
Y en este último programa de la temporada les propongo conocer y compartir la acción de Calabriasona, un proyecto creado hace muy poco tiempo, dedicado a revitalizar y a difundir la música (…)
Alguien dijo que "la historia es el dramático intento que hace el hombre para recrear en su mente el mundo del pasado". Para los protagonistas de la historia, recrearla significa recordar los sucesos, y, por lo tanto, asumir las responsabilidades que les competen. Lo cual es, siempre, dramático. Junto a la Cantata Montoneros, interpretada por Huerque Mapu, la historia llega a través de una entrevista al Dr. Carlos Falaschi, profesor de la Universidad Nacional del Comahue y abogado defensor de comunidades mapuches, y José Amorín, uno de los fundadores de Montoneros, a través de algunos párrafos de su libro “Montoneros: la buena historia”.
"De nosotros siete, el primero en morir fue el Negro Sabino Navarro: durante una semana se batió con la policía a lo largo de doscientos kilómetros, entre Río IV y Calamuchita; murió desangrado en Aguas Negras, en agosto del ’71. Treinta y tres años después de su muerte, de nosotros siete, solamente sobrevivo yo. Tal vez también Julia. Pocos meses después de la noche del alunizaje, fines del ’69 o principios del ’70, sobre una mesa escondida en la vieja confitería la Perla del Once, los ojos negros de Julia se sucedieron sobre los ojos del Negro, de Leandro, de Tato y, por último, se clavaron en los míos: reflejaban desesperación, locura, nuestra desesperación y nuestra locura. Dijo: "siento que ustedes están locos, que yo estoy loca, para mí no va más", se levantó y se fue. Perdí su rastro, nunca más la vi. Cuando volví del exilio, en mayo del ’83, alguien asimiló su descripción a una compañera que lideraba la comisión interna de una fábrica textil en Avellaneda. Desaparecida en el ’76. Como Ilana y Tato. Ilana, me contaron, puso un kiosco en un barrio de Merlo e intentó pasar desapercibida. No lo logró, la marcaron por casualidad. A Tato lo venció la nostalgia por sus hijos: se lo llevaron de la casa una noche que fue a visitarlos. Leandro y la Renga también murieron en el ’76: El ejército los emboscó en una casita de Paso del Rey y ellos, a balazos, cara hicieron pagar su muerte. El Negro, Julia, Ilana, Tato, Leandro, la Renga. Y yo, el Petiso, José Amorín: me torturaron, estuve preso, tengo la piel marcada por las cicatrices de cuatro balazos y al alma la tengo signada por la muerte de mis compañeros. No los recuerdo con tanta intensidad como los sueño. Y a veces los sueños se me confunden con los recuerdos".
Así comienza el libro de José Amorín, “Montoneros: la buena historia”, publicado en el 2005 por la Editorial Catálogos, en donde esboza una hipótesis "psicologista" sobre el fenómeno montonero y su vinculación con la ruptura generacional de las representaciones políticas. Al respecto considera que "la identidad política -en su caso una identidad revolucionaria que, en términos metodológicos, incluía el uso de la violencia para obtener sus objetivos-se adquiere a partir de una relación dialéctica entre múltiples factores: psicológicos, familiares, culturales, profesionales y políticos, en el entendimiento de que la política, tal vez desde 1810 y hasta los ’80, no sólo fue una parte de la vida de la mayoría de los argentinos sino que la constituyó. Dos siglos durante los cuales la política argentina estuvo signada por la antinomia, la confrontación y la violencia. Por la dialéctica, en palabras de Feinmann, entre la sangre derramada y la venganza por la sangre derramada. En este contexto de antinomia y sangre se educaron los montoneros y, por encima de las vocaciones, de las elecciones que cada uno había imaginado para su vida, asumieron a la política como la razón de la vida -esto era, luchar por un cambio en pos de la justicia y la igualdad-. Y con la política asumieron la violencia que en nuestro país implicaba su práctica". El grupo que interpreta la "Cantata Montoneros",
Huerque Mapu, estaba integrado por Lucio Navarro, Hebe Rosell, Naldo Labrin, Tacún Lazarte y Ricardo Munich.
Es una realización de Jorge Laraia.