En España, no fue portada en ningún diario de tirada nacional, como tampoco salió en ningún telediario de audiencia estatal. Pero en Euskadi, la muerte de Míkel Laboa fue lo único de lo que se hablaba durante días. Tan famoso y reputado era en el País Vasco como absolutamente desconocido en el resto de España y el mundo.
Como escribió Belén Altuna para El País, decir que se ha ido "un icono de la cultura vasca", que ha sido "una gran pérdida para Euskal Herria", es, en cierta manera, como hablar de la patria de los pájaros. Necesitan un nido, sin duda, pero su vuelo no entiende de fronteras. Pensar que las canciones de Laboa son valiosas sólo o principalmente porque están en euskera (la mayoría, no todas), o porque recupera varias canciones populares vascas, parece muy pobre. Más bien su principal grandeza estriba en escoger e interpretar con voz vacilante e inconfundible, letras y poemas que hablan no de algo así como la "condición vasca", sino de nuestra común condición humana.

19 de febrero de 2009
| Duración: 59:15

¿Quién fue Mikel Laboa? se preguntarán muchos de ustedes. En el documental que Imanol Uribe realizó sobre el cantante, el reconocido escritor vasco Bernardo Atxaga decía que, con "toda la presencia que tenía la cuestión de la identidad en el País Vasco, Míkel Laboa habría podido erigirse en La Voz musical del pueblo vasco, pero no quiso". No es trivial en una Europa como la de hoy, en la que tantos artistas, sobre todo cantantes y cineastas, persiguen la idea de ser proclamados portavoces culturales de cualquier micropaís, de cualquiera de "los pueblos de Europa", para andar por el mundo vendiendo sus discos al lado de postales, chapas y gorritos. Y a tal efecto, hacen de su cultura un estereotipo congelado tras el cuál tienen un bono vitalicio para ocultar su más que probable mediocridad. Pero en el caso de Míkel Laboa, un título como el de "voz del pueblo vasco", aparte de lo simplón y sensacionalista que lleva de por sí el concepto, habría sido empobrecedor. Por suerte para todos los que han podido conocer su obra, que son relativamente pocos, Míkel Laboa nunca dejó de ser un artista monumental, que cantó en euskera cuando nadie lo hacía y además era peligroso -le costó más de un arresto-, y que nunca le debió nada a nadie. Un cantautor que amaba su lengua y que, lejos de querer construir un retrato purista, retrató la Euskadi que conocía, la del labrador, la de las tabernas, la represión y el ensueño figurado en su obsesión con los pájaros. Tampoco dio la espalda al bilingüísmo del que gozan muchos euskaldunes. No deja de ser significativo que haya sido un euskaldún -y que a menudo se dejaba situar sin reticencias dentro del mundo abertzale- el único cantante que cantó en todas las lenguas ibéricas. -"lisboa no seas francesa sete portuguesa..." decía parafraseando a Amalia Rodrigues en uno de sus komunikazio-inkomunikazioa, trozos de muy larga duración en los que daba rienda suelta a su incorregible deseo de hacer lo que le venía en gana. En ellos se mofaba durante largos minutos de la sonoridad de la lengua inglesa, soltaba alguna frase de "la donna è mobile" y recuperaba de golpe la más absoluta sobriedad versionando alguna canción de Atahualpa Yupanqui "del cerro vengo bajando, camino y piedra..." Es una pena que muchos españoles e hispanos sigan sin sentir el euskera como una parte fascinante de su propia cultura. Es más, la mayoría ni siquiera lo ha oído pronunciar en su vida. Y ésta es sin duda una barrera más artificial que real. Después de todo, el sitio de Mikel Laboa ahora está con sus admirados de siempre, Atahualpa Yupanqui y Violeta Parra, y su obra a la altura de la de Víctor Jara y Zeca Afonso. Por eso, como dice Josi de Arellano en el artículo que hoy comentamos y que escribió para el sitio De Verdad digital, el mejor homenaje que se puede hacer hoy a Míkel Laboa es acercarnos a su obra y, por qué no, aprender euskera, para recuperar una cultura que también es la nuestra, y como querría su paisano Gabriel Celaya, para darle una lección a esos politiquillos que quieren imponer el inglés en las escuelas públicas de España. Mikel Laboa había sido distinguido recientemente con la Medalla de Oro de Guipúzkoa, máximo galardón que otorga la Diputación Foral, y que él mismo pretendía recoger en una ceremonia solemne prevista para el 23 de diciembre. Lamentablemente, su muerte a los 74 años de edad, tras una larga enfermedad, se lo impidió.
Además de los mencionados a lo largo del programa, he extraído algunos comentarios de un artículo de la periodista Mertxe Aizpurua publicado en el periódico Gara.
Es una realización de Jorge Laraia.

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