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Ignacio Arsenio Travieso Scull, conocido como Arsenio Rodríguez fue un compositor e intérprete de tres cubano, con un importante papel en el desarrollo del llamado son montuno. Su formación de conjunto con varias trompetas, definió un sonido que, visto en perspectiva, sentó las bases para el desarrollo de lo que hoy se conoce como salsa. Además, fue un prolífico compositor, ya que escribió cerca de 200 canciones, la mayoría de ellas salpicadas de humor y doble sentido. Fue intuitivo y universal en todo el proceso de fusión que fue su música. Por eso, Arsenio Rodríguez es, junto a Ignacio Piñeiro, Ñico Saquito, Miguel Matamoros, María Teresa Vera y Beny Moré, uno de los padres de la cultura popular cubana.
Arsenio Rodríguez nació en un lugar llamado “Finca La Victoria”, distante quizás a medio kilómetro del poblado de Güira de Macurijes, provincia de Matanzas, en Cuba. El futuro artista vino al mundo el 30 de Agosto de 1911. El Brujo de Macurijes, como se lo llamaba, falleció en Los Ángeles, California, el 29 de Diciembre de 1970, en el Queen Los Ángeles Hospital, en horas de la noche.
Los restos mortales del maestro Arsenio Rodríguez descansan en el Ferncliff Cementery de Hartsdale, en Westchester County, lugar relativamente cercano a la ciudad de Nueva York,. De esta manera moría el hombre y empezaba la leyenda. La leyenda del genial tresero ciego. Un griot invidente que revolucionó el arte musical popular de su país y del continente, no sólo por sus composiciones –que se cuentan por decenas- sino también por las innovaciones que implementó en los formatos habituales de la música afrocubana, las que posteriormente desembocarían en lo que comúnmente se ha llamado la orquesta estándar de salsa. Arsenio Rodríguez era un hombre con alta autoestima, que solía valerse casi por si solo pese a que partir de los siete o tal vez ocho años de edad había comenzado a quedarse ciego, y había organizado su vida de invidente de tal forma que esa situación no le impedía desenvolverse como músico profesional y como ciudadano común y corriente. Desde niño veía por los ojos de sus hermanos Quique y Raúl Manuel, y su quehacer personal giraba en torno a una frenética actividad de trabajador del arte y de la cultura. En suma, era un obrero intelectual, un obrero artista. Fue un hombre de extracción humilde, campesino y casi analfabeto, ya que no alcanzó a cursar prácticamente ninguno de los estudios formales de escuela primaria o secundaria, como cualquier niño de las áreas rurales de nuestros países subdesarrollados de la América Latina de su época. Rodríguez además era negro, o afroamericano, como suele decirse ahora; descendiente de esclavos congoleses, y había nacido en la pobreza, en el seno de un hogar de bajos recursos, cuyos padres estaban ligados como trabajadores del campo, a las faenas agrícolas de los ingenios azucareros del área de Matanzas. Ese era el retrato de su pasado sin la música.
La vida no le había dado la oportunidad para ir a la escuela formal, ni le había abierto las puertas de los conservatorios donde estudian los que van a ser músicos profesionales, pero Rodríguez se las arregló para aprender todo lo que pudo sobre música, en especial acerca de cómo hacer sonar bien algunos instrumentos de su entorno sociocultural,que iban del tres y la guitarra a la conga, del timbal al bongó, de los tambores batá a los tambores de yuca, de la clave a las maracas. Rodríguez casi como autodidacta, solfeaba, componía, arreglaba y hasta cantaba; pero quizás lo más importante haya sido que desde muy joven, conducía y gobernaba su vida sin complejos más allá del racismo imperante en Cuba y en Estados Unidos, los dos países dentro de los cuales transcurrió su existencia como hombre y como intelectual. Con la autoestima elevada y el deseo de superar la ceguera, Rodríguez viajó a Nueva York en el invierno del año 1947. Entre las novedades que experimentó Arsenio Rodríguez a partir de 1940, está el haber establecido definitivamente la presencia y el papel de las congas o tumbadoras en el grupo, con el concurso de su hermano Quiqui y también del excepcional percusionista Félix Chocolate Alfonso. Los dos tocaban en una época simultáneamente cada uno una tumbadora, situación que permitía densificar el sonido, redefiniendo de esta manera la sección rítmica de los antiguos septetos. Tras agregar una trompeta más a la agrupación (y después otra), Arsenio estableció y delimitó los contornos de lo que en definitiva pasó a llamarse el conjunto de sones, caracterizado desde entonces por contar formalmente con una sección de dos o de tres trompetas. Este ya no solamente tocaba el son oriental, sino una modalidad muy a la manera de Arsenio que se llamó son montuno, a la que el tresero ciego sumó mambos, quindembos, pachangas, guarachas, boleros, cha cha chás y rumbas, determinando así el advenimiento de una nueva sonoridad para la música cubana en su totalidad.
Y al incorporar el piano acústico en este formato, Arsenio Rodríguez dejó establecida en definitiva dicha sección, que ya no solamente tendría un papel formalmente rítmico, sino también armónico y melódico con los solos del piano.
Igualmente el Brujo de Macurijes tomó elementos del acervo folklórico, procedentes de la rumba habanera y matancera –estilos que conocía y dominaba a la perfección- y los trasladó al son montuno. Estos provenían de una modalidad de la rumba a la que llaman guaguancó. Estas incorporaciones se evidencian especialmente en la fuerza de la percusión, en la sincopación del piano y el contrabajo, junto con la guitarra acústica y el tres, y en el canto a la manera antifonal de los maestros rumberos, en el que se trenzan el solista con la voz prima y el coro. Este estilo de son montuno impregnado de elementos procedentes de la rumba habanera y matancera, genéricamente se denominó guaguancó, y es una forma bien definida y poderosamente sincopada del son montuno que Arsenio popularizó en Cuba y después en toda América Latina, cuando pasó de La Habana a Nueva York y difundió ampliamente esta modalidad del son por todo el continente, mediante sus celebres grabaciones con la RCA Víctor (y también con otros sellos disqueros), que le siguen dando todavía la vuelta al mundo. A esto o a un sonido parecido, a un estilo derivado del estilo de Arsenio, fue a lo que se le llamó salsa en La Gran Manzana con posterioridad a la muerte del Ciego Maravilloso. En algunos aspectos, particularmente como inigualable tresero, Arsenio Rodríguez se parece a Charlie Parker, el malogrado saxofonista de Jazz afroamericano. Especialmente en su desmesura como intérprete, como instrumentista. En su grandeza a la hora de arrancarle música a su instrumento. Parker fue un grande del saxofón. El más grande. Así era Arsenio. Inimitable, irrepetible. Cada uno en su campo, el primero en el Jazz y el segundo en el Son Montuno fueron los reyes en su tiempo, y continúan siéndolo ahora que se han ido. El tiempo que casi todo lo derrota no ha podido abatirlos ni hacer envejecer la música que nos legaron. Por eso, Charlie Parker y Arsenio Rodríguez siguen siendo contemporáneos, modernos y actuales.
Comentarios extraídos del libro “El Brujo de Macurijes. Vida y obra del legendario músico cubano Arsenio Rodríguez” de Jairo Grijalba Ruiz, colaborador de Herencia Latina, mientras que el audio de la entrevista con Arsenio Rodríguez, llevada a cabo por José Luis Logreyra, para Radio Caracol de Colombia, es una cortesía de Gary Eisenberg . En cuanto a la música, los temas escuchados corresponden a recopilaciones actuales de las grabaciones originales de Arsenio Rodriguez, incluidas en los discos Dundunbanza, Fuego en el 23 y Montuneando, y a interpretaciones de la Orquesta Harlow, Willi Colon con Hector Lavoe, Ibrahim Ferrer, la orquesta Aragón, el conjunto Sierra Maestra, y la orquesta de Perez Prado.
Es una realización de Jorge Laraia.