Para los francohablantes de América, todo comenzó el día 3 de julio de 1608. Cuando Samuel de Champlain decidió instalarse en Kebec, “lugar donde el río se estrecha ”, este francés no hubiera podido imaginarse que estaba marcando el inicio de la gran aventura francesa allende el Atlántico, ya que todos los intentos de colonización hechos hasta entonces habían resultado vanos. Cuatro siglos más tarde y orgullosa de su historia, Québec celebra lo que ha llegado a ser: una gran ciudad, y a la vez, una de las ciudades más antiguas en América del Norte.

10 de julio de 2008
| Duración: 55:32

Los actos por los 400 años incluyeron un espectáculo de fuegos artificiales que se anunció como el mayor en la historia de Canadá, exactamente a la medianoche del 3 de julio en el St. Lawrence, y un concierto gratuito al aire libre para 100,000 personas el 22 de agosto en el mayor parque de la ciudad, Los Llanos de Abraham, encabezado por la superestrella franco-canadiense Celine Dion. Hoy, la ciudad de Québec, capital de la provincia del mismo nombre, sigue rodeada de muros fortificados que datan de los siglos XVIII y XIV, con cañones emplazados en los baluartes, esos salientes en las murallas defensivas. La UNESCO declaró el lugar Patrimonio de la Humanidad en 1985 como buen ejemplo de "ciudad colonial fortificada" y "la única ciudad de América del norte que preservó sus baluartes, además de sus numerosos bastiones, portones y obras defensivas". Las callejuelas de la ciudad vieja están dominadas por el Chateau Frontenac, que luce como un castillo medieval con torres de piedra y techos a dos aguas, construido a fines del s.XIX cerca de donde se erigió en 1620 el fuerte Champlain, más adelante mansión del gobernador, y lugar donde hoy, se están haciendo excavaciones arqueológicas. Quebec, sin dudas, es una isla francófona en un océano de habla inglesa. Sus mas de 7 millones de habitantes constituyen el 25% de la población de Canadá, pero sólo el 2% de los habitantes de América del Norte, y, pese a eso, esta comunidad lleva 400 años manteniendo ininterrumpidamente su lengua y su cultura. Todo invita a pensar que seguirán resistiendo, puesto que nunca en su historia han contado con los medios para la supervivencia cultural de que disponen ahora. El Estatuto de la Lengua Francesa, más conocido como la ley 101, aprobada en 1977 en medio de una agria polémica, garantiza la consagración efectiva del francés como única lengua oficial de la provincia. Y la comunidad anglófona quebequesa, que ha quedado reducida al 9% de la población, da pruebas crecientes de su compromiso con la lengua, al igual que la mayoría de los inmigrantes. A la invasión de las televisiones y medios de comunicación estadounidenses -el 80% de los canadienses vive junto a la frontera de EE UU, en la franja más templada de menos de cien kilómetros de amplitud-, los quebequeses oponen sus propios medios públicos de comunicación con el aporte añadido de las televisiones francesas, a las que se conecta regularmente la mitad de la población. Aunque el panorama diste mucho del ideal que reclaman los soberanistas, el Gobierno Federal de Canadá trata de cumplir con la proclamada cooficialidad del inglés y del francés asegurando la enseñanza y la comunicación oficial en esta última lengua a los núcleos francófonos, un millón de personas, asentados fuera de Quebec. Para el visitante que aprecia un aire europeo, familiar, en la arquitectura y en el ambiente que se respira en las calles, que agradece la buena gastronomía de inspiración francesa, hay algo de anacrónico en la leyenda "Je me souviens" (Yo recuerdo), inscrita obligatoriamente en las matrículas de los coches. Uno se pregunta de qué se acuerda esa familia de rasgos asiáticos que acaba de estacionar su coche en el Viejo Montreal, uno de esos barrios que muestran la diversidad social y cultural de la geografía humana quebequesa. "Pues no lo sé, y, si le digo la verdad, tampoco me interesa", responde un taxista de origen antillano. "Es una manera de decir que no olvidamos nuestros orígenes, nuestra cultura", contestan invariablemente otros quebequeses. Y es la respuesta políticamente correcta, porque en el fondo de la leyenda late el recuerdo agraviado y doloroso de la derrota francesa en los Llanos de Abraham, una batalla de apenas 20 minutos que se libró en 1759 a las puertas de la capital nacional Quebec, del mismo nombre que la provincia, donde se asientan el Gobierno y el Parlamento provincial. El general francés defensor de la plaza murió en la refriega, pero también el británico que mandaba las tropas imperiales, y ése es un gesto que ha producido efectos balsámicos, conciliadores, en la historia de la herida quebequesa.
En el programa se escuchan interpretaciones de los siguientes músicos quebequeses: Felix Leclerc, Gilles Vigneault, Richard Séguin, Les Respectables, La Bottine Souriante, Chloé Sainte-Marie, Raoul Duguay, Les Batinses, Claire Pelletier y La Bolduc, mientras que varios de los comentarios fueron extraidos de un artículo que José Luis Barbería escribió para el diario español El País .
Es una realización de Jorge Laraia.

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