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El concierto de Las Tres Divas en Zagreb, la capital de Croacia

17 de noviembre de 2011. Hay ciudades que enamoran, que suscitan grandes pasiones, escenarios en los que el viajero puede vibrar como si fuera protagonista de una novela romántica, y uno de estos lugares es Zagreb. Es una ciudad de contrastes: al mismo tiempo vieja y joven, durante el día, es la ciudad de negocios y por la tarde muy relajada. Y allí, en Zagreb, el mes pasado se realizó un concierto que reunió a tres de las cantantes croatas más reconocidas, Tereza Kesovija, Radojka Sverko, y Gabi Novak.



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Producción: Radio Calf-Universidad FM 103.7   |   Duración aproximada: 58:31

Hace varios años, algo más de cuatro millones de habitantes de la costa adriática yugoslava se despertaron habitando un nuevo país: Croacia. Esta nación, antigua e independiente en muchos momentos de su historia, pertenecía desde 1945 a la Federación Yugoslava, el único país que habían conocido todos aquellos croatas que tuviesen en 1991 menos de 46 años. Se inició entonces un proceso de reconstrucción de identidad que en muchos casos supuso un proceso doloroso de sustitución de los mitos y los héroes fundacionales. El arte contemporáneo rápidamente inició reflexiones al respecto, con trabajos como Gen XX de Sanja Iveković, que entre 1997 y 2001 desarrolló un proyecto sobre las partisanas yugoslavas, proclamadas oficialmente “heroínas nacionales” durante la época del mariscal Tito por su lucha contra el nazismo. Tras la disolución (y demonización) de Yugoslavia, estas mujeres desaparecieron radicalmente de la memoria colectiva: su lucha, su sacrificio, de la noche a la mañana era visto como inútil. La madre de la artista se encontraba entre estas heroínas caídas. La vida cultural croata sufrió, con la separación, una hecatombe: los dibujantes de fronteras impusieron sus marcas y hubo que discriminar quién era qué. Pero ese proceso no era tan fácil…de pronto hubo que ir a investigar quién había nacido dónde, para saber qué era croatamente válido. El proceso de re-culturalización, sin embargo, iba más allá de las simples partidas de nacimiento: era necesario encontrar “la esencia”, esto es, la diferencia. Acorralada entre la dimensión gigantesca de la cultura serbia, con una producción animada por las décadas de capitalidad de Belgrado como centro de Yugoslavia, y la enorme vitalidad de Sarajevo como núcleo de una cultura de fuerte personalidad como es la Bosnia -europea, eslava, musulmana y con grandes influencias judías- Croacia encontró su escape cultural en el mar, dándole la espalda (o el medio lado) a todo aquello que sonase a balcánico, es decir, a turco, el gran fantasma de la historia croata. Difícil tarea, sin duda, delimitar lo exclusivamente nacional cuando la nación ha sido por cincuenta años otra, cuando se comparte idioma, origen, historia, gustos y problemas con los países vecinos. Complicado delimitar lo propio cuando las poblaciones, a pesar de las campañas de limpieza étnica, están mezcladas. La guerra demostró sobradamente cómo imponer las fronteras a la gente, pero ¿cómo se imponen las fronteras a la cultura? Centroeuropea en apariencia y en espíritu, fue fundada en la Edad Media como dos asentamientos separados, Kaptol y Gradec. Kaptol era un centro religioso, construido en torno a la catedral, mientras que Gradec era la base de los artesanos y mercaderes que satisfacían las necesidades del clero de Kaptol. Aunque las relaciones entre ambas partes eran un tanto tensas, la gente consideraba la suma de ambas como una población única, a la que llamaban Zagreb (que significa "detrás de la colina"). En 1557, el asentamiento pasó a ser la capital de Croacia, y el parlamento se reunía de forma alterna en Gradec y Kaptol. Las dos partes se unieron definitivamente en 1850 convirtiéndose así en la ciudad de Zagreb. La segunda mitad del siglo XIX gozó de un periodo de desarrollo económico y cultural, y bajo el gobierno de Yugoslavia, la industrialización atrajo a trabajadores extranjeros de las repúblicas colindantes y con ello crecieron los suburbios. Durante la guerra de independencia, Zagreb no se vio muy afectada por la lucha, aunque el Parlamento de Croacia fue bombardeado en 1991. Sin embargo, las consecuencias económicas y sociales, el colapso industrial, el flujo de refugiados, junto con la corrupción política, dejaron a la ciudad algo deteriorada. Y allí, en la ciudad de Zagreb, la capital de Croacia, se llevó a cabo un recital el pasado mes de octubre, en una de sus principales salas, el auditorio Vatroslav Lisinski, cuando durante dos largas horas cantaron sus más grandes éxitos, las tres divas de la música croata, Tereza Kesovija, Radojka Šverko y Gabi Novak, acompañadas por la magnífica orquesta dirigida por Ante Gelo, en un concierto en conjunto que se esperaba hace tiempo en Croacia. Y no quiero terminar este programa sin referirme a los inmigrantes croatas que llegaron a la Argentina, y a sus descendientes, como mi amigo Dragutín Klein de la vecina ciudad de Cipolletti. Los que llegaron de Croacia entre los años 1857 y 1918 llevaban pasaportes en los que figuraban como austriacos o austrohúngaros. Los pasaportes que ingresaron desde 1918 en adelante provenientes de Croacia llevaron la leyenda yugoslavo o italiano. Y aún los que llegaron como apátridas amparados por la Cruz Roja, en la inmediata post 2da guerra, fueron anotados como yugoslavos porque las leyes argentinas no registran diferencia entre ciudadanía y nacionalidad, diferencia que sí existe en Europa, y esto genera dificultades al momento de precisar las cifras de esta colectividad en el país. El escritor y editor radicado en Argentina, Marko Sinovcic, estimó que los croatas eran un 45 % de los llamados austrohúngaros, un 70 % de los que vinieron de Yugoslavia entre las dos guerras, y un 50 % de los llamados yugoslavos después de la Segunda Guerra. Con estas cifras, en 1970, Sinovcic calculó que en la Argentina vivían unas 60.000 personas nacidas en Croacia. Si bien la primera y segunda etapa pueden considerarse como inmigraciones económicas, y la tercera una inmigración política, las tres tienen como denominador común la lucha por la libertad frente al sojuzgamiento ejercido por distintos poderes, haya sido éste el imperio austro-húngaro, la monarquía serbia o el régimen yugoslavo. Comentarios basados en el sitio culturacroata.com.ar y un artículo de Brigitte Vasallo publicado en la revista Lonely Planet Magazine. Y las canciones que hemos compartido fueron interpretadas por las tres cantantes croatas que el 13 de octubre pasado ofrecieron un esperado concierto en Zagreb, titulado Tres Divas: Tereza Kesovija, Radojka Sverko, y Gabi Novak. Es una realización de Jorge Laraia.

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