
Aunque pasó su infancia en Pretoria , Miriam Makeba comenzó a cantar en los años cincuenta del siglo pasado con el grupo Manhattan Brothers, tras lo que fundó su propia banda, The Skylarks, que (…)

Del flamenco vamos a hablar en este Berimbau porque es inevitable hacerlo si queremos recordar a Enrique Morente, ese granadino del barrio del Albaicín que nació el día de navidad de 1942. Tiempos donde las sacudidas de la post-guerra convertían a los españoles de a pie en supervivientes del orden, expertos en la vergüenza ajena, y enigmáticos compañeros de la carencia.
Con casi 68 años se fue, dejando una inmensa obra tras de sí y el respeto y el cariño de mucha gente.
La infancia de Enrique Morente tiene lugar en un ambiente familiar, meciéndose en la voz de su madre y en la de artistas locales como Juanillo el Gitano, Cobitos o la dinastía de los Habichuela.
Sus primeras incursiones en la música comienzan muy pronto y con naturaleza ambivalente. Ejerce como seise, niño cantor, en la Catedral de Granada y como avispado observador en las reuniones familiares y de vecinos.
Morente tuvo la oportunidad de conocer a Aurelio Sellés (Aurelio de Cádiz), con el que más tarde llega a congeniar desde el respeto y la admiración, hasta establecer el milagro didáctico de la transmisión oral. El relevo de todos los valores del espíritu flamenco, entre los que hay que contar la inquietud, la improvisación y el arte.
El debut de Enrique tiene lugar en la peña flamenca Charlot, que tantas veces fue refugio de voces desamparadas y tantas otras aula magna de clases magistrales. A esta actuación siguieron otras allá por el año 1964, pero debemos considerar su salto a la profesionalidad cuando en ese mismo año es contratado por el Ballet de Marienma, con el que actúa en el Pabellón español de la Feria Mundial de Nueva York y en la embajada española en Washington.
Comenzó a grabar en 1967, y los estilos de sus primeros discos eran absolutamente ortodoxos, acreditando un conocimiento del cante tradicional que pocos cantaores de su generación podían alcanzar.
Su tercer disco, Homenaje flamenco a Miguel Hernández (1971), fue la primera llamada de atención significativa sobre algo que será en adelante una constante en casi toda su obra: la adopción de versos de poetas cultos como coplas de los cantes. Es, de lejos, el cantaor que más préstamos pide a los poetas: además de Hernández, San Juan de la Cruz, García Lorca, Al Mutamid, los Machado, Lope de Vega, Bergamín, Guillén y muchos más.
Su último disco, editado en 2008, se titula "Pablo de Málaga" y en él Morente descubre al Picasso poeta, poniendo voz a varios de los poemas escritos por el malagueño. Este disco de nuevo supone otra vuelta de tuerca en su innovación continua del arte flamenco. Tras terminar este disco comienza a preparar otro titulado "El barbero de Picasso”.
Enrique Morente ha mantenido una gran coherencia a lo largo de su vida y de su obra. Nunca ha repetido dos cantes de la misma manera, es el Enrique de los mil matices, el que se adapta a todo y a todos, el que va por delante porque los demás le siguen, el que sigue aprendiendo incluso de él mismo, el afable, el noctámbulo, al que pidieron letras comprometidas para un pueblo de izquierdas, el que ha mirado siempre a los ojos de quien estaba delante.