otro, se ha convertido en parte de la rutina diaria de «platos exóticos». Esta circunstancia ha permitido crear cierta imagen de lo que se considera «típicamente» oriental, francés o americano —blanco o negro— hasta llegar a extremos de devaluación absurdos. Sin embargo, como la música de Rabih Abou-Khalil pone de manifiesto, salvar las diferencias a veces abismales entre tradiciones culturales homogéneas no significa necesariamente caer en un eclecticismo superficial: en ocasiones representa tanto la posibilidad de un encuentro genuino como la oportunidad de evaluar la propia capacidad de juzgar.
El músico y compositor Rabih Abou-Khalil nació en Beirut, estudió la música árabe y oriental en la Academia de las Artes de Beirut y creció en el ambiente cosmopolita del Beirut de los años sesenta y setenta. De niño aprendió a tocar el oud, el laúd árabe, ese antepasado del laúd europeo y que extrae su origen de la palabra árabe al’ oud, un laúd de caña corta que en el mundo árabe es instrumento de composición y que goza de la misma popularidad que el piano o la guitarra tienen en Occidente. La cruenta guerra civil que se desató en el Líbano forzó a Abou-Khalil a abandonar su país natal en 1978, para trasladarse a Alemania, done estudió flauta clásica en la Academia de Música de Munich. Esta preocupación por la tradición clásica europea lo preparó para apreciar también la música árabe tradicional desde una perspectiva teórica, y abrió sus ojos a la posibilidad de trabajar simultáneamente dentro de sistemas musicales diversos. De cualquier manera, su instrumento principal continuó siendo sin embargo el Oud, cuyos sonidos comenzara a explorar desde la edad de cinco años.
El escritor inglés y crítico musical especializado en jazz, Geoff Dyer escribió con respecto a Rabih Abou-Khalil: "Rabih Abou-Khalil no experimenta, busca. Es una investigación impulsada por el ritmo y alimentada por la tradición. O más exactamente por varias tradiciones: la música árabe, el Jazz y el Blues. Es por decirlo así una música que busca hacia adelante pero que también, completamente, se empapa del pasado. Pretende reconciliar el Este y el Occidente."
Es una realización de Jorge Laraia.