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Arbolito, el indio vindicador y el grupo de folkrock más emblemático de Argentina

10 de enero de 2013. Se podría ensayar una definición simple de música popular: es lo que suena de fondo, en los barrios, en el tren o en el café de la esquina. Entre ellas está lo que se dio en llamar “rock folklórico o fusión”, cuyo exponente más conocido es el grupo Arbolito. Algo que no está de moda, sino que habla de los tiempos que corren. Habla de tecnologías que permiten un mayor acceso a la información, de un redescubrimiento de las raíces latinoamericanas, de ciudades cosmopolitas donde cabe todo, y también habla de historias silenciadas.



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Producción: Radio Calf-Universidad FM 103.7   |   Duración aproximada: 58:09

El nombre del grupo fue elegido en honor al indio ranquel que degolló al Coronel Rauch, en venganza por el genocidio cometido contra los indios de su tribu. Este episodio que comentó Osvaldo Bayer referido al indio Arbolito, un personaje histórico que parece corresponder a Nicasio Maciel, es sólo una mínima parte del genocidio que hubo en Argentina sobre los pueblos originarios, silenciado por más de un siglo. Tanto es así que aún en el presente gran parte de la sociedad argentina se percibe a sí misma como consecuencia de un "crisol de razas europeas", resultantes de un proceso histórico incruento de colonización de un territorio que se presume "desierto", hasta el momento de la expansión del moderno estado-nación a fines del XIX. Pero desde hace algunos años, se están abordando los eventos y los efectos de la anexión estatal de los territorios de los pueblos originarios, realizada por las fuerzas armadas hasta los primeros años del siglo pasado, basada en políticas genocidas del Estado hacia los mismos con el apoyo de la sociedad civil, que incluían la deportación de miles de habitantes del lugar en que vivían ancestralmente. El conjunto de dichas acciones, paradójicamente, ha sido nombrado por la historia hegemónica argentina como "campañas al desierto", minimizando, si no negando con ello, la misma existencia de los pueblos originarios. Varios proyectos de investigación en curso vienen reconstruyendo los itinerarios y modalidades de la concentración, deportación, distribución y utilización de la población originaria sometida como fuerza de trabajo. Los trabajos de Nagy y Papazián (2009) relevan el funcionamiento de la isla Martín García como un espacio tanto de utilización de la fuerza de trabajo indígena, como también de disciplinamiento y distribución de la misma, a través de los diferentes repartimientos que allí funcionaban (la prisión, el depósito, la escuela, el lazareto, las canteras, el ejército, la marina, la iglesia y el hospital). Al trabajo pionero de Enrique Mases (2002), que iluminó los traslados y distribución de la población sometida en Buenos Aires para su utilización como servicio doméstico y trabajo en la Marina, se han sumado en los últimos años otros, como los de Lenton y Sosa (2009), que vienen reconstruyendo el destino de los deportados hacia la provincia de Tucumán y su incorporación a los ingenios azucareros, y los de Escolar (2007), quien abordó el destino en las provincias de Cuyo y la industria vitivinícola. En todos estos casos, la división de familias, la apropiación de menores y el borramiento de su identidad han formado parte central de las investigaciones. Y seguimos entonces con Arbolito, pero no con aquel célebre indígena vindicador, como lo denomina Bayer en su libro “Rebeldía y esperanza”, que reivindica las luchas aborígenes del siglo XIX en el contexto de las primeras "Campañas al Desierto", sino con el grupo cuya música estamos compartiendo durante este programa. El grupo Arbolito nació en las aulas de la Escuela de Música Popular de Avellaneda en 1997, gracias a Ezequiel Jusid y Agustín Ronconi, y se caracteriza por un estilo que fusiona músicas folclóricas de la Argentina (como el huayno, la saya, la zamba y el candombe, entre otros) con ritmos como el rock y reggae, por su destreza multi-instrumentística y por sus letras con fuerte contenido social. Y al año siguiente adopta su actual formación: Ezequiel Jusid (voz, guitarra acústica y guitarra eléctrica), Agustín Ronconi (voz, flauta traversa, quena, charango, violín y guitarra), Diego Fariza (batería y bombo leguero), Andrés Fariña (bajo eléctrico y coros), Pedro Borgobello (clarinete, quena y coros) y Sebastián “Chino” Demestri (percusión y accesorios). Para su último disco, el quinteto dio por terminada la etapa con Sony y volvió al camino autogestivo. Acá estamos, título que lleva el séptimo disco de Arbolito, no podría definir mejor la actualidad del grupo. El nuevo trabajo marca un momento clave de la banda y tiene aroma a balance: han pasado 15 años en la ruta y no es poca cosa. La irrupción de Arbolito en la escena musical argentina demostró que era posible romper definitivamente las barreras y los prejuicios estilísticos. En la última década, consiguieron una de las mejores síntesis entre dos géneros con peso en el país, pero a veces difíciles de congeniar: el rock y el folklore latinoamericano. No muy lejos quedó el salto de los primeros recitales gratuitos en las plazas del barrio, a las multitudinarias presentaciones en el escenario de la plaza Próspero Molina, en Cosquín, o su apoyo para realizar el monumento a la mujer originaria, o las intensas giras por todo el país a bordo de una camioneta. Y volviendo a Arbolito, este indio ranquel del que tomó el nombre el grupo que hoy estamos compartiendo, ya se están dando algunas muestras de reivindicación a lo que él representó. Por ejemplo, en el 2011, Osvaldo Bayer estuvo presente en el acto de la imposición del nombre Arbolito a la Escuela 503 de Azul, que hasta ese momento se llamaba Julio Roca. Y también, según una información publicada el 22 de octubre pasado por el periódico digital La Ventana, de Azul, el Concejo Deliberante de esa ciudad tratará en la comisión de Homenajes el proyecto de Ordenanza para que la calle Rauch, que recuerda al mercenario asesino de ranqueles, pase a llamarse Arbolito, en memoria del originario que vindicó a los suyos poniendo fin con boleadoras y facón, al coronel prusiano contratado por Bernardino Rivadavia para "aniquilar de ranqueles" las pampas, ese que degollaba adversarios vencidos "para ahorrar balas", como anotaba en sus partes militares escritos en alemán, porque no hablaba castellano, como puede verificarse en el documento que está en el Archivo Histórico de la Nación. Comentarios basados en un artículo de un grupo de investigadores, docentes y becarios de la Universidad de Buenos Aires, la Universidad Nacional de Río Negro y el CONICET, de Argentina, publicado en sociedadlatinoamericana.bligoo, y una nota de Sergio Sánchez para el periódico Pagina/12. En cuanto a las canciones, están extraídas de sus discos La Mala Reputación (2000), Mientras la chata nos lleve (2005), Cuando salga el sol (2007), Despertándonos (2009) y del último, publicado en el 2012, que titularon Acá estamos. Es una realización de Jorge Laraia.

Planeta Musical Sur
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