
Y en este último programa de la temporada les propongo conocer y compartir la acción de Calabriasona, un proyecto creado hace muy poco tiempo, dedicado a revitalizar y a difundir la música (…)
El filósofo finlandés, Johan V.Snellman, enseñaba en el siglo XIX que la fuerza de un pequeño país radica en su cultura, y que ésta es su único camino hacia el progreso. Desde la segunda mitad del siglo XIX, época en la que surgió con fuerza el nacionalismo finlandés con todas las manifestaciones artísticas y literarias que lo acompañaban, hasta hoy Finlandia ha disfrutado de una vida cultural muy fructífera tanto en la poesía, como en el diseño, la música o la arquitectura.
Hace ya cien años desde que el último de los recitadores de cantos rúnicos finlandeses falleció, pero la tradición pervive en muchas canciones folk modernas, proverbios, adivinanzas e historias, muchos de los cuales son representantes de una tradición internacional. Pero el folklore es más que antigua poesía. Es una combinación de todos los acontecimientos de la vida que se transfieren de generación en generación. Durante el último siglo, todo ello dentro del espíritu del Romanticismo nacional, se tenía la opinión de que la vida rural poseía tradiciones populares mas fielmente conservadas y con orígenes que se remontaban a la antigüedad. A pesar de que esto era sólo parcialmente cierto, fue apoyado por el hecho de que Finlandia, que hasta finales del S.XIX había sido casi completamente agraria, estaba siendo sacudida por lo que serían probablemente los cambios más decisivos de su historia. Como resultado, el preservar la tradición oral no era ya suficiente. La gente volvió su atención hacia otras cosas antiguas también en desaparición: desde costumbres matrimoniales a herramientas, desde trajes a edificaciones, y las antiguas tradiciones rurales han conseguido un nuevo uso en los textiles y comidas de fiesta, sin mencionar los souvenirs. Todo esto ha ayudado a crear la identidad nacional, aunque aun hoy en día, algunos de sus objetos o costumbres son considerados como románticos o incluso exóticos por los mismos finlandeses. El auténtico y único carácter del patrimonio cultural finlandés no viene de curiosidades o fenómenos aislados, sino que se encuentra en el modo en que antiguas tradiciones locales han encontrado un sitio dentro de la constante corriente internacional de innovaciones. Y si uno se pregunta sobre qué es lo distintivo y particular de Finlandia respecto a su folklore, hay varias respuestas posibles como por ejemplo: algunos tesoros de la poesía popular, el sauna de humo, o un puré marrón que se come en Semana Santa llamado mämmi, o los zapatos y mochilas de abedul, o el cántele, un típico instrumento de cuerdas. El cántele (el instrumento popular finlandés más antiguo) junto a los cantos rúnicos, simbolizan la antigua cultura de Finlandia. En el Kalevala, el poema épico nacional finlandés, Elias Lönnrot había construido una imagen de un cántele mítico hecho de la mandíbula de un lucio como el instrumento musical típico finlandés del héroe épico Väinämöinen. Fue así, a través del Kalevala, que el cántele se convirtió en el siglo XIX en el instrumento nacional de Finlandia. Se clasifica como un cordófono, es decir, un instrumento cuyo sonido nace de una cuerda tensada entre dos puntos fijos, aunque no hay información exacta sobre su edad su historia se extiende desde hace un par de miles años. El instrumento más viejo de ese tipo fue realizado ahuecando el tronco de un pino, y las cuerdas, usualmente cinco, se unieron por un lado a las clavijas y por otro a un asta de metal. Para interpretarlo, el músico de cántele sostiene el instrumento en su falda o sobre la mesa, con la parte más corta hacia él.
Es una realización de Jorge Laraia.