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La historia y las canciones de Osiris Rodríguez Castillos, uno de los más importantes folkloristas del Uruguay

30 de enero de 2014. Osiris Rodríguez Castillos, nacido en Montevideo en 1925 y fallecido en 1996, fue un poeta, escritor, investigador, compositor, cantante, instrumentista y luthier de Uruguay, y está considerado como uno de los pilares del folclore de su país. Porque el peso de la figura de Osiris Rodríguez Castillos ha sido muy grande en el ámbito de la música popular uruguaya. Al mismo tiempo fue un poeta que en sus canciones y en sus libros cultivó las formas heredadas del género gauchesco, la mayoría de las veces con gran acierto.



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Producción: Radio Calf-Universidad FM 103.7   |   Duración aproximada: 58:25

Producto de una familia especialmente interesada por la cultura, la música en general y la educación de sus hijos en particular, y con un interés primordial por la historia, la historia del arte, la lingüística y la literatura, tempranamente se interesó por las raíces de la música autóctona. Siendo un niño, su familia se trasladaría a Sarandí del Yí (Durazno), donde pasaría su infancia, y más tarde a Florida, donde cursaría los primeros años de sus estudios secundarios que luego continuaría en el Liceo Francés de Montevideo, pero que nunca terminaría. Curioso y ávido de experimentar la vida, durante su juventud llevó una vida casi nómade recorriendo lugares y experimentando vivencias que fueron la médula de su obra. Y así se describe él mismo: “Toda mi escuela es asombrarme: ver las cosas por primera vez. Yo podría verlas cien veces y cada vez podría escribir sobre ellas algo distinto. Creo que he encontrado la manera de hacerlo defendiendo al gurí que llevo adentro. Un gurí que quedó siempre en las orillas del Yí, donde me crié. Trabajé en la ciudad y en el campo. He vagado por toda mi tierra y por la Argentina, y por Rio Grande do Sul. No sé cuántas veces atravesé con mi caballo sobre la frontera norte... ni cuántas veces crucé en canoa el Delta del Paraná... Mi principal oficio ha sido presenciar la vida... Me gusta el mundo, es algo que se está haciendo todos los días. En 1973 Juan María Bordaberry había decretado la disolución de las Cámaras y la instalación de un Consejo de Estado. Revocados los gobiernos departamentales e intervenidos los Entes Autónomos, se había ilegalizado la Convención Nacional de Trabajadores, apresado a sus dirigentes, y habían caído los primeros estudiantes muertos por la represión dictatorial. Había comenzado así un absoluto control de todos los aspectos de la vida de los ciudadanos, incluso en áreas que no se relacionaban con el terreno político: destituciones de docentes, clausura de los institutos de formación docente y a continuación la intervención de la Universidad de la República, que dio inicio a la consabida y brutal represión que configuró este período. La cultura se vio afectada con una violenta y descabellada censura de la prensa y la persecución de periodistas y escritores. Osiris Rodríguez Castillos había compuesto, en 1959, ’Cielo de los tupamaros’, que fuera prohibida en Argentina y Uruguay por vinculársela con el movimiento guerrillero MLN-T, a pesar de que habla de la revolución de 1811 y el Grito de Asencio y fue compuesta antes de la fundación de ese movimiento. Por otra parte, en sus canciones se trasluce un mensaje reivindicativo y de crítica a la situación social y política de esos años; además de haberse significado con toda transparencia en el recién fundado Frente Amplio de las izquierdas uruguayas. A pesar de la enorme presión y de las frecuentes inspecciones militares en su casa, a diferencia de otros compatriotas, Osiris Rodríguez Castillos fue un exiliado tardío. Su idea era que no consiguieran expulsarle de su país por muchos padecimientos económicos y morales que le pudieran infringir. La dictadura militar le impide realizar presentaciones y difusión de sus obras, debido a su compromiso político, y tiene que sobrevivir dando clases de guitarra en su casa de Montevideo. Entre los años 1974 y 1977 queda relegado al ámbito privado. A fines de 1978 realiza, con enormes dificultades de producción y considerable riesgo personal, dos recitales: en el Teatro del Notariado y en el Teatro del Centro, de Montevideo, que resultan ser llenos abrumadores, prácticamente con la única difusión del boca a boca. Pero la realidad es que continúa en la lista negra del gobierno de facto, y entonces comienza a plantearse un posible exilio. En enero de 1980 edita los cuentos "Las nuevas aventuras del gaucho Alambre" y, al fin, desesperanzado, emprende un exilio voluntario y silencioso a Madrid, adonde vive durante doce años, desde el 6 de enero de 1981. En 1993 regresa a Uruguay definitivamente y ese mismo año le es otorgada una "pensión graciable", pequeña pensión que se otorga, por aprobación del Senado de la República, a personalidades de gran significación cultural. Se desempeña en tareas de investigación en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional y continúa trabajando en su ensayo sobre historia política. Pero en la madrugada del 5 de octubre de 1996, a los 73 años, un aneurisma de aorta lo hiere de muerte. Cinco días después, sin salir de un coma profundo, muere en un hospital público de Montevideo. Luego de un velatorio multitudinario fue incinerado y sus cenizas fueron vertidas en el río Yí en una ceremonia familiar emotiva, sobria y silenciosa. Su obra irradió su influencia fuera de las fronteras del Uruguay, integrando el repertorio de destacados artistas internacionales, siendo interpretado, entre otros, por Orlando Vera Cruz, Eduardo Falú, Jorge Cafrune, Carlos Di Fulvio y José Larralde, quienes grabaron versiones de algunas de sus canciones, así como muchos intérpretes uruguayos, entre ellos Amalia de la Vega, Santiago Chalar y Alfredo Zitarrosa. Asimismo, Mercedes Sosa y Joan Manuel Serrat5 interpretaron ocasionalmente algunas de ellas, pero sin registrarlas en ninguna obra discográfica. En su obra musical se destacan canciones como Camino de los quileros, Décimas a Jacinto Luna, De Corrales a Tranqueras, Corrales de Algorta, El cisne negro, Gurí pescador, De tiempo adentro, Tata Juancho, Como yo lo siento, y tantas otras. Y su poema más difundido es el Romance del Malevo. Comentarios basados en una nota de Hugo García Robles para el sitio uruguayo historico.elpais, en otra de Guillermo Pellegrino para Clarín.com y de Wikipedia. En cuanto a las canciones, la mayoría pertenecen al disco “Poemas y canciones orientales”. Es una realización de Jorge Laraia.

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