
Dicen que un pueblo sin memoria no tiene derecho al futuro, también se dice que un pueblo sin canciones es un pueblo sin alma. Todas las canciones del presente programa evocan a personas de un (…)
Fado es sentimiento, es dolor amortiguado por el tiempo, es canto de amor desgarrado, es nostalgia de una gran nación y de un gran pueblo, es tierra añorada, es misticismo, es pureza religiosa. Como dice el historiador portugués Augusto Mascarenhas Barreto en su obra Fado-Historia de Portugal, "De origen provenzal, el fado sufre la influencia melódico-poética árabe y, a lo largo de los siglos, adquiere sus características más definidas, tornándose en una manera de cantar que exprime, genéricamente, un estado psíquico de nostalgia".
Si hay alguien que representa absolutamente al fado, ella es Amalia Rodríguez, que nació para cantar y lo sabía. " Si yo canto como canto es por la naturaleza", dijo una vez Amalia. Su genialidad era tan evidente que pudo superar la pobreza y la discriminación para llegar a ser el ícono de su país. Amália Rodrigues, cuyo nombre completo era Amália da Piedade Rebordão Rodrigues, nacida en Lisboa en 1920 y fallecida en la misma ciudad en 1999, fue la más importante de las cantantes de fado de Portugal del siglo XX. Es conocida como "La Reina del Fado" siendo la figura más difundida e influyente fuera de las fronteras de Portugal a través de sus múltiples actuaciones internacionales, incluyendo TV y películas. Amalía Rodrigues falleció en octubre de 1999 en su casa lisboeta y fue enterrada en el Cementerio de Prazeres, después de un funeral multitudinario realizado en la Basílica da Estrela. Un año después de su fallecimiento la Asamblea de la República de Portugal decide honrar su memoria con el traslado de sus restos al Panteón Nacional, situado en la Iglesia de Santa Engrácia, y desde entonces reposa en la sala de los escritores ilustres. A partir de entonces, entre 1999 y 2001 se materializa una generación de voces nuevas, atrevidas, cautivadoras, firmes, sobrias y sensibles a la vez. Sus rostros ilustran las portadas de esos primeros trabajos. Son mujeres nacidas en tierras lusitanas o en lugares lejanos, de padres portugueses. En todas ellas brota el manantial del fado con la fuerza de la tradición y el certero desafío de añadir otros colores a la nostalgia y la saudade de las fadistas del siglo pasado. Hoy, sus nombres cobran reconocimientos internacionales, su presencia es demandada en cualquier escenario del mundo y sus trabajos hallan el calor del público. Por todo eso, en este programa vamos a centrarnos en varias de ellas: Mariza (a quien escuchábamos recién), Katia Guerreiro, Cristina Branco y Mafalda Arnauth, más una Dulce Pontes renacida para el fado en su último trabajo de reciente aparición. Escribe el etnomusicólogo Ruy Vieira Nery en 2001, en notas adjuntas al primer álbum de Katia Guerreiro (Fado Mayor), que "en los últimos diez años una nueva generación de cantantes de sorprendente gran calidad ha emergido, cubriendo un amplio espectro de estilos y estéticas, una señal segura de que el fado atraviesa por una fase de gran vitalidad. Algunas de estas cantantes intentan y usan el fado en una fusión de forma que establece un diálogo activo con otras formas poético-musicales. El resultado es una clase de híbrido que pueda, quizá, independientemente de sus características, ser considerado un género independiente por derecho propio". Siguiendo con su análisis, afirma que "la situación denota un cambio en la actitud de los jóvenes portugueses hacia el fado en los 90, comparado con la actitud prevaleciente en los 70 y los 80, donde la herencia del fado era rechazada sobre todo por jóvenes activistas políticos. En ese tiempo, este lenguaje era visto intrínsecamente ligado al anterior régimen político en Portugal, conocido como "Estado nuevo". Hoy en día, con Portugal en democracia, esta clase de polémica es redundante y el fado ha vuelto a lo que solía ser, sin connotaciones de manipulación política".
Los comentarios están basados en un artículo de Fernando Blanco, periodista y colaborador de Pueblos, fue publicado originalmente en la edición impresa de la Revista Pueblos de Junio de 2007.
En el programa se escuchan interpretaciones de Amália Rodrigues, Mariza, Katia Guerreiro, Cristina Branco, Mafalda Arnauth, y Dulce Pontes.
Es una realización de Jorge Laraia.