Que la generación de energía es necesaria para la vida, el desarrollo y el bienestar del ser humano, es un hecho incuestionable. Otro aspecto bien distinto es la relación que existe entre la demanda y uso de los recursos energéticos y la disponibilidad de los mismos; así como el grado de contaminación que produce su combustión en el medio ambiente. En la actualidad, el 80% de la demanda energética mundial es suministrada por combustibles fósiles, que producen en su combustión un efecto invernadero en la atmósfera que tiene como consecuencia el cambio climático al que estamos asistiendo; aún sin la firmeza debida para afrontarlo por parte de los organismos públicos y la ciudadanía.
Para hacer frente a esta degradación medioambiental se están utilizando, cada vez con más frecuencia, los denominados biocombustibles, o agrocombustibles, si hablamos con más precisión, que se obtienen mediante tratamiento o fermentación de fuentes biológicas no fósiles, como los aceites vegetales, la remolacha azucarera, los cereales y otros cultivos y residuos orgánicos. Estos elementos incluyen el biodiésel, obtenido a partir de semillas oleaginosas (especialmente la colza) y aceites de cocina usados; el bioetanol, producido a partir de cultivos ricos en azúcares o almidón, como los cereales y remolacha azucarera; y el biogás, generado a partir de gases de vertederos y residuos agrícolas.
La Comisión Europea ha establecido tres metas fundamentales sobre los biocarburantes: promover los biocombustibles tanto en la Unión Europea como en los países empobrecidos; preparar su uso a gran escala, mejorando su competitividad en cuanto al coste e incrementando la investigación sobre combustibles de "segunda generación"; y apoyar a los países en desarrollo en los que la producción de biocarburantes podría estimular el crecimiento económico sostenible.
Es cierto que el uso de los biocarburantes genera menos emisión de gases con efecto invernadero a la atmósfera, como el CO2, que la combustión de materiales fósiles, y, por tanto, la degradación del medio ambiente es menor, sin embargo, la polémica se suscita no tanto por su uso; si no por su producción a gran escala, en cuanto a las consecuencias sobre el medio ambiente y la población humana, sobre todo la empobrecida, que puede generar. Enrique Tébar

7 de octubre de 2007
| Producción: La Luna Sale a Tiempo
| Duración: 00:12:50

En el espacio de divulgación científica A la Luz de la Ciencia, nuestro profesor investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), José Pío Beltrán, nos formula una pregunta en el titular del audio que os presentamos: ¿Se puede obtener gasolina del trigo? Parte de nuestra audiencia, la más informada sobre los agrocombustibles, quizá conteste que sí; no obstante, es probable que desconozca cual es el proceso que se sigue y qué componentes intervienen para transformar estos productos en energía para los vehículos a motor. José Pío, nos introducirá en una dimensión apasionante que, lejos del esoterismo, establece sus resultados en función de la probabilidad, a través de una hipótesis inicial objetivable y la experimentación posterior con el control de una serie de variables. E.T.

La periodicidad de emisión de esta sección de La Luna Sale a Tiempo es de seis semanas, con una duración aproximada de unos 15 minutos. Es presentada por Lucas del Castillo, catedrático jubilado de (...)
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