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El 18 de septiembre se institucionalizó como fecha conmemorativa de la independencia de Chile debido a que ese día, en el año 1810, Chile logró elegir por primera vez, un gobierno local en un acto democrático. A pesar de lo anterior, los lazos con España se mantuvieron, y no fue hasta el 12 de febrero de 1818, cuando el Director Supremo Bernardo O’Higgins en Talca firma el acta de Juramento de la Independencia, con la que Chile se declaró formalmente independiente de la corona. En torno al prócer, se han compuesto himnos y canciones, algunos han permanecido olvidados o inéditos, y otros han alcanzado importante divulgación.
Pablo Neruda (en la letra) y Vicente Bianchi (en la música), son los autores de una de las más hermosas canciones escritas y compuestas en memoria del prócer: Canto a Bernardo O’Higgins, popularizada por Silvia Infanta y los Baqueanos. Así como esta canción es una de las más popularizadas de cuantas se le hayan dedicado al prócer chileno, hay otras, que por distintos motivos hoy ya no se interpretan. Por ejemplo, en el folclore chileno hay numerosas composiciones de cuecas y tonadas en las que se refiere a O’Higgins, y entre las que se pueden mencionar están Amanda y Elsa Acuña, conocidas como Las Caracolito, interpretando Chillán Viejo, una tonada con alusiones al Padre de la Patria, de la que hoy se puede encontrar una versión del grupo Los Provincianos. Ahora, a mi juicio, una composición musical que creo está injustamente olvidada, es la obra que hoy vamos a compartir durante este programa. Me refiero a la cantata titulada “Bernardo O’Higgins Riquelme, 1810 (Poema Sonoro para el Padre de la Patria)”, una obra con textos de Pablo Neruda y música de Sergio Ortega. O’Higgins fue uno de los conductores de la independencia de Chile respecto de la corona española (1810). Su condición de hijo natural le valió el desprecio de la oligarquía criolla, que lo combatió por su lucha contra los privilegios sociales de la aristocracia chilena. Derrotado en Rancagua en 1813 por las fuerza realistas, salió hacia Mendoza, Argentina, para volver a Chile con el Ejercito Libertador, al mando del General San Martín. Investido del cargo de Director Supremo de la joven República de Chile, impulsó una serie de reformas sociales, como la abolición de la esclavitud y la supresión de los títulos de nobleza. Más tarde fue derrocado y empujado al exilio en Perú, donde murió en 1842. O’Higgins encarna para el pueblo de Chile la más auténtica y profunda inspiración patriótica de sus fuerzas armadas, traicionada en el sangriento golpe militar fascista de 1973, encabezado por el dictador Augusto Pinochet. La cantata "Bernardo O’Higgins Riquelme, 1810. Poema sonoro para el padre de la patria", es una obra compuesta y montada entre los meses de abril y junio de 1978 junto al Taller Recabarren, en la vieja casa de Nanterre, donde vivía exiliado Sergio Ortega, con textos tomados del capítulo "Los Libertadores" de la obra "Canto General" de Pablo Neruda. Fue estrenada mundialmente en el Festival otoñal de Estiria, "Stey rischer Herbst", en la ciudad de Graz, Austria, el 26 de octubre de 1978, con la presencia de las solistas Lucía Díaz, la cubana Nancy Bello y la francesa Hannelore Nagorsen. Esta cantata fue grabada posteriormente por la solista Lucía Díaz y el Taller Recabarren, por el sello discográfico Gramusic en 1979. El Taller Recabarren que trabajó en está grabación está formado por músicos chilenos y franceses, más el propio Sergio Ortega al piano. Ellos son: Sergio Arriagada, Danielle Boyenval, Felipe Canales, Martine Delaplace, Dominique Longuet, Jaime Miqueles y Mariana Venegas.
No resulta casual que Ortega haya utilizado para su obra, los textos de Pablo Neruda, el poeta chileno galardonado con el Premio Nacional de Literatura y el Premio Nobel de Literatura. La relación de amistad entre estos dos chilenos excepcionales, proviene de la implicancia de ambos en el proceso de desarrollo social de Chile. Si Neruda fue el "cronista poeta" de los más importantes hechos del siglo XX, Sergio Ortega fue y será el "cronista musical" de los acontecimientos "político-sociales", que se venían encima: la revolución cubana, mayo del 68, los movimientos de liberación en América y el mundo, y el triunfo popular en Chile. Ortega y Neruda pertenecen a ese grupo de profesionales y artistas que se comprometen con su época y su pueblo, traspasando con creces el campo de sus respectivas actividades. Los une una común visión humanista del mundo, que los llevará a realizar trabajos en conjunto, el Poeta y el Músico creando codo a codo. Así surgió, por ejemplo, esta cantata que hoy estamos compartiendo. Durante su funeral, José Weinstein, el Ministro de Cultura de Chile en ese momento, ya recuperada la democracia, expresó: Sergio Ortega fue un gran luchador social, un hombre solidario que mantuvo una fidelidad sin fisuras hacia sus convicciones más profundas. Como representante del Estado chileno, como Ministro de la Cultura, como portavoz de una voluntad nacional que quiere manifestar su pesar por esta muerte, quisiera rendirle el más sentido homenaje, y entregarle el mensaje esperanzador de que su obra sabrá ser recordada y valorada por nuestro pueblo, como precioso don que ha enriquecido nuestra cultura y ha contribuido a que nuestra vida colectiva sea un poco más feliz y valedera. El mejor homenaje que podemos hacerle a un artista, es mantener viva la llama que encendió su creatividad. Seguiremos escuchando su música, porque en ella nos hemos descubierto un poco más a nosotros mismos, y porque ella ha buscado enraizarse en nuestra tierra. Que nuestro adiós sea un "hasta siempre" porque en la música de Sergio Ortega ha sonado, suena y seguirá sonando, el ritmo y el latido del corazón de Chile. Fuente: un artículo de Alejandro Lavquen, y palabras pronunciadas por Raúl Bulnes Calderón, Vicepresidente de la Fundación Pablo Neruda, y de José Weinstein, Ministro de Cultura de Chile, publicadas en la Revista Musical Chilena. Y la música pertenece a la cantata titulada “Bernardo O’Higgins Riquelme, 1810 (Poema Sonoro para el Padre de la Patria)”, editada por el sello discográfico Gramusic en 1979, a excepción del tema con el que abrimos el programa, Canto a Bernardo O’Higgins, interpretado por Silvia Infanta y los Baqueanos.
Es una realización de Jorge Laraia.