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Miles Davis y la banda sonora de la película "Ascensor para el cadalso"

22 de agosto de 2013. Cuando un disco se convierte en leyenda, todo lo que se diga sobre él puede sonar redundante. Con la grabación que Miles Davis hizo para la banda sonora de Ascensor para el cadalso, la famosa película del director francés Louis Malle, ocurre algo parecido. Nunca una música se había asociado a un largometraje de esta manera. Jamás la leyenda de un filme se había construido tanto alrededor de su banda sonora. A estas alturas, muchos deben ya conocer la historia, aunque creo que vale la pena recordarla, de cómo Miles y sus músicos ”improvisaron” la banda sonora completa de la película durante una única sesión que duró ocho horas.



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Producción: Radio Calf-Universidad FM 103.7   |   Duración aproximada: 58:29

Si hay alguien sin el que la historia del jazz no hubiera sido la misma, ese es Miles Davis, trompetista y compositor. Davis es, junto a Louis Armstrong y Charlie Parker, uno de los hombres fundamentales de la historia de este estilo musical, aunque él, en la última etapa de su vida, no se quiso encasillar en ningún estilo. "Yo no hago rock ni jazz porque ambas son definiciones blancas; decía, “yo hago música negra y la hago según el día en que vivo, sin alienarme con reminiscencias pretéritas". Su época dorada fueron los 50, superadas ya sus adicciones. En los 60 consiguió una nominación para los Grammy como mejor intérprete de jazz. En la etapa final de su vida estuvo apartado de la escena musical por su recaída con las drogas y un grave accidente, aunque tuvo un momento de brillante resurgimiento en la década de los 80. Davis falleció en 1991 en Santa Mónica víctima de de una neumonía, dificultades respiratorias y un ataque apopléjico. Sus restos mortales reposan en el Woodlawn Cemetery del barrio del Bronx, en Nueva York. En 1949, París le había demostrado a Miles Davis la estrella que era. Nada más cruzar el Atlántico descubrió que en Europa, en París, no era un músico negro (en el sentido peyorativo) sino una estrella llegada de otro universo. Intelectuales como Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir le abrieron los brazos, Boris Vian le mostró los garitos y la mala vida, y Juliette Gréco, la mujer de Vian, se enamoró de él. Y fue gracias a ella que Miles conoció a Louis Malle. El director francés apenas había co-dirigido una película antes, un documental nada más y nada menos que con Jacques Cousteau. Su opera prima como director, Ascensor para el cadalso es la adaptación de una novela de Noël Calef sobre una pareja de amantes que decide salir de la clandestinidad de su relación asesinando al marido de ella, jefe de él. Casi acabado el rodaje, un joven Jean-Paul Rappenau (director entre otras cosas del Cyrano de Bergerac de 1990, aficionado al jazz y amigo de Louis Malle) le propuso contratar a Miles Davis, que estaba esos días en París. Louis Malle proyectó a Miles Davis la película sin banda sonora y éste, dándose la coincidencia de que la mayoría de los conciertos habían sido suspendidos, se comprometió con la condición de tener un piano y un proyector en su habitación del hotel. Dos semanas después, con unas partituras esbozadas bajo el brazo, se reunió con los músicos del cuarteto de René Urtreger (Urtreger al piano, Barney Wilen al saxo tenor, Pierre Michelot al contrabajo y el baterista Kenny Clarke), en el estudio Poste Parisien, un edificio lúgubre y oscuro, muy acorde con el ambiente de la película. Era la noche del 4 al 5 de diciembre de 1957. Las escenas que precisaban de banda sonora habían sido montadas en continuo para ser visionadas las veces que fueran necesarias, y los músicos comenzaron a improvisar sobre la partitura con el alma puesta en la pantalla. Según un texto de Boris Vian, que estuvo presente en la sesión, la mismísima Jeanne Moreau había preparado un minibar para atender a los músicos durante la grabación. “La grabación se realizó en el estudio Poste Parisien en una atmósfera muy relajada. Allí estaba Jeanne Moreau, la protagonista de la película, que de manera encantadora atendía a los músicos y técnicos en un bar improvisado en el estudio. También estaban presentes los productores y técnicos y Louis Malle, en tirantes, que intentaba sacar de Miles Davis todo lo que deseaba añadirle a la imagen. Los músicos, totalmente relajados, veían pasar en la pantalla las principales escenas de la película, y situados así en el ambiente, se lanzaban a improvisar a medida que transcurría la proyección. Sobre esta sesión de grabación comentaría el también músico de jazz, además de novelista, dramaturgo y poeta francés Boris Vian que “No hay duda de que el oyente, incluso privado de las imágenes, será sensible al clima hechizante y trágico creado por el gran músico negro, sostenido admirablemente por sus compañeros de equipo". La pena de esta historia es que el quinteto sólo existió para esta grabación y para los dos conciertos para los que habían sido contratados, uno en el Olympia de París y otro en Amsterdam. Es de señalar, en la toma Cena en el motel, la extraña sonoridad de la trompeta de Miles. En un momento determinado, un trozo de fragmento de piel se despegó de su labio para ir a colocarse en la boquilla. De igual manera que los pintores deben a veces al azar la calidad plástica de sus tonos, Miles aceptó con agrado este nuevo elemento " inaudito" en el sentido literal de la palabra, jamás oído. El resultado de la película es impactante. Lejos de los estereotipos del cine negro norteamericano (del que es evidente que bebe), el cine negro francés es más humano, menos superficial, y la narración suele ser más emocional. Importan más las pasiones y las debilidades humanas, emociones que resalta la lacónica trompeta de Miles de una forma espeluznante: ese lado oscuro del espíritu humano, la urgencia de una pasión ilegal, la traición (Julien, personificado por Maurice Ronet, pretende matar a su jefe, aunque él es su mano derecha), y en especial en esa escena tan celebrada en la que Florence (interpretada por Jeanne Moreau) deambula por los barrios bajos (barrios filmados en blanco y negro) preguntando a viejos conocidos por el amante que la ha dejado plantada, mientras la trompeta de Miles va dejando notas de una inquietante incertidumbre en el aire... Comentarios basados en una nota de Félix Amador-Gálvez publicada en jazzeseruido.blogspot.com.ar, mientras que la edición original de este disco fue realizada por Universal Music de Francia en el año 1958, y un año después Columbia/Legacy publicaría el disco Kind of Blue con el que iniciamos el programa. Es una realización de Jorge Laraia.

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