
Cuando cantaba Mercedes Sosa, se podían oír unos ecos. Si se escucha bien, ahí estaban todos: Violeta Parra, Atahualpa Yupanqui, Víctor Jara y tantos otros. La voz de la Negra no se apaga, porque (…)
Amparo Ochoa quien desde muy pequeña, había despertado su amor por la música, cantando en el campo, en la casa, y en los actos escolares, supo que llevaba en su voz un arma de lucha, una luz de alerta, una esperanza de justicia para todos aquellos en que anidara la impotencia. Así fue como ligada a un mundo artístico solidario, su voz se convirtió en un canto por la vida, por las causas sociales, por los obreros, por los estudiantes y por acabar con la inequidad social.