Un 17 de enero de 1893, o sea, hace 116 años, marines estadounidenses, actuando por invitación de los acaudalados hacendados azucareros blancos, invadieron el Reino de Hawai y derrocaron a la reina Lili’uokalani. Cinco años más tarde, Hawai donde la tierra, el cielo, el mar y toda esa gente de múltiples etnias son tan bellas, fue formalmente anexada por EE.UU.; se convirtió en un “territorio” de EE.UU. en 1900, y en el quincuagésimo estado en 1959. Por ello, puede ser que sea esa la fecha, en la que se ubique el amanecer del imperialismo de EE.UU.

5 de febrero de 2009
| Duración: 59:10

La música de Hawai tiene como raíz la cultura nativa, o polinesia, de las islas. Antes del primer contacto con el mundo occidental, que ocurrió en 1778 con la llegada del Capitán James Cook, la música Hawaiana estaba relacionada con el baile sagrado hula, y consistía principalmente de cantos vocales y percusión. La cultura tradicional de Hawai era una cultura oral, y su historia, mitos y cosmología se preservaba en estos cantos, que se llaman mele. Después del contacto con los europeos, Hawai se transformó, de un archipiélago aislado con una cultura muy especial, a un país independiente y cosmopolita, manejado por una familia real descendiente de los antiguos jefes. Por ejemplo, gracias al rey hawaiano Kalakaua, y su amistad con el corsario Franco-Argentino Pierre Bouchard, Hawai fue el primer país en reconocer la independencia de la Argentina . La población de Hawai era una mezcla de los originales hawaianos con orientales, ya que vinieron miles de trabajadores de Japón, China, y otras naciones para trabajar en las plantaciones de azúcar que eran la fuente principal de ingresos para la economía de las islas en el siglo 19. Norteamericanos, europeos y algunos latinoamericanos (en su mayoría de Puerto Rico y México) también emigraron a Hawai. Y esta mezcla cultural se ve en la evolución de la cultura y la música de Hawai. Sin embargo, es en este lejano paraíso que, como dice el autor del artículo que hoy comentamos, uno puede ubicar el amanecer del imperialismo de EE.UU. Por lo menos en 1893 con la acción criminal de los Marines en Hawai, o quizás antes, con las acciones de estadounidenses en Hawai desde la llegada de misioneros protestantes de Massachussets en 1820. Tanto en Hawai como en Japón, EE.UU. trató de imponer lo que hoy se ensalza en el discurso político y periodístico preponderante como “globalización”. O sea, el impulso o creación de economías de “libre” mercado que aceptaban dócilmente las exportaciones y la inversión extranjera, la privatización, y la adquisición foránea de recursos locales. El “libre flujo” de ideas (judeo-cristianas, greco-romanas y occidentales), y la bienvenida a la presencia militar extranjera, para asegurar la “libertad” del tipo de gente adecuada. Ésta era la agenda de los imperialistas occidentales en toda Polinesia. La captura de la nación hawaiana, en todo caso, no tuvo lugar porque se quisiera mejorar la suerte de un pueblo sistemáticamente desposeído y privado de sus derechos por los anexionistas, tal como la ocupación de facto de Afganistán no se hizo para ayudar a los afganos, o como la guerra contra Irak no tiene nada que ver con la liberación del pueblo de esa nación. Se realizó para dar más poder a los que ya eran poderosos, y para enriquecer aún más a los ricos, arrancar beneficios del trabajo de los culíes tal como se estruja la savia de la caña de azúcar. Fue un temprano ejemplo del
imperialismo de EE.UU., apoyado ideológicamente por el fundamentalismo religioso y el racismo, y justificado por descaradas mentiras. Por desgracia, no es siquiera uno de los peores ejemplos, y con seguridad no es de ninguna manera el último. Pero más vale tener confianza en que llegará el día en que se acabe el imperialismo. El pasado nos trae enseñanzas en las que podemos basar nuestros esfuerzos por llegar a ese objetivo, para impulsar la causa de la liberación humana, en Polinesia, en Palestina y en todas partes.
Los comentarios están extraídos de un artículo de Gary Leupp, profesor asociado en el Departamento de Historia, y coordinador del Programa de Estudios Asiáticos en la Universidad Tufts (Massachusetts), EEUU. La música pertenece al disco Hawaii - The Rough Guide To The Music Of Hawaii editado por la Discográfica World Music Network en 2000.
Es una realización de Jorge Laraia.

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