En septiembre de 1973, una Junta Militar se hizo cargo de un país que bullía de creatividad musical, y que al fin lograba afirmarse en una continuidad de publicaciones, figuras y festivales como los que laten en todo país sano. A punta de balas, exilio, censura y vulgaridad, la dictadura de Pinochet silenció un pilar de identidad que aún no se ha logrado reconstruir del todo. La Nueva Canción Chilena había sido un movimiento tan íntimamente asociado a la Unidad Popular, que la Junta Militar consideró su extinción un asunto de primera necesidad.

3 de octubre de 2007
| Duración: 59:43

No se habían cumplido ni tres meses del golpe y la dictadura ya había asestado acaso sus golpes más fieros contra la música chilena. Antes del fin de 1973, ningún gremio artístico lloraba más bajas. Del movimiento de Nueva Canción Chilena, casi no había nombre a salvo: Víctor Jara había terminado sus días con 44 balazos en el cuerpo, y Ángel Parra pasaba por centros de detención y tortura antes de partir a exiliarse a México. Eran novedades de las que debían enterarse a la distancia los otros nombres emblemáticos del género, pues de sus respectivas giras europeas, Inti-Illimani y Quilapayún simplemente no pudieron volver. Súbitamente, gente como Isabel Parra y Patricio Manns habían pasado de las cumbres de los rankings a la clandestinidad, el asilo y el exilio. También el destierro forzado dividió profundamente las carreras de, entre otros, “Payo” Grondona, Charo Cofré, el “Gitano” Rodríguez, y parte de los grupos Cuncumén y Quelentaro.
Pocos años atrás, si las peñas eran el espacio para la música viva, el sello disquero DICAP (Discoteca del Cantar Popular) fue el nombre que reunió sus registros. La Discoteca del Cantar Popular fue fundada en 1968 por las Juventudes Comunistas de Chile bajo el nombre de "Jota Jota", abreviaturas que identificaban a los militantes de esa agrupación política. Luego de tres discos editados, el sello, que operaba sin fines de lucro, pasó a llamarse Dicap, y se convirtió en el cauce alternativo por el cual distintos intérpretes pudieron canalizar aquellas composiciones que sus propios sellos consideraban excesivamente ideologizadas, y terminó convirtiéndose en un privilegiado catálogo del espíritu creativo de la época. En sus cinco años de existencia, y hasta el Golpe de Estado de septiembre de 1973, la DICAP, editó cerca de 60 discos y organizó numerosos eventos artísticos, llegando a aglutinar a casi todos los integrantes del movimiento que se dio en llamar "Nueva Canción Chilena". Son recordados muchos de aquellos discos como “Pongo en tus manos abiertas” de Víctor Jara, “Poemas de Pablo Neruda” con la voz del poeta; “Basta” de Quilapayún, todos editados en 1969, como también, "Canto para una semilla", de Inti Illimani e Isabel Parra, hija de la mayor cantautora chilena Violeta Parra. Poco días después del 11 de septiembre, del golpe militar de 1973 contra el presidente izquierdista Salvador Allende, las oficinas de la DICAP, en la calle Sazié, fueron violentamente allanadas y cerradas, algunos de sus dirigentes apresados o marcharon al exilio y gran parte del catálogo musical, de sus masters, fueron incautados y posteriormente destruidos. Hasta 1982, la etiqueta continuó funcionando con oficinas en París y posteriormente Madrid, si bien pocas de esas nuevas ediciones lograron traspasar el cerco de censura impuesto en Chile por los militares, y finalmente los materiales editados fueron restituidos a los artistas, los cuales negociaron independientemente con otras casas discográficas.
Es una realización de Jorge Laraia.

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