
Y en este último programa de la temporada les propongo conocer y compartir la acción de Calabriasona, un proyecto creado hace muy poco tiempo, dedicado a revitalizar y a difundir la música (…)
Marrakech es una de las más prestigiosas y emblemáticas capitales del antiguo imperio marroquí. Situada al sur de Marruecos, es la ciudad de las mil y una noches, un lugar mítico y místico, un punto de encuentro para exploradores de sensaciones insólitas y deslumbrantes, un lugar de olores y sabores, de culturas y de sonidos, y entre ellos, la música gnawa. Como la que interpretan el grupo Nass Marrakech y Abdeljalil Kodssi.
Fundada en el siglo XI por Youssef Ibn Tachfin, un jefe de los Almorávides, durante siglos Marrakech se convirtió en una residencia lujosa, una ciudad majestuosa y brillante, tanto que llegó a ser llamada “La perla del Sur”. El primer nombre de la ciudad fue Marroukech ("vete deprisa")... aunque hoy en día muchos visitantes se quedarían para siempre allí, entre sus zocos y sombreadas callejuelas bebiendo té con hierbabuena, escuchando a sus músicos, escritores, encantadores de serpientes, echadores de la buenaventura, vendedores de bebidas o saltimbanquis en la famosa, exótica y frenética Plaza Jemaa el Fna. Caminar por Marrakesh significa, además de kasbas, medinas, zocos y paisajes maravillosos, contactar con la música autóctona de una forma casi involuntaria. Moverse por las calles de cualquiera de sus medinas implica escuchar un sinfín de variados y curiosos sonidos entre los que destaca la música, normalmente emitida desde precarios aparatos. Por suerte los marroquíes gustan de su gran variedad de músicas autóctonas y las prefieren a la música de corte anglosajona que en otros países parece omnipresente.
Si la música que escuchamos por las calles no es marroquí seguro que es libanesa, egipcia o de cualquier otro país árabe. Marruecos es un país con una cultura musical viva y riquísima. Prácticamente cada región tiene su forma de hacer música, formando así un mosaico de estilos muy variados. Como ejemplos, se puede mencionar a la música andalusí, que normalmente se asocia al norte de Marruecos, dónde todavía hoy se vive una gran identificación con la cultura de Al Ándalus, y la música bereber, que se localiza en la zona del Rif, en el valle del Souss y en el Atlas. Completamente distinta a la música árabo-andaluza, la música bereber tiene una tradición antiquísima que se remonta a la época anterior a la conquista árabe. Otros estilos que se pueden escuchar en Marrakech son el chaábi, que es la música popular, la que se puede escuchar en bodas, bautismos, cafés y zocos de todo Marruecos, porque es la más llana y cercana al pueblo, la música sufí, que aunque el sufismo se asocia normalmente con el Islam del Próximo Oriente, en Marruecos y el Magreb la rama mística del Islam tiene una importancia considerable, y el räi, quizás la música magrebí más conocida actualmente. Pero hoy nos estamos dedicando a la música gnawa. Los gnawa practican una música de origen subsahariano ya que son descendientes de esclavos que fueron traídos a Marruecos desde Sudán, Guinea y otros países africanos. Forman hermandades religiosas y practican las lilas, ceremonias de trance con fines curativos. Los instrumentos principales son el sentir (especie de bajo acústico), las cárcabas, unas castañuelas de metal, y el tabal, con los que se crean ritmos trepidantes. Y algunos de los mejores maâlem (maestros) se encuentran en Marrakech, como también en Essaouira y Tánger. Actualmente el gnaua ha traspasado el umbral del ritual terapéutico y se está fusionando con otras músicas.
Es una realización de Jorge Laraia.