Jean Jacques Rousseau escribió en 1762 refiriéndose a Córcega: "El valor y la constancia con los que este pueblo supo revestir y defender su libertad, bien ameritan que algún sabio le enseñe a conservarla. Tengo el presentimiento de que algún día esta islita asombrará a Europa". Históricamente, esta afirmación se ha tomado como predicción del nacimiento del Gran Corso, que se convertiría más tarde en héroe nacional francés: Napoleón nació en Ajaccio en 1769. Sin embargo, esta "montaña en el mar" que no suma más de 260.000 habitantes, sigue hoy dando que hablar al continente.

12 de agosto de 2010
| Duración: 57:48

Con una superficie de casi 9.000 km2., situada a 80 kilómetros de Italia y a 180 de la Francia continental, Córcega es “una montaña en el mar”, donde los paisajes dantescos de picos, agujas y lagos alternan con extensas llanuras apacibles. Con 120 cumbres por encima de 2.000 m nevadas en invierno, Córcega es un verdadero “depósito de agua” y la isla más montañosa y por tanto la más verde y fresca del Mediterráneo. La montaña representa el corazón de Córcega, la guardiana de sus tradiciones y de su identidad, así como el marco natural de pueblos de robustas casas de piedra. Los 25 ríos que la recorren la convierten en la isla más irrigada de la cuenca mediterránea; además, Córcega cuenta con el litoral más variado y de más riqueza, con una longitud total de más de 1.000 km. Con un Parque Natural Regional que cubre dos tercios de su superficie, Córcega es una isla altamente preservada donde se alternan reservas naturales y parajes protegidos. Dicen las últimas investigaciones que los primeros hombres llegaron a Córcega 9.000 años antes de Cristo. Desde entonces, la historia de esta «montaña en el mar», según expresión de un geógrafo, rajada por valles inmensos, coronada por crestas nevadas varios meses del año, ha sido trágica y movida. Cerca de veinte países la han colonizado. Sólo el héroe nacional, Pasquale Paoli, durante cuarenta años del siglo XVIII consiguió la independencia, y desde hace dos siglos Francia intenta asimilarla, sin resultados definitivos. Este calificado "agujero negro político" objeto de oscuros anhelos, fue causa de litigio para las grandes potencias mediterráneas dada su situación estratégica: la isla era un punto decisivo para el control de las relaciones entre Italia, España y el norte de África. Por lo general, se presenta a la Isla de la Belleza con numerosas características italianizantes dada la proximidad geográfica, y la cultura y costumbres comunes. Desde la definitiva conquista francesa de Córcega, decretada por el Tratado de Versalles de 1768, las relaciones con Francia tuvieron entonces altos y bajos; es emblemática en este sentido, la política del corso más famoso en el mundo, Napoleón Bonaparte, que más que nadie procuró el afrancesamiento de la isla. Después de una aparente reconciliación con Francia, luego de la activa Resistencia corsa en la lucha al nazifascismo, el fuerte sentimiento nacional y un nunca totalmente calmado deseo de independencia, desde siempre favorecidos por la acentuada insularidad corsa, hicieron volver a emerger el así llamado malestar corso, que a partir de la segunda posguerra ha desembocado en un verdadero movimiento autonomista y, en parte, en la fundación en 1976 del Frente de Liberación Nacional de Córcega. Dentro de la reivindicación de su identidad, un movimiento de reapropiación cultural ha sabido defender las tradiciones de una sociedad y, ante todo, su principal modo de expresión, el idioma. El corso, antaño únicamente una lengua oral, mezcla de orígenes latino e italiano, es hoy considerado un idioma de pleno derecho, y tras estar durante largo tiempo prohibido en la escuela, hoy se enseña a partir del preescolar. Este renacimiento del idioma, da impulso a la creación insular y al nacimiento de una nueva generación de actores culturales. Y algún medio imaginó que se viene una revolución nacionalista en Córcega, cuando con el lanzamiento de fuegos artificiales en las plazas de la capital Ajaccio y al grito de Libertad, los nacionalistas corsos festejaron, una noche de marzo pasado, la victoria conseguida en las elecciones regionales francesas. La alianza de los partidos de izquierdas consiguió arrancar a la derecha, la mayoría en la asamblea territorial de Córcega, tras 28 años de dominio absoluto del partido de Sarkozy. Pero los grandes vencedores de las elecciones regionales fueron las dos listas nacionalistas, la moderada Femu Corsica y la más radical Corsica Libera, que en conjunto sumaron el 36% de los votos y se convirtieron en la segunda fuerza política de la isla. Se trata del mejor resultado jamás cosechado, que confirma la confianza que han puesto los corsos en un renovado movimiento nacionalista que ha entendido mejor que la vieja derecha sus preocupaciones.
Comentarios basados en una publicación del sitio Corsica-turismo.com, una nota de Feliciano Hidalgo para el periódico español El País, otra de Pierre Dumas para La Nación, y otra de Geraldine Lublin, columnista de la revista digital de cultura Sitio al margen.
En cuanto a la música, a lo largo del programa se escuchan interpretaciones de Petru Guelfucci, y de los grupos Canta u Populu Corsu, I Muvrini y L’Arcusgi.
Es una realización de Jorge Laraia.

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