
Y en este último programa de la temporada les propongo conocer y compartir la acción de Calabriasona, un proyecto creado hace muy poco tiempo, dedicado a revitalizar y a difundir la música (…)
Es fácil estar en contra de la guerra, porque rápidamente surge en la mayoría de las personas un sentimiento hostil contra las masacres. Sin embargo, es difícil imaginar una guerra. Para quienes no las han vivido de manera directa, sino por la televisión, la guerra es un argumento de aventuras. Es algo lejano, que pasó hace mucho o que sucede en tierras lejanas. (No hace mucho tiempo, los argentinos hemos pasado por una guerra que ya está olvidada para la mayoría) Pero las guerras siguen ahí, siempre a punto de hacer estallar el planeta por los aires.
Y dentro de todas las consecuencias terribles de una guerra, una de las que sufren miles y miles, o cientos de miles de personas, es la de la emigración.
Eleni Karaindrou nació en una aldea montañosa de Grecia llamada Teichio. Estudió piano y teoría musical en el Conservatorio Helénico, y Filosofía en la Universidad de Atenas. Luego, el gobierno de Francia le otorgó una beca para estudiar etnomusicología en París. Desde 1975 se ha dedicado a componer música para el teatro, la televisión, la radio y el cine. A partir de 1983, se convirtió en colaboradora permanente del director Theo Angelopoulos componiendo la banda sonora para sus películas, como La Mirada de Ulises (1995), La Eternidad y un Día (1998) (ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes) y Eleni (2004). Cuando el periodista Steve Lake preguntó a Elena Karaindrou qué sonidos recordaba de cuando era niña, la compositora respondió: “La música del viento, la que hacía la lluvia sobre los techos de teja y el agua corriendo. El canto del ruiseñor y el silencio de la nieve. Recuerdo las voces agudas y polifónicas de las mujeres de mi pueblo que cantaban, mientras recogían el maíz, con sus hijos a sus espaldas contando las estrellas. Todavía puedo recordar las melodías bizantinas que se tocaban en la iglesia y las voces de los hombres que las coreaban”.
En la historia de la música, es contada la presencia de mujeres dedicadas a la composición. Una presencia importante es la compositora griega Eleni Karaindrou, cuya obra musical ha realizado en su mayoría gracias al trabajo fílmico de su compatriota el diector de cine Theo Angelopoulos. Aparte de sus colaboraciones con Angelopoulos, con quien trabajó en una Trilogía sobre la Grecia del siglo XX, Eleni Karaindrou incursionó en los terrenos de la ópera con su versión de Las Troyanas (2001), de Eurípides, a quien dedicamos la primer parte del programa. El pensador apátrida, nacido en Rumania en 1911 y muerto en París en 1995, Emile Cioran decía que "toda música verdadera nos hace palpar el tiempo". En Eleni Karaindrou, es la memoria recobrada, porque después de un tiempo transcurrido, siempre es vital regresar al origen, sea cual fuere el destino final. Además, sus composiciones, rebasan todo tiempo y espacio y, claro está, nos hacen vivir la experiencia de la memoria recobrada. Finalmente, para describir la obra de Karaindrou sobran estos comentarios, así que mejor los invito a que vivan con plenitud esa experiencia escuchando su música.
En la película "Eleni" Eleni Karaindrou ofrece las composiciones adecuadas para la gran tragedia histórica en la memoria griega moderna que significaron las emigraciones desde Odessa y Smyrna. Nada mejor que los lamentos de un Corno Francés, las agudas notas desesperadas de una Lyra de Constantinopla, la terrible nostalgia que evoca las voces sin esperanza de un Acordeón, la espiritualidad sin Dios del Harpa, la profundidad del Violonchelo y las cuerdas atormentadas de La Camerana Athens String Orchestra, junto a las voces del ’Hellenic Vocal ensemble’. La conjunción de tantos instrumentos musicales sagrados deriva en un leguaje musical metafórico, atemporal, y a la vez místico. La música es un poema en sí misma que nos cuenta una historia que es universal y que de ninguna manera es exclusiva de un territorio, una larga disgresión de la búsqueda perenne de sentido hasta su inescapable final: “pasaste la mano sobre la hierba y cuando la levantaste, algunas gotas rodaron hacia abajo, sobre la tierra, como lágrimas condensadas de un gran río de soledad.”
Los comentarios están extraidos de un artículo de Jorge Antonio Díaz Miranda, otro de Ernesto Schoo para el Diario La Nación y un tercero de Hilda Cabrera para el periódico Pagina/12. Los temas musicales pertenecen a los discos "Trojan Women" publicado en 2002 por la Discográfica ECM, y "The Weeping Meadow" editado por la misma discográfica en 2004.
Es una realización de Jorge Laraia,