El arroz es originario de Asia, los musulmanes lo introdujeron en España, y luego pasó al resto de Europa. A Centroamérica llegó en el siglo XVIII, y hoy integra, junto a los frijoles y tortillas de maíz, la dieta básica de muchos países de Latinoamérica. Miles de campesinos de la región se dedican a su cultivo, que proporciona alrededor de un millón y medio de empleos. Y obviamente, en muchísimas de sus canciones el arroz está presente.

25 de agosto de 2007
| Duración: 56:33

A principios de los 80, Haití producía casi todo el arroz que necesitaba su población. Tras la apertura de mercados, forzada por el FMI y EEUU, se ha visto inundado de arroz estadounidense subvencionado. Decenas de miles de campesinos han perdido su medio de vida, y la desnutrición infantil en zonas rurales se ha disparado. La historia se repite en Honduras, y otros países.
La previsible dependencia de las importaciones de alimentos que provocan los Tratados de Libre Comercio en los países centroamericanos puede hacer más profundos los actuales problemas de inseguridad alimentaria. En esta región el 60% de los pobres vive en las zonas rurales y casi siete millones de personas no pueden cubrir sus necesidades alimenticias. Resulta alarmante que durante la década de los noventa, la cifra creciera en términos absolutos y relativos, demostrando que la liberalización comercial acelerada y la política agropecuaria empeoraron los problemas de inseguridad alimentaria.
El mismo cultivo de arroz que permite subsistir sin déficits alimentarios a muchos países asiáticos, se convierte en Latinoamérica en un elemento más de injusticia y desigualdad. Si los acuerdos comerciales girasen hacia la exportación interna con precios y aranceles justos, se daría un gran paso en la erradicación del hambre en la región. Hace falta valentía política para luchar contra estas premisas comerciales injustas, pero es la única salida.
Pero no sólo eso. Un nuevo caso de contaminación genética se detectó y esta vez se trata de arroz de origen estadounidense, que ha sido contaminado con una variedad transgénica no aprobada en los Estados Unidos (LL601). A consecuencia de esto, la Comisión Europea y Japón han decidido suspender todas las importaciones de arroz procedente de EE UU. No obstante, varios países de América Latina, incluyendo México y Perú, se opusieron en la última reunión del Protocolo de Cartagena, (que tuvo lugar en Curitiba en marzo de este año, y que regula el movimiento transfronterizo de organismos genéticamente modificados), a que las importaciones de granos incluyan información que diga si esa carga contiene o no organismos genéticamente modificados. Esta fue una clara sumisión a las órdenes de Estados Unidos, pues estos países no son grandes exportadores de granos. Al contrario, son importantes importadores de arroz, maíz y soja estadounidense, y en esa reunión internacional, en lugar de velar por el bienestar de sus ciudadanos, que en última instancia son los que van a consumir el arroz contaminado, están defendiendo los intereses de los grandes cárteles de granos, en este caso de empresas como Riceland, la más grande productora y comercializadora de arroz en el mundo. ¿Esto nos convertirá en el basurero del arroz que los países ricos y opulentos del mundo no quieren aceptar?
Es una realización de Jorge Laraia.

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