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Los alegres ritmos de Martinica, la isla de las flores

27 de marzo de 2014. La Naturaleza puso la privilegiada situación de Martinica, y el dominante color verde plagado de flores. Luego, el hombre pobló estas tierras de las Antillas de rostros de rotunda negritud, y les dotó de acento francés. Martinica es una porción de Francia situada en los trópicos. Los isleños siguen los dictados de la moda parisina, consumen baguettes y croissants y pagan con euros. Sin embargo, la música que suena en los aparatos magnetofónicos, los bares y las salas de fiesta nos recuerda que sus habitantes tienen una cultura propia, imbuida sólidamente en las tradiciones criollas de las Antillas.



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Producción: Radio Calf-Universidad FM 103.7   |   Duración aproximada: 58:29

Martinica es el resultado de la relación, no siempre pacífica, entre el ser humano y la tierra. El primero siempre ha querido dominar a la segunda. Lo intentaron sus primeros moradores, los indios Caribes. Lo pensó Cristóbal Colón cuando la avistó en 1502, aunque luego la olvidó porque no guardaba en sus entrañas ni oro ni plata. Y los franceses desde 1635, cuando decidieron colonizarla. Los efectos de esa pugna inconclusa son claramente visibles en los 1.128 kilómetros cuadrados de esta isla. Así, el hombre se ha asentado más en las costas que en el interior, más en el sur que en el norte. La Naturaleza, mientras tanto, ha consentido en unas ocasiones, y en otras se ha opuesto, como hace casi un siglo, cuando el volcán del monte Pelée lanzó una bofetada de polvo incandescente. Sin embargo, la isla francesa se muestra generosa con quien se atreve a recorrerla. Son sólo ochenta kilómetros de largo por quince de ancho, pero en tan pequeño espacio la llamada flor de las Antillas dibuja un paisaje multiétnico de europeos colonizadores y negros africanos, sumergido en una paleta de colores donde el verde lo domina todo. Hay verdes intensos, brillantes, mates, oscuros, sugerentes, espectaculares, imposibles. Una isla de imágenes tan seductoras que Paul Gauguin, tras pasar en ella seis meses en 1887, afirmó: «La experiencia que viví en Martinica fue decisiva. Sólo allí me he sentido yo mismo». En la costa caribeña está la capital, Fort de France, bulliciosa, una mezcla de coquetería y desaliño, de aroma francés y aires caribeños, una urbe moderna y elegante de cien mil habitantes, que la constituye en la mayor de las Antillas francesas. Gran parte de la isla está urbanizada, y sus ciudades más relevantes podrían confundirse con modernas barriadas. No obstante, casi una tercera parte está ocupada por bosques, y otras muchas zonas están destinadas al cultivo de piñas, plátanos y caña de azúcar. Y aún es posible encontrar algunos pueblos de pescadores y playas apartadas, así como multitud de senderos por las montañas. Aunque nada puede ganar en atractivo al ambiente que se respira en los mercados. Las fragancias de la vainilla, la nuez moscada y mil especias más compiten con las que desprenden papayas, mangos y piñas. La atracción que ejercen las voces de las vendedoras sólo es superada por el magnetismo que para la vista tienen sus vestidos, repletos de los cuadros multicolores de las telas de madrás. Pese a la omnipresente influencia francesa en su cultura, las tradiciones criollas de las Antillas francesas prevalecen en la gastronomía, el lenguaje, la música y las costumbres de la isla. Aunque el idioma oficial es el francés, la mayoría de los isleños habla también el dialecto criollo, que surgió de la lengua franca empleada por los primeros colonizadores para comunicarse, unida a las influencias de las lenguas utilizadas por los esclavos africanos. Abrimos el programa con Dédé Saint Prix, un cantante de Martinica de la música tradicional chouval bwa , un género que cuenta con el tambor tanbour y el ti bwa, un instrumento de percusión hecho de un trozo de bambú. Los conjuntos más tradicionales también utilizan acordeones, un sonajero, el bel-air, una versión de bajo de la tanbour, y la flauta de bambú. También compositor y flautista, Dede Saint Prix ha utilizado elementos de los estilos modernos en sus grabaciones, y en cerca de 40 años ha lanzado por lo menos 25 discos. A veces mezcla en su música influencias haitianas, como el kompa, y ritmos de Trinidad, Cuba y Puerto Rico. Esta efervescencia musical está impulsada por el deseo de profundizar en el funcionamiento de la base tradicional, sin perder nunca de vista la identidad colectiva. En Dede vibra un intenso recuerdo de palabras, imágenes, hechos de su infancia, y compartido con el Caribe, siguen permaneciendo las heridas de la humillación infligidos por la aventura de esclavos y las condiciones atroces de la esclavitud. En su dilatada carrera musical ha dado conciertos en Europa, Guyana, África, Colombia, Brasil, Estados Unidos y Canadá. Y por el, escucharemos los dos próximos temas. Y los últimos tres temas de esta primera parte son interpretados po Jean -Marc Monnerville - mejor conocido por los fans de la música como Kali, nacido en Fort -de -France , en 1956. Su madre era una escritora y maestra, y su padre un músico profesional que anteriormente había tocado con una banda africana en París. Así, el joven Jean -Marc creció en un ambiente creativo y musical. La carrera musical de Kali comenzó cuando su padre lo envió a Francia a principios de los 70 para estudiar música, donde adquirió una valiosa experiencia musical tocando con varios grupos diferentes antes de pasar a formar su propio conjunto, llamado Gaoule, en recuerdo de una notoria masacre de esclavos que llevó a cabo en las Antillas francesas en el siglo 17. Los primeros tres temas de esta segunda parte del programa, están interpretados por Eugene Mona. Este legendario flautista de bambú, compositor e intérprete fue un músico muy creativo que, por un lado, era un guardián de la llama de las tradiciones de la música rural y que, por otra parte, no tenía miedo de experimentar con la adición de sonidos contemporáneos. Él preparó el terreno sobre el que más tarde llegaron Dede St. Prix, y otros músicos. Mona murió en agosto de 1991. Malavoi es el grupo que interpreta los tres últimos temas del programa. Es una banda de Martinica que está conformada pot Mano Césaire, Jean-Paul Soime, Christian de Negri, Denis Dantin, y Marcel Remion. Se formaron en 1972, nombrándose a sí mismos en base a una especie de caña de azúcar y a una calle en Gorée, una isla senegalesa, de donde partían los esclavos hacia América. Muchos de los miembros eran parte de los Merry Lads, una banda del Lycée Schoelcher, y muchos habían sido estudiantes en Colette Franz, una escuela de música. Comentarios extraídos del sitio licemar.lacoctelera.net, una nota de Luis Galanes publicada en enciclopediapr.org., y otra de Óscar López-Fonseca para El Mundo Viajes. Es una realización de Jorge Laraia.

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