
Y en este último programa de la temporada les propongo conocer y compartir la acción de Calabriasona, un proyecto creado hace muy poco tiempo, dedicado a revitalizar y a difundir la música (…)
Grupos y músicos de varios países latinoamericanos, que hace pocos días se presentaron en Colombia, en San Juan de Pasto, la ciudad sorpresa, invitados a participar de las celebraciones del Carnaval de Negros y Blancos que se realiza allí, a principios de cada año.
Este acontecimiento es una de las tradiciones populares colombianas más ricas en manifestaciones artísticas, donde las distintas etnias se expresan a través de una fiesta en la que, además de música y danza, sobresale la maestría de los artesanos quienes se encargan de elaborar inmensas carrozas, que representan el realismo mágico de las leyendas populares, la irreverente burla a los personajes de la cotidianidad, o simplemente la fantasía e imaginación artística.
San Juan de Pasto es la capital del departamento de Nariño, localizado en el extremo suroccidental de Colombia, y limita al sur con el Ecuador, y al oeste con el océano Pacífico. La ciudad, que fue fundada por los conquistadores españoles en 1539 con el nombre de Villaviciosa o San Juan de Pasto, posee una altura de casi 2.600 metros sobre el nivel del mar y una temperatura media de 14 grados. Hoy tiene proximadamente 400.000 habitantes, quienes en el sector urbano dependen del comercio, los servicios y la industria, destacándose el procesamiento de alimentos y las artesanías. Los antiguos habitantes de estos territorios eran los señores de la luna: los Quillacingas, vecinos de los Pastos, herederos de influencias legendarias y habilidosos guerreros que lograron detener la expansión imperial de los Incas, los poderosos hijos del sol. De los Quillacingas debió quedar la sensibilidad, la paciencia, la capacidad para tallar maderas y redescubrir las formas de las piedras y del barro y, seguramente, quedaron los vestigios de rituales y celebraciones impregnadas del espíritu andino y de la vivacidad de los colores y los ritmos. Es una ciudad donde se siente la presencia del pasado, mostrando un contraste arquitectónico sin igual con edificaciones de la época republicana y casas modernas. Esta bella población se caracteriza por sus hermosos paisajes, sus reservas naturales y posee numerosos centros culturales, pero en el aspecto cultural, la ciudad está impregnada principalmente, por el carnaval de negros y blancos. Parece que las celebraciones de negros se iniciaron desde finales del Siglo XIX y que el primer carnaval se efectuó en 1927, precedido por mascaradas, desfiles de vecinos y jolgorios estudiantiles que venían celebrándose desde años anteriores. El carnaval fue el espacio que inventaron los pastusos para transgredir el olvido y condensar la fuerza del juego y de la fiesta a través de una tradición donde se destacan los torrentes de la memoria mestiza. Con razón, la misma historiadora afirma que en el rito carnavalesco se ocasiona el "abrazo único de la sangre, la memoria y el tiempo". Es enorme la sabiduría pastusa y profunda la sensación de vértigo en el festejo: porque es encuentro con las fuentes de identidad y con la capacidad de fabular, de soñar y de sentir sin involucrar las fuerzas destructivas que caracterizan el pulso arrebatado de la historia nacional. Uno de los rasgos distintivos del carnaval de Pasto es que disminuye la violencia e intensifica los niveles de comunicación, desvaneciendo las diferencias raciales, sociales y políticas; conjugando la emoción de los sentidos con la exaltación de la imaginería popular. Estamos hablando de un carnaval que no produce cifras fatales y que logra incrementar los índices de alegría y tolerancia, entre propios y foráneos. En una palabra ,es una fiesta de puestas abiertas, donde las clases sociales se rompen, la autoridad la asume la cultura y la fiesta se extiende hasta bien entrada la madrugada, cuando los ciudadanos retornan a sus hogares, añorando que pasen 365 días para otro Carnaval, igual o mejor que el que han tenido la oportunidad de disfrutar. Lo cierto es, que el Carnaval de Negros y Blancos, declarado Patrimonio Cultural de la Nación, se ha convertido en el siglo XXI en una terapia individual y social que libera a la población del peso de lo cotidiano y rompe las reglas establecidas, al punto de expresar una variedad de sentimientos, de amistad, de perdón y de amor.
Es una realización de Jorge Laraia.