
Si se quiere conocer uno de los verdaderos tesoros que posee Eslovenia, este es su música, la música de los inmensos llanos, el sonido de la tamburica, un instrumento que se asemeja a un gran laúd (…)
Amparo Ochoa quien desde muy pequeña, había despertado su amor por la música, cantando en el campo, en la casa, y en los actos escolares, supo que llevaba en su voz un arma de lucha, una luz de alerta, una esperanza de justicia para todos aquellos en que anidara la impotencia. Así fue como ligada a un mundo artístico solidario, su voz se convirtió en un canto por la vida, por las causas sociales, por los obreros, por los estudiantes y por acabar con la inequidad social.