Al lado de los pueblos románicos y germánicos, los eslavos son una de las formaciones étnicas fundamentales del continente europeo. La vida de los eslavos estuvo relacionada desde los tiempos más remotos con la agricultura. Por eso los ritos mágicos que acompañan a los ciclos del año, desempeñan una función notable en su cultura. Uno de esos ritos, conservado hasta nuestros días, se ha convertido en la actual fiesta de Ivan Kupala, que reviste formas similares entre los distintos grupos eslavos.

16 de junio de 2011
| Duración: 58:20

Ivan Kupala, la fiesta eslava del solsticio de verano, simboliza la unión del agua, el fuego y las hierbas, que da fuerzas naturales a los humanos y produce milagros, y continúa celebrándose en Rusia, Bielorrusia, Ucrania, Letonia, Lituania, Estonia y Polonia. La fiesta se realizaba el 24 de junio del calendario antiguo juliano, y ahora el 7 de julio según el contemporáneo georgiano. El propio solsticio tiene lugar el 21 de junio o el 20 de junio, en años bisiestos. Así que en diferentes países, ciudades y años la celebración suele hacerse en fechas diferentes. Tanto el mismo nombre ruso de la fiesta, Ivan Kupala, como los ritos que se hacen en ella, son una mezcla de tradiciones paganas y cristianas. La antigua fiesta eslava Kupalie estaba dedicada al dios pagano de los frutos de la Tierra, Kupala, que simbolizaba la unión de los elementos fuego y agua, y se hacía en la noche más corta del año: del 21 al 22 de junio. El nombre de Kupala proviene de la misma raíz que la palabra “vkupe” y significa “unión”. La esencia de la fiesta está en el matrimonio misterioso entre los dioses Yarila y Mokoshi – es decir entre el Cielo y la Tierra, el Sol y la Luna, el Fuego y el Agua. La boda se concluye con la de la rueda ardiente (que simboliza el principio masculino) que desciende de una pendiente alta hacia el agua (símbolo del principio femenino). Además, se elige un abedul y junto a el se coloca una muñeca llamada Koleda. Con el advenimiento de la época cristiana en Rusia, el nombre pagano poco a poco se combinó con el nombre de la fiesta religiosa dedicada a San Juan Bautista, que en ruso es “Iván”. Como las tradiciones de las dos celebraciones coincidían, y consistían en sumergir a personas en el agua, no tardaron mucho en asociarse. En la época moderna, Kupala recibió un segundo sentido, “kupat”, literalmente “bañar”, y empezó a hacerse referencia inmediata a los ritos del agua, el fuego y las hierbas en las celebraciones. Además, la fecha fue desplazada y perdió su simbología astronómica. En Rusia, antes de la época soviética, esta fiesta era una de las más importantes, pues contaba con la participación de toda la población rural, y todos debían cumplir al detalle con el ritual. Durante la noche de Iván Kupala no se puede dormir, ya que recuperan su increíble poder y se hacen muy activas la fuerzas malignas: kikímory (ninfas de los pantanos), y rusalki (ninfas de ríos y lagos, o sirenitas). Las dos están al servicio de Vodianói, el genio mayor de las aguas; de brujas, diablos y de Leshi, el genio de los bosques, y pueden raptar a los que no estén despiertos y atentos, en particular a los niños, para hacerlos sus esclavos. Los eslavos confían en las virtudes de las hierbas cortadas la noche de San Juan, afirmando que éstas gritan desde la tierra, con voz inaudible : ¡Agárrame a mí también! El día de Juan [Eniov den), los búlgaros recogen hierbas y protegen vacas y campos contra las brujas que estropean la leche y la cosecha, y las mozas búlgaras tratan de adivinar quién será su prometido. El solsticio de verano es recibido por croatas y eslovenos con hogueras y antorchas. De ese modo la fiesta popular asocia a los eslavos con los demás pueblos europeos. Durante la Edad Media, en Francia era el rey quien prendía la fogata de San Juan. Hoy, la noche de San Juan se celebraba con hogueras en muchos países europeos y prácticamente en toda Latinoamérica. Lo que sí, que allí donde todavía se celebra el ritual de Kupala, en general las gentes no conocen ya el sentido y objetivo mágicos que tenían en un principio, pero exteriorizan la alegría que les producen la luz del sol y del fuego, el verano, la cosecha, las flores y las hierbas, y contemplan con esperanza el provenir. Así se solazaban también sus remotos antepasados eslavos, tratando de compenetrarse con las fuerzas de la naturaleza, y sintiéndose hijos de los bosques, las aguas y el sol. Y para terminar, con la música de estos intérpretes y grupos que hemos escuchado durante el programa, uno fácilmente se transporta a la estepa rusa, y a las ciudades y pueblos eslavos. Porque no hace falta entender el idioma, la música tiene un lenguaje universal, que todos podemos alcanzar a comprender.
Comentarios basados en un articulo publicado en el sitio rusopedia.rt.com, y una nota de Alexandre A. Gura, Olga A. Ternovskaya, y Nikita I. Tolstoi para El Correo de la UNESCO. Y un agradecimiento a Iñaki Legarreta que desde Radio Koska, del Municipio de Getxo, en el País Vasco, me hizo llegar el conocimiento y noticias de esta fiesta.
Durante el programa se escuchan interpretaciones del grupo de Alexander Nepomnyashikh, de Angelite & Moscow Art Trio, del Terem Quartet, el Balalaika Ensemble, Reelroad, Troitsa, Czeremszyna, del grupo Ivan Kupala, del grupo Irfan de Bulgaria, y cerramos el programa con el ucraniano Jacek Kaczmarski.
Es una realización de Jorge Laraia

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