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Enrique Mono Villegas, uno de los pianistas de jazz más importantes de la Argentina

31 de enero de 2013. Contradictorio y controvertido, lúcido y aclamado, Enrique "Mono" Villegas es algo más que un gran pianista. Pasó la barrera del tiempo y el éxito, y quizás por eso tiene un calificativo para cada música, en cada momento. Su idioma es el jazz, y a través de este programa, queremos dejar reflejada la vitalidad de un músico y su música, la potencia casi profética de Villegas, más allá del misticismo y la adulación.



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Producción: Radio Calf-Universidad FM 103.7   |   Duración aproximada: 58:17

Personaje entrañable de una Buenos Aires que ya no vuelve, Enrique “Mono” Villegas es una de las figuras legendarias de la música argentina, de cualquier género. Claro que en su caso el género es el jazz, del cual se convirtió en uno de los exponentes más completos. Pero si bien su trayectoria se extiende a lo largo de seis décadas, Villegas, y las variadas expresiones de su personalidad múltiple y cautivante, está indisolublemente ligado al Buenos Aires de los años ‘60 y la primera mitad de los ‘70, esa ciudad pujante y cosmopolita, con un movimiento cultural vasto y en constante ebullición, que irradiaba su luz a los demás países de Latinoamérica. Una Buenos Aires que –arrasada por la acción de sucesivos gobiernos que para la aplicación de sus planes económicos y políticos necesitaban como condición indispensable la destrucción de la ciencia, la educación y la cultura– ya no existe. Esa ciudad que contenía los “happenings” y las expresiones de vanguardia surgidas en el Instituto Di Tella y el Centro de Artes y Ciencias, los ciclos de películas que desde el cine Lorraine, el Cine Arte o el Teatro San Martín exponían retrospectivas completas de Bergman, Fellini, Pasolini o Losey, los bares de Corrientes que albergaban discusiones políticas, filosóficas y culturales hasta la madrugada, y las librerías de usados que permanecían abiertas toda la noche. Y claro, una personalidad única como la de Villegas, se movía a sus anchas en esa ciudad, disfrutando de su modesta notoriedad. Que no fue mayor quizás por su decisión de mantenerse inquebrantablemente fiel a los dictados de su musa, sin condescender jamás a propuestas que lo hubieran tornado “comercializable”. Pero el Mono, duende noctámbulo y bohemio, no necesitaba mucho. Sólo tener siempre un piano al alcance de sus manos. Es famosa su frase diciendo que para vivir le alcanzaba con tener 30 amigos, que lo invitaran a comer a sus casas una vez por mes. Claro que sus amistades excedían largamente esa cifra, y todos lo recuerdan con ternura y una inevitable sonrisa al rememorar sus ocurrencias. Pero la frase es una buena muestra del humor de Villegas, teñido de ironía, pero a la vez de una mirada profundamente compasiva sobre la condición humana. Hombre de una cultura rica y variada que abrevaba tanto en los libros como en la calle, Villegas cultivó amistades con Jorge luis Borges, Macedonio Fernández, Xul Solar, Astor Piazzolla, y fue un seguidor de las enseñanzas de Krishnamurti, a quien también conoció personalmente. Nació el 3 de agosto de 1913 en Charcas y Agüero, en el seno de una familia aristocrática, y desde pequeño se sintió atraído por la música, que lo condujo de manera inevitable al piano que había en su casa. Fue un encuentro para toda la vida. “A los siete años agarré el piano y no lo largué”, contaba. “Será el destino de uno, como dice Peralta Ramos: ‘Serás lo que te toque ser, y dejate de joder’.” Fue socio fundador del Bop Club Argentino, que nucleaba en sus reuniones quincenales a los solistas más sobresalientes del jazz argentino, e impulsaba las tendencias modernistas frente a los tradicionalistas agrupados en torno del Hot Club de Buenos Aires. En 1952 grabó un disco “doble” (con 4 temas) para el sello Music Hall, el primero bajo su propio nombre, titulado Enrique Villegas + ritmo. A mediados de los ‘50, su reputación era tal, que Villegas se convirtió en uno de los primeros músicos de jazz argentinos de exportación, mucho antes que gente como Lalo Schiffrin o Leandro “Gato” Barbieri decidieran tomar ese camino. En ese momento fue contratado por la discográfica Columbia, y viajó a Nueva York con un contrato por cinco discos. El Mono llegaría a realizar sólo dos: Introducing Villegas (1955) y Very, Very Villegas, al año siguiente, con el acompañamiento de Milt Hinton y Cozy Cole, dos prestigiosos músicos de sesión que habían tocado con Cab Calloway y Louis Armstrong. Pero claro, a la compañía por ese entonces no le cerraba un jazzero argentino que destilaba swing, y se mezclaba desprejuiciadamente con los músicos negros. Le propusieron entonces grabar temas del compositor cubano Ernesto Lecuona, y ése fue el fin de la relación Villegas-Columbia. “Nunca me arrepentí de no haber seguido en Columbia por haberme negado a tocar otra cosa que no fuera jazz”, diría. Sin embargo, Enrique permaneció en el exterior durante ocho años, acumulando experiencias de todo tipo. Desde tocar en el festival Pablo Casals, de la Universidad de Puerto Rico, y dar conciertos en Europa, hasta pasar privaciones en Nueva York, donde se dice que intentó suicidarse por un amor frustrado. A su regreso recibió el apodo con el que pasaría a la posteridad. Quien lo bautizó como “el Mono” –supuestamente haciendo referencia a su aspecto físico– fue un crítico de la recordada revista Primera Plana, Rodolfo Arizaga. Enrique se burlaba de esta denominación diciendo que “será porque imito muy bien a los seres humanos”. Cuando retornó a Buenos Aires, Villegas formó un trío con Jorge López Ruiz en contrabajo y Eduardo Casalla en batería; y luego vendría una segunda formación, con Alfredo Remus y Néstor Astarita. El trío le permitía exponer a sus anchas todo el tremendo bagaje de su formación jazzística, y su pasión inagotable por la improvisación. Como suele suceder con los mitos, en Villegas el personaje llegó a eclipsar al músico. Es mucha más la gente que lo conoce que la que realmente lo ha escuchado. Eso también sucedió porque Villegas –conversador ocurrente e incansable–, hizo un descubrimiento cuando regresó al país en los años ‘60. En los boliches de jazz, muchas veces el ruido de las copas y las conversaciones relegaba la música a un segundo plano. El Mono descubrió que la gente se quedaba en silencio cuando hablaba, y de esa manera prestaba luego atención a la música. En ese sentido, el programa de hoy intenta ser un acercamiento al Villegas músico, permitiendo apreciar la verdadera dimensión de su talento. Y sus diversos amores, aunque casi siempre vivió solo, y era un fanático del cine y la literatura (Camus era una de sus lecturas preferidas), pero la música fue la gran pasión que lo guió a través de toda su existencia. Decía que. “La vida es lo más maravilloso que existe, pero lo frustrante del presente es que muy pronto se convierte en pasado. Y el futuro es siempre incierto. El único futuro es la muerte.” El Mono falleció el 10 de julio de 1986, mientras realizaba ejercicios de rehabilitación para recuperarse de una caída que le había producido un quiebre de cadera.

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