Ver películas como "Hotel Rwanda" hace daño. Porque más allá de asistir a una sucesión de dolorosas imágenes que reproducen una catástrofe que sabemos real, nos obligan a enfrentarnos a nosotros mismos, situándonos en una posición incómoda que indigna, avergüenza y entristece a la vez. "Hotel Rwanda" no nos sacude la conciencia a nosotros como hutus participantes activos en el genocidio ruandés, ni a nosotros como las pasivas fuerzas internacionales que se desentendieron de aquella masacre humana, sino a nosotros como miembros que alimentamos y perpetuamos unos sistemas políticos y mediáticos más que cuestionables: ciudadanos, votantes, telespectadores con poder de decisión.

30 de diciembre de 2006
| Duración: 54:49

A pocas horas de la firma de un convenio de paz entre hutus y tutsis, respaldado por las NU, en un hotel de Kigali, en Ruanda, pequeños acontecimientos empiezan a perturbar la cotidianeidad del país. Soldados hutus instigan por radio a "erradicar la invasión asesina de los tutsis". El director del hotel, Paul Rusesabagina es hutu. Respetado por su generosidad, y los contactos que tiene, se ve involucrado cuando amenazan a su mujer tutsi, a sus hijos y vecinos con la muerte, y logra sortear los primeros obstáculos mediante el soborno, con la esperanza de que las fuerzas internacionales lleguen en cualquier momento para evitar la guerra civil.
Sin embargo, la situación recrudece. Tras el asesinato del presidente ruandés, comienzan las matanzas indiscriminadas de tutsis a manos de los soldados y ciudadanos hutus. Paul logra proteger a los suyos en el hotel, al que empiezan a llegar cientos de personas pidiendo auxilio, y mientras hace uso de todos los recursos posibles para mantener con vida a los tutsis refugiados en el hotel, las fuerzas internacionales llegan a Ruanda, pero sólo para evacuar a los ciudadanos blancos y devolverlos a sus países de origen y con órdenes de no intervención.
Paul, con la ayuda de un coronel de las NU, defraudado por el actitud internacional, logrará cobijar y proteger primero, y salvar después, la vida de su mujer tutsi, de sus hijos y la de los 1200 vecinos tutsis que, atemorizados y amenazados, llegaron al hotel pidiendo auxilio y protección, cuando las fuerzas internacionales no ofrecieron intervención ni ayuda a los perseguidos.
Paul Rusesabagina, el héroe de Hotel Ruanda, espera que la película ayude a que similares hechos de sangre no se repitan. Así se lo dijo a Los Angeles Times: "Lo que ocurrió en Ruanda sigue ocurriendo. En Congo, en Burundi, en Darfur. Esperemos que nuestra película sea un llamado de alerta para la comunidad internacional".

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