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Migrantes-Afgan@s en Bruselas. El Cie desde dentro.

15 de noviembre de 2013. Hablamos con Laura Cano, periodista de la radio asociativa Radio Alma(Bruselas). Esta siguiendo de cerca el caso de 150 refugiad@s afgan@s a quienes se les niega el asilo en Bélgica, fueron desalojad@s d un edificio q ocupaban como vivienda. Están organizad@s con colectivos sociales con quienes vienen realizando contínuas protestas ante esta situación. Escucharemos parte de la entrevista que Laura realizó a Oscar Flores CRER(Comité contra las expulsiones y repatriaciones), en Bruselas donde nos cuenta la situación de l@s inmigrantes en los "Centros Cerrados"(Cies Bélgica). En la segunda parte del programa escucharemos una grabación realizada dentro del Cie de Zapadores-Valencia, donde un compañero de Camerún nos relata la situación y el trato que reciben dentro del Centro de Internamiento para extranjer@s.



Migrantes-Afgan@s en Bruselas. El Cie desde dentro.
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Duración aproximada: 1:20:00

Enlaces relacionados: http://bruxellesprivee.blogspot.com.es/ http://bruxellesprivee.tumblr.com/ http://ciesno.wordpress.com/

Por Laura Cano Audio: http://bruxellesprivee.tumblr.com/

En apenas unos minutos todo estalla, como una bomba de acontecimientos adversos. La deflagración pilla por sorpresa a los afganos. Y tal vez, ya estaba cronometrada por las autoridades.

Bajo casi a la carrera por la rue du Trône con Óscar y Charlie. Óscar Flores es chileno y pertenece al CRER, Comité contre les Rafles des Expultions et Repatriations. Hace tiempo que está involucrado en el tema de los afganos. Yo lo conocí ayer, como incursora novata en el asunto y durante mi primera reunión de los lunes, en el edificio de Ixelles que ahora ocupa la policía. A Charlie lo he conocido hoy, o hace diez minutos. Pertenece al PTB, un sindicato comunista belga, y nos cuenta que no se entiende políticamente con sus padres pero que no le importa. Así, dice, tienen debates. Reconozco que me gusta la gente a la que le gusta la diferencia, también entre sus allegados. Charlie, además, tiene pinta de imponer aún menos que su aspecto. Larguirucho y rubio, permanece serio y tranquilo hasta que se dirige a ti. Entonces te sonríe con toda la cara y los ojos se le achinan.

Por el camino, las noticias evolucionan de malas a todavía peores. Los pequeños grupos de afganos que vuelven de las protestas improvisadas en la rue de la Loi informan a Óscar: antidisturbios, gases lacrimógenos, heridos… Los últimos nos hablan de detenciones. Al parecer, Samir se encuentra entre los detenidos, un dato que Óscar encaja con una mueca de circunstancias.

A Samir me lo presentaron unos minutos antes de la reunión del lunes. Sentado en un sillón y rodeado de afganos, que pronto nos dejan a nuestras anchas, me saluda amable a la vez que accede a una entrevista rápida con la grabadora. Samir Hamrad es residente legal belga desde 2008 pero no tiene condición de refugiado. Dice que le denegaron el permiso varias veces desde su llegada al país en 2002 y que lo obtuvo tras una pertinaz huelga de hambre que prolongó hasta 55 días. Desde entonces supo que debía ayudar a sus compatriotas en la misma situación. Es el portavoz y el organizador oficial del colectivo de afganos que se encarga de reunirlos, una vez son expulsados de los centros de acogida, y de procurarles cobijo. Lo del alojamiento no es tarea sencilla.

La reunión se alarga tres horas y en ella se tocan todas las ramas de este agregado de colectivos, organizados en torno a una única causa y en grupos por ámbito de acción: grupo político, grupo de niños, grupo de logística y alimentación, grupo de medicamentos y atención sanitaria… Todos tienen algo que decir. Charlotte, por ejemplo, que llega tarde porque viene del trabajo, propone una campaña de sensibilización entre los jóvenes. Ella es joven y conoce su poder de influencia. La realidad es que el colectivo ha obtenido un gran impulso y atención mediáticos gracias al apoyo de grupos asociados a la Universidad Libre de Bruselas, al JAC, al JOC y a sindicatos.

La reunión termina y aún quedan temas en el tintero pero el tiempo corre y la noche hace horas que se ha echado encima del edificio de Ixelles, siempre concurrido. Todos entran, salen, suben y bajan. Me cruzo con Axel en las escaleras y me entero de que es actor. Así que su volumen fue el único atributo que justificó su parodia de Maggie De Block. Dudo que lo considere el papel de su vida, pero a juzgar por las bromas que él mismo fomenta, sí parece haberlo disfrutado.

Así que a la mañana siguiente repaso el orden del día. A las 9:00, manifestación frente al Parlamento belga en Madou. Llego tarde por haber confundido el belga con el Parlamento europeo, un error perdonable a novatos en esta ciudad de institucionalización doble. Pero no me he perdido nada y la escena comienza a resultarme conocida. Un grupo de unos cien afganos se congrega frente a un cordón policial protegido por alambradas y repiten las proclamas del megáfono: We want justice!

Alguien me agarra del hombro. Es Rahib, que me da un beso. Ça va? Recuerdo que ayer mismo contestaba reacio a mis preguntas y me preguntaba quién era yo. Ahora ya lo sabe y soy bienvenida. Y a mí me agrada el cambio. También está Ajmit, que me saluda y asiente con la cabeza cuando le digo que me gustaría hablar con él más adelante, algún día. Dentro de unas horas comprenderé que, en este entorno, los días se planean sobre una agenda incierta.

Mientras los afganos piden justicia, una delegación de representantes de distintos colectivos se reúne a las 10 con la Comisión de Interior. Entre ellos, Alexis Deswaef, presidente de la Liga de los Derechos del Hombre. En la reunión se espera llamar la atención del CGRA (Comisión General de Refugiados y Apátridas) sobre los criterios de denegación de asilo político, así como sobre los procedimientos de acogida.

Samir Hamrad considera que Fedasil, la agencia de acogida de refugiados dependiente de la Secretaría de Asilo, sigue una estrategia de presión psicológica y social sobre los afganos cuando se los expulsa de los centros tras denegarles el permiso de residencia. “El país no quiere asumir la responsabilidad de repatriar a los inmigrantes a ciertos países como Afganistán por su situación violenta. Entonces se los deja en la calle sin recursos hasta que piden la repatriación voluntaria.”

Nadie sale satisfecho de la reunión. Las declaraciones del Comisario de Interior, Dick Van den Bulck, aparecen un día después en el diario Metro. Sobre los criterios para la obtención de un permiso de residencia como refugiado, Van den Bulck asegura que se examina “el riesgo real” y no “el riesgo eventual”. Nicolás Cressot, responsable de la comunicación del colectivo, lamenta que la Comisión los haya citado para "vanagloriarse" de sus políticas.

En la radio, termina el boletín y recibo un mensaje en francés de Óscar, que no parece dirigido a mí. Al menos, únicamente:“Expulsión en curso en Ixelles”. Parece que el propietario del edificio no ha accedido a los tres días de margen para su marcha voluntaria y, cuando los afganos regresan del Parlamento, encuentran el inmueble tomado por la policía. Se les permite recuperar algunas cosas del interior y la Comuna envía un camión para trasladar los enseres más aparatosos a un garaje municipal. Entonces el colectivo se moviliza hacia la rue de la Loi. Y comienza el desastre.

Cuando llegamos, un círculo policial de antidisturbios rodea a un grupo demasiado amplio y apretujado de detenidos. Casi no reconozco a sus integrantes, entre los escudos, los cascos y los uniformes, pero veo a Qais, y a Rahib, que me saluda con la mano. Respondo al saludo con un entusiasmo lánguido. Intento acercarme por un lateral para tomar una foto y un policía con perro me lo impide. Marwa está fuera de sí. Grita, llora, increpa al cuerpo de la ley… Otra afgana la secunda y uno de los agentes le pide que se calle si no quiere reunirse con su marido. Entonces llamo a Hashmed, y no me lo coge. Vuelvo a intentarlo. Pero nada. Poco a poco, salen los últimos arrestados de ese meollo humano e ingresan maniatados en los furgones. Veo a Anissa, joven belga del Comité de Soutien. Se rumorea que también han detenido a Selma Benkhelifa, portavoz del grupo y especialista en derecho internacional, a un abogado del colectivo y a un fotógrafo de prensa. En seguida se confirma que es así. Aparece Axel, que tiene los ojos llorosos y me da una palmada consternada en la espalda. Annik, de la Agencia de Prensa Belge toma notas. Intercambiamos teléfonos, tras la comparecencia improvisada de Alexis Deswaef a los medios. El presidente de la Liga de los Derechos del Hombre critica lo que considera una estrategia “muy poco leal” por parte de las autoridades, y que se haya "aprovechado el momento para arrestarlos a todos", tras una reunión sin concesiones en el Parlamento. He hecho contactos, fotos, vídeos, he sacado cortes y un disgusto crónico de un percal ya disuelto. Vuelvo a llamar a Hashmed, sin respuesta. A las cuatro de la tarde, recibo un mensaje suyo al móvil: “I’m in chel”. Ya lo sabía.

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