
Y en este último programa de la temporada les propongo conocer y compartir la acción de Calabriasona, un proyecto creado hace muy poco tiempo, dedicado a revitalizar y a difundir la música (…)
Para crear este disco singular, la percusionista francesa Michèle Claude se basó fundamentalmente en aplicar ritmos típicos de la música árabe a diferentes moaxajas, en el que se mezclan instrumentos, armonías, melodías y procedimientos orientales y occidentales, antiguos y modernos. Con un conjunto al que ha llamado Ensemble Aromates y en el que se encuentran desde flautas traveseras a violines, contrabajos, violas, espinetas o salterios, Claude parece querer repetir el viaje de Ziryab, pero a la inversa, traspasando toda la experiencia de los músicos actuales de formación clásica, bien curtidos en el repertorio barroco y renacentista, al imaginario artístico de un maestro iraquí-andalusí del siglo IX.
La música arabo-andalusí es un arte que se afirmó en su momento, a la vez contra el clasicismo del Oriente musulmán y contra el canto gregoriano que triunfaba en la Iglesia católica de Occidente. En ambos casos, estas músicas desempeñaban un papel político, ya que en el Imperio de Occidente, heredero del Imperio Romano y de sus jerarquías, constituía uno de los elementos aglutinantes y autoritarios del poder gracias a la unificación religiosa alrededor de un clero dominador y absolutista; y en el Califato, del cual Harun al Rashid fue la ilustración más llamativa y menos devota, era un elemento decorativo y prestigioso, también, del poder.
Al contrario, en Al-Andalus, el arte musical gozó de una autonomía muy grande y se humanizó, distanciándose a la vez del canto gregoriano y de la música árabe. Menos atada a las exigencias didácticas y a las presiones del poder, la música siguió una trayectoria en donde la melodía fue tomando la delantera al texto, portador, sin equívocos, del mensaje. La expresión de sentimientos personales la arrastró por encima de la transcendencia de formas abstractas ajenas al pueblo.
En el año 822 de nuestra era, Abu al-Hasan Ali ben Nafi, músico nacido en la actual Iraq y conocido como Ziryab, llegó a Córdoba huyendo de los peligrosos celos artísticos que le había mostrado en Bagdad su maestro. Tenía por entonces 33 años y en la ciudad que pronto iba a ser sede califal, vivió hasta su muerte, ocurrida hacia el 857. Con su presencia, la música autóctona, que era ya una mezcla de tradiciones orientales, norteafricanas y locales, se vio radicalmente transformada. Un sucesor de Ziryab, el poeta ciego Muqadamm ben Mu’safà, inventó o, al menos hizo popular en la corte cordobesa a principios del siglo X, la moaxaja, una de las formas sobre las que se asentaría luego, toda la lírica medieval románica.
Y no sólo la música, sino que la literatura también comparte el interés por Ziryab en un libro que invita al lector a trasladarse al esplendor de la Córdoba Omeya. El escritor español Jesús Graus da forma en “Ziryab y el despertar de Al-Ándalus”, a una novela histórica que transita sobre el reinado de Abderrahmán II de la mano del músico árabe que da nombre a la obra. En su libro lo muestra como el primero que abrió Al-Ándalus a la corte de Bagdad, que absorbía todo el conocimiento de la Grecia antigua y que transformó una corte "aún medieval y oscura" en el reino de los placeres. Considerado por los historiadores occidentales como el Petronio de la España musulmana, Ziryab introdujo además el refinamiento "propio de un esteta", asegura su autor. Así, fundó una casa de belleza con las tendencias del peinado masculino y femenino, enseñó a la elite de Al-Ándalus el arte de ornamentar los platos, además de novedades culinarias como los dulces árabes, las albóndigas de carne y el uso de productos depilatorios o dentífricos, hasta entonces desconocidos en el reino. Y cuando Ziryab ve que el sultán aún bebe el vino en vaso de oro le aconseja que lo haga en copas de vidro. Desde entonces, se empezaron a importar y a fabricar en la zona.
El disco "Jardin de Mirtos - Melodías andalusís de Medio Oriente" fue publicado por la cía. francesa Alpha en el año 2005.
Es una realización de Jorge Laraia.