Centroamérica es una unidad geográfica y ecológica de 533,000 kilómetros cuadrados con una excepcional biodiversidad al centro de nuestro Continente. Una comunidad económica y social de rostro múltiple con treinta millones de habitantes y una rica amalgama de ingredientes culturales multiétnicos, multirraciales y multilingües. Es una región conformada por repúblicas de poetas, músicos y artesanos que han sobrevivido, entre la tormenta y la esperanza, a los conflictos bélicos, las migraciones y los exilios.

22 de enero de 2009
| Duración: 58:43

Decía el cantautor nicaragüense Luis Enrique Mejía Godoy, en ocasión de un Foro de Artistas e Intelectuales reunido en San José de Costa Rica: “Nadie puede desconocer la calidad de la literatura, la poesía y la música, y el desarrollo de la danza, la pintura y el teatro de Centroamérica. A pesar de la pobreza, el desempleo, el analfabetismo, la falta de aulas escolares y la ausencia casi total de conservatorios y escuelas de música y de bellas artes, los artistas, en estos tiempos críticos y adversos, cuando la deuda externa impagable, material y moralmente, nos ha impedido crecer, hemos sido capaces de producir un arte y una cultura que hoy goza del respeto y reconocimiento mundial, a pesar de la presencia aplastante de la “cultura chatarra”, ese producto de consumo masivo y desechable, que se oferta con lo último de la tecnología y con muchas ventajas comerciales a través la TV. e Internet, esa contaminación con la basura tóxica del producto musical comercial y superficial, con el que se bombardea indiscriminadamente a la juventud y la niñez de Centroamérica. Por eso, en nuestra región, el arte y la cultura nacional navega con desventaja en aguas tormentosas como un frágil barquito de papel, resistiendo a los huracanes de la globalización y la desigualdad, que impiden el desarrollo independiente de nuestra cultura regional. Resultado: más pobres, ignorantes y dependientes nuestros pueblos que con dificultad pueden consumir el básico gallo pinto, y más ricos los países del llamado primer mundo que ahora, por cierto, no aspiran a conquistar territorios, como en la época colonial, si no a controlar mercados y riquezas. Qué hacer entonces para no vivir en el pasado y tener acceso al nivel de la nueva tecnología y los valores nuevos y globalizadores, sin que nos despojen y falsifiquen nuestros valores culturales? Cómo evitar convertirnos en una cultura de reventa, camaleónica o travestida? Según dice el costarricense Iván Pitti, por Venezuela empezó a escucharse sobre la canción necesaria. Es lengua del pueblo, escribía Alí Primera en la presentación de su disco “Al pueblo lo que es de Cesar”. Haciendo de la canción de autor un instrumento para comprender y transformar el mundo, la canción centroamericana se nutrió de esta experiencia. Desarrolló su iniciativa creadora uniendo los elementos dispersos o difusos de la realidad. Combativa, esperanzadora, junto al pueblo iba venciendo”, “Disparando rosas de sangre, “con el grito en la garganta y el corazón en la mano”, y así el lugar social de la canción necesaria llegó a Centroamérica. Había que despertar y romper el bozal y las cadenas. Para esos motivos, se conjugó “el verbo amar sin fronteras”. Política y melodía, una “expresión cultural en la lucha por la paz, la justicia social, la solidaridad y la defensa de la identidad”, decía un periodista. De Panamá a Guatemala, la canción necesaria no era mercancía, sino semilla que un día daría frutos, que acompañaría a otros con su canto, porque era fundamental la perspectiva de “amar en tiempo de guerra”. Había que luchar y querer, cantar y ofrecer la acción del verbo. Sin embargo, llegó el momento en que las guitarras eléctricas gritaron “¡Alto al fuego, cese al fuego en todo el territorio centroamericano”. Pasada la guerra, muchos de los cantautores se aventuraron por Centroamérica. La oportunidad de conocer a los hijos de la Revolución, como Luis Pastor Gonzáles, Ramón y Alejandro Mejía, Katia y Salvador Cardenal, hizo reconocer el fruto de ese pueblo. Guadalupe Urbina, María Pretiz, Rubén Pagura, Juan Carlos Ureña, Manuel Monestel, Dionisio Cabal, Fidel Gamboa y Manuel Obregón en Costa Rica, siguen alimentando el camino de la solidaridad. Rómulo Castro en Panamá, Guillermo Anderson en Honduras, Franklin Quezada en el Salvador, Alejandro Arriaza y Álvaro Aguilar en Guatemala, y tantos otros, estimulan la paciencia y la terquedad por construir un mundo donde quepan todos y todas. Finalmente, la canción centroamericana necesaria no es una mercancía, es un instrumento de mediación capaz de llevar alegría y esperanza a los pueblos latinoamericanos, empobrecidos y excluidos. Una fuente de esperanza donde ya no la hay, un espacio de encuentro y reconocimiento en tiempos de libre comercio y verdadero testimonio de los pueblos. Nunca una estrategia unipersonal; más bien un ofrecimiento, que como semilla conservada volverá a dar frutos.
A lo largo del programa se escuchan interpretaciones de Kiko Donoso, Luis Enrique Mejía Godoy, Ali Primera, Alux Nahual, Rómulo Castro y el Grupo Tuira, Luis Pastor González, Guadalupe Urbina, Dionisio Cabal, Alejandro Arriaza y Guillermo Anderson. Los comentarios están extractados de "Elementos para una discusión sobre la Canción Centroamericana" por Iván Pitti, y una presentación de Luis Enrique Mejía Godoy en el Foro de Artistas e Intelectuales reunido en San José de Costa Rica.
Es una realización de Jorge Laraia.

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