Se dice que en el mundo el dialecto napolitano es más conocido que la lengua italiana, y no habría porqué asombrarse: se sabe que la música es un lenguaje universal y las palabras que la acompañan se recuerdan fácilmente. Y las canciones napolitanas son conocidas en todo el mundo. ¿Quién no ha escuchado o tarareado alguna vez "ìO sole mio"?. No obstante, esta difusión del dialecto napolitano esconde otra verdad: el napolitano no es un dialecto, es un idioma propiamente dicho, que distingue y representa una cultura autónoma, formada y consolidada en el curso de los siglos. En síntesis, Nápoles es historia por sí misma.

23 de octubre de 2008
| Duración: 58:39

Según una cierta teoría nunca formulada oficialmente, Europa estaría dividida por un eje que la atravesaría de Este a Oeste y que vendría a coincidir con el paralelo 43. Este paralelo, que corta por los Pirineos, establecería la frontera entre lo que podríamos considerar la Europa septentrional y la meridional. Se trata de un modo ocurrente de dar una explicación "empírica" al hecho indudable de que se asemejan más, en el carácter, un español y un griego -ambos meridionales- que, por ejemplo, un español y un francés, a pesar de la disparidad en las distancias. Se podría afinar más: un napolitano y un manchego tienen más similitudes que un napolitano y un milanés, y es que ciudades como Milán o Florencia quedan al norte del mencionado paralelo, que en el país italiano corta a la altura de la ciudad de Ancona. A pesar de lo que tiene de graciosa esta afirmación, no deja de ser cierto que todo aquel meridional que recorre Italia y llega a Nápoles siente, quizá por primera y única vez en su viaje, que está en casa. Dicen que de un lustro a esta parte la ciudad ha cambiando notablemente y que lo que antes representaba Nápoles se encuentra hoy, sobre todo, en Palermo, la principal ciudad de Sicilia. Pero es cierto sólo a medias, porque a Palermo le falta el bullicio de esta ciudad superpoblada. Aun así, uno puede preguntarse qué es lo que caracteriza a Nápoles. Por supuesto son muchos los factores, pero todos ellos cabría resumirlos en una sola idea: Nápoles se niega a ser "europeizada", en el mal sentido de la palabra, ya que tiene un temor legítimo: el de que se anule la propia idiosincrasia, contra lo que se rebelan ciudades de tradiciones arraigadas, como Lisboa o Nápoles, por otro lado europeas y cosmopolitas. Si en algo fascinan estas dos ciudades es precisamente en que en ellas vive, más que en ninguna otra gran ciudad latina, un mundo propio y tradicional, tan genuino que no se desvanece, pero que al mismo tiempo abre sus puertas a la modernidad y la recibe sin complejos. Algunos napolitanos, sin embargo, temen que su modo de vida más propio se lo roben los políticos a base de decretos. Y no es de extrañar si se tienen en cuenta las ideas del presidente Berlusconi para convertir el país en una gran multinacional, objetivo para el que no dudó en aliarse con el neofascista Bossi, que sin pelos en la lengua considera a napolitanos, sicilianos y meridionales en general ("terroni", es la designación despectiva) poco menos que seres humano de segunda clase, por mucho que su amantísima esposa sea ella misma siciliana. Y la ciudad cambia, y en muchos aspectos es para mejor, por muchas quejas que se oigan. La Plaza del Gesù, estandarte de las noches de algarabía y peligros de otrora, es hoy una plaza apacible y tranquila; la basura se almacena en contenedores, aunque todavía se encuentran bolsas acumuladas o desperdigadas, y en los barrios cercanos a la estación central de trenes subsiste el hábito de lanzarlas despreocupadamente a la calle desde las ventanas con el breve aviso de un grito rutinario. También, se ha intentado mejorar el tráfico en la medida de lo posible y se multa con frecuencia a quien estacione de cualquier modo. Desde este año, como en el resto del país, ya no se permite fumar en ningún comercio donde se sirva comida, y esto tiene indignada a gran parte de la población. Y se quejan, claro, pero no se quejan tanto por los cambios concretos, sino por el miedo de que aquellos que dictan las normativas olviden un día, entre tanta legislación, que Nápoles no debe dejar de ser nunca una ciudad del sur del paralelo 43.
Los comentarios están extraidos de un artículo del español Santiago Fernández para la revista cultural de la internet hispana Babab.com, mientras que a lo largo del programa se escuchan temas interpretados por Almanegretta, Daniele Sepe, Eugenio Bennato, Pietra Montecorvino,
Nuova Compagnia di Canto Popolare, Teresa de Sio, Roberto Murolo & Fabrizio De Andrè, Squallor, Enzo Avitabile & Bottari y Renzo Arbore & L’Orchestra Italiana.
Es una realización de Jorge Laraia.

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