Para los argentinos nacidos en la segunda mitad de la década del’40 la figura de Antonio Tormo se liga estrechamente a los recuerdos de la infancia, y para ellos, para su forma infantil de entender el mundo de aquel tiempo, Tormo era tan importante como Chaplin, Laurel y Hardy, Los Tres Chiflados, Luis Sandrini o Perón. Es que Antonio Tormo fue el primero que mostró la incalculable belleza del folklore argentino. Con los años se pudo advertir que había “marcado” a más de una generación. Antonio Tormo fue un sembrador del amor por el canto criollo.

19 de septiembre de 2013
| Duración: 58:17

En 1955, cuando la autodenominada Revolución Libertadora asumió el poder, al derrocar en septiembre al entonces presidente constitucional, el general Juan Domingo Perón, se improvisó una larga lista negra. Incluyeron en ella a intelectuales peronistas, dirigentes políticos, sindicalistas, militares no liberales y artistas populares. Un grupo
importante de hombres a los que unió un mismo estigma: eran los depuestos. Antonio Tormo, que no era un peronista genuino pero representaba muchos de sus ideales, estaba entre ellos. Pagó muy caro haber sido el portavoz de los cabecitas negras, esa otra Argentina que emergía. No necesitaba tener amistad con ningún político, ni siquiera tengo fotos con ellos”, reseñaba Tormo, a punto de cumplir 90 años. “Lo vi a Perón una sola vez, sabe, fue en un recital en el Luna Park. El me pidió una canción, canté ‘La jota cordobesa’ y Perón acompañó desde la platea. Nunca más lo ví. Es inevitable pintar esa época de la Argentina, para explicar a Antonio Tormo, el hombre que más discos vendió en la historia de la música argentina. De “El rancho ‘e la Cambicha”, diminutivo de "cambá, o sea "negrita", sin dudas su canción más popular, se vendieron 5 millones de copias, desde que se editó en 1950. A partir de ahí, la compañía RCA Víctor inicia el mito de que Tormo fue el único artista argentino que vendió más discos que Gardel. Y fue esa obra clave, tal vez junto a “La canción del linyera”, para entender el sentimiento de aquella nueva Argentina que había llegado a Buenos Aires, seducida por el proceso de industrialización de finales de la década del 40. Pero el papel clave de Tormo en la cultura de masas no se resume a la simple estadística, que también incluye un total de 250 canciones grabadas más sus respectivas versiones, sino también a su carácter de “cantor de las cosas nuestras”. Aquel “inventor del folklore de masas” –según lo dicho por Armando Tejada Gómez– había nacido en Mendoza, el 18 de septiembre de 1913, hace ya 100 años. No llegó a conocer a su padre, un inmigrante valenciano que murió de tifus tres meses antes del nacimiento de Tormo, y se recibió muy joven de tonelero profesional, oficio que le permitió ganarse la vida en varias bodegas cuyanas. “Pasó por su vida artística sin darse cuenta. Sigue siendo un tonelero. Si ahora ve un carro y un caballo sale volando porque ésa es su vida. Tiene una forma particular de ver las cosas”, dice su segunda mujer, Teresa. La carrera artística de Tormo comenzó mediando la década del 30 con La Tropilla de Huachi Pampa, un conjunto de folklore que compartía con Diego Canale, Remberto Narváez, José Báez y José Castorina. Con ellos llegó a la Capital en un camión de vino para actuar en “El Fogón de los Arrieros”, un programa de Radio El Mundo. En Mendoza, cada vez que retornaba allí mediando los ‘40, su público rompía los vidrios de Radio Aconcagua para verlo cantar. “En la época de Perón toda la gente comía y trabajaba. Yo me transformé en el vocero del cabecita; del chico provinciano que venía a Buenos Aires a trabajar; pero la primera vez que canté políticamente lo hice para los radicales. Me contrató Suárez Lastra”, recuerda Tormo y prosigue Teresa: “Por eso, lo que prohíben los militares del ‘55 no es a él en sí sino a su público. Lo cierto es que, pese a la inmensa popularidad que tuvo en aquellos años, el golpe de estado del ‘55 fue letal para él. Quisieron rescatarlo del ostracismo cuando asumió Arturo Frondizi en 1958 y lo eximieron de las listas negras, pero canciones como “El jarillero”, “Puentecito de mi río”, “Amémonos”, íntimamente relacionada con la figura de Evita o “Mama Vieja”, jamás pudieron volver a instalarse como antes en los magullados sectores bajos. Luego de haber sido silenciado por le gobierno militar, por su representación con el peronismo, en los años siguientes, en razón de los vaivenes de la política, Antonio Tormo resurgió y desapareció de los medios de difusión y de los escenarios, en tanto y en cuanto se fueron sucediendo los gobiernos civiles y militares. El advenimiento del proceso democrático en 1983, con el gobierno de Raúl Alfonsín, le permitió reanudar una nueva etapa. Se reivindicó su obra y se realizaron diversos homenajes en vida. Tormo, sin embargo, no acusó recibo de la notoriedad que alcanzó en los últimos años hasta su fallecimiento en el 2003. Comentarios extraídos de notas de Cristian Vitale para el periódico argentino Pagina/12, y de Gregorio Torcetta para el diario mendocino Los Andes, mientras que la voz de Antonio Tormo está recopilada de una entrevista que le hiciera Julio Marbiz emitida por el canal Volver, de un programa de El Clavijero para Cablevisión, y del disco 20 y 20 que editara León Greco junto a AntonioTormo. Es una realización de Jorge Laraia.

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