En 1965, Astor Piazzolla y Jorge Luis Borges se unieron para crear “El tango”, un disco en el que participaron el Quinteto de Piazzolla, Edmundo Rivero y Luis Medina Castro. El disco incluyó milongas y tangos compuestos sobre poemas del escritor argentino, y casi todos remiten a la imagen tan recurrente en Borges del cuchillero. Se grabó también una suite que Piazzolla había compuesto en 1960 inspirándose en el “Hombre de la esquina rosada” y que nunca había sido grabada.
En el que es uno de los mejores ensayos hasta hoy escritos sobre Piazzolla, el Dr. Carlos Kuri, un importante psicoanalista argentino, sostiene que en este disco, es Rivero quien aporta la mayor cuota de autenticidad, "cantando entre dos impostores" cuyas composiciones son de "un sospechoso aliento anti-tango". Porque mientras Borges enarbolaba la vieja guardia contra el tango oficial, Piazzolla proponía un tango progresivo.

18 de diciembre de 2008
| Duración: 58:26

Cuando en 1965 apareció el long play El tango , el previsible cruce de afrentas no estuvo a la altura de lo que Jorge Luis Borges y Astor Piazzolla eran capaces. El poeta se limitó a decir que ni él ni su madre gustaban de la música que Piazzolla había puesto a los textos, porque no era tango y a doña Leonor (la madre de Borges) le recordaba el samba brasileño, mientras que el compositor replicó descalificándolo, llamándolo "sordo" e "ignorante", defectos a los que un cuarto de siglo después, sin dejar de reconocerlo como "mago de las letras", agregó el de ser "un hombre autoritario, hasta prepotente en algunas cosas". Esto se lo dictó al periodista Natalio Gorin en el verano de 1990 para un ajuste de cuentas titulado "Memorias", que apareció cuando ya estaba fuera de este mundo como consecuencia de un accidente cerebral del que nunca se recuperó. También Borges amplió los agravios de manera póstuma y con mucha mayor demora, porque sólo mucho después, gracias al enorme volumen que recopila las notas de Adolfo Bioy Casares sobre los encuentros con su mejor amigo, se conoció la verdadera dimensión del desprecio, que en su caso sí se extendía a lo artístico. La razón de ser del disco fueron varios poemas y tres milongas elegidas entre las once del volumen Para las seis cuerdas : "Jacinto Chiclana", "El títere" y "A don Nicanor Paredes", que bastaron para iniciar la discordia, que se explica comparando lo imaginado por Borges en el prólogo del libro -"La mano se demora en las cuerdas y las palabras cuentan menos que los acordes"- y las notas de Piazzolla para el sobre original, con alusiones al dodecafonismo, la música aleatoria y el canto gregoriano renglón por medio. Un primer reencuentro de Borges con la música ciudadana de Bs.As., se produce tres años después de la caída del peronismo, en 1958, cuando publica en una revista su poema "El Tango", y un mayor acercamiento ocurrirá en 1965: Borges se reúne con Astor Piazzolla, el genial bandoneonista y compositor que venía revolucionando el tango desde mediados de los años cincuenta, para grabar un disco con el agregado del actor Luis Medina Castro como recitante, y del excelente cantor Edmundo Rivero, ídolo entre los tangueros pero también especialista en folklore y milonga.
Rodea al disco de Borges y Piazzolla, durante décadas descatalogado e inconseguible en las disquerías de Argentina, aunque parezca mentira, un anecdotario profuso y revelador. Mientras Piazzolla musicalizaba los versos, le iba mostrando los resultados a Borges en periódicas reuniones celebradas en un departamento de la calle Entre Ríos, en Buenos Aires, que el músico compartía por entonces con su primera esposa Dedé Wolf y con sus dos hijos. A veces, a pedido de Piazzolla, su mujer había accedido en aquellas reuniones a entonar algunas milongas, con el único propósito de que Borges fuera escuchando las melodías compuestas para sus versos. Cuando, meses más tarde, ya concluída la grabación del disco con el cantor Rivero, Piazzolla invitó a Borges al estudio y la exigió una opinión, el escritor, tartamudeando un poco, dijo que estaba bien pero que en el fondo él prefería "cómo cantaba la chica". El guitarrista Oscar López Ruíz aún recuerda, entre carcajadas, la cara que pusieron Piazzolla y Rivero ante el insólito veredicto de Borges. En su autobiografía, Edmundo Rivero cuenta que en su primer encuentro, Borges le preguntó "con qué autoridad y conocimiento" cantaba él las milongas. "Las canto porque las entiendo, y las entiendo por las ha vivido. Lo mismo que usted", respondió el cantor con su voz grave, a lo que Borges dijo: "No, yo no tuve esa suerte. Mi madre no quería que saliera a la calle; yo siempre estaba detrás de las rejas".
Es una realización de Jorge Laraia.

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