
Los premios Folk de la BBC Radio 2 celebran logros sobresalientes durante el año anterior en el campo de la música folk en el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Los premios han sido (…)
Desde 1971 no hay mes de agosto que pase sin que el festival termine con una actuación conjunta de las bandas, cuando no lo hacen al sonido de las bombardas. Pero nadie se queja. Al contrario. Los más de 700.000 fieles muestran una devoción celta. Un tic que les conduce a las puertas de la gran manifestación de las naciones celtas, a vivir la noche mágica del estadio de Moustoir o las veladas del puerto pesquero. Incluso cuando no llueve, gaitas y sonidos celtas llenan el ambiente de alegría. Con sus cuarenta y un años de vida, el festival es un viejo conocido de la música celta, aunque joven de espíritu y ávido de diversión.
Bretaña, conocida como el tridente de granito, ha sido modulada lejos de las grandes corrientes culturales, pero en el centro de las corrientes naturales. Así ha podido conservar su identidad celta y, a la vez, abrirse a otras dimensiones. A merced de los caprichos del clima y la historia, los bretones comparten una lengua verde que estimula la complicidad, los vincula al territorio y les confiere un carácter y una forma de entender la vida. Bretaña es una península que se sumerge en el océano que, lógicamente, ha detenido las migraciones de los pueblos anglosajones, francos, celtas y latinos. En estas tierras legendarias sembradas de megalitos, se forjó una fuerte identidad y nació una resistencia. Rápidamente, el océano se abrió a nuevas aventuras, y a los druidas, monjes y duques siguieron los mercaderes, corsarios y pescadores. ¡Y por último: los turistas! La música tiene un peso muy importante aquí. No es casualidad que el mago Merlín fuera un maestro del arpa. Los bardos y los druidas se acompañaban de una lira. Para que les oyeran, los bretones adoptaron instrumentos más bien sonoros: el binou o gaita bretona y la bombarda. Las bandas tradicionales o bagadou hacen vibrar al público y han abierto su repertorio junto a artistas que llenan salas y festivales. El biniou es parecida a la gaita escocesa. La de mayor tamaño se llama biniou-braz y su contraria, biniou-kozh (antigua). A pesar de sus orígenes mediterráneos es un símbolo bretón. La bombarda es su cómplice: un instrumento de viento semejante a una flauta con la base ensanchada. Ambos son los instrumentos clave en procesiones, fiestas populares y festou-noz. En los años 50, los binious y bombardas se aliaron con tambores y las cajas para crear las bandas tradicionales: las bagadou. Actualmente son las formaciones acústicas más potentes del planeta. Son capaces de atronar un Estadio de Francia lleno hasta la bandera, o los Zenith de las Noches Celtas. Las bagadou se aventuran a menudo por los sonidos del jazz, a veces incluso del techno, y hasta han tocado con grupos de rock. La bagad (singular de bagadou) más famosa es la de Lann-Bihouë en la que canta Alain Souchon. Anualmente, este festival de diez días en la ciudad costera bretona de Lorient atrae a unos 800 mil visitantes y centenares de músicos y bailarines de Escocia, Irlanda, Galicia, Asturias y Australia. Todo un acontecimiento para sus aproximadamente 60 mil habitantes. Quizá Ernest Hemingway habría escrito "Lorient era una fiesta" si hubiera aterrizado en la patria de Astérix y Obélix en lugar de en París. Sólo que entonces no existía el festival, creado después de la publicación, póstuma, de las memorias de Hemingway en la metrópolis francesa durante los años ’20. Lorient (en bretón An Oriant ) es una ciudad portuaria de Francia, situada en el departamento de Morbihan, en la región de Bretaña. Durante la Segunda Guerra Mundial y durante la ocupación, fue una importante base de los submarinos alemanes, y bombardeada por las fuerza aliadas. Lorient nació en 1666 para apoyar el desarrollo de la Compañía francesa de las Indias Orientales, fundada por Jean-Baptiste Colbert en 1664 en Port-Louis. La exigüidad de Port-Louis llevó a la instalación de un astillero en un terreno más arriba de Port-Louis, en el cruce de los ríos Scorff y Blavet. El primer buque que se construyó se llamaba "Le Soleil d’Orient" (El Sol del Oriente), y los habitantes de la región, que se habían acostumbrado a visitar al "L’Orient" durante su construcción, dieron su nombre a la nueva ciudad. Y en Lorient nació el Festival Intercéltico hace 40 años, por la voluntad de sus fundadores para contribuir al desarrollo de la música y la cultura de la Bretaña, y la apertura de las naciones celtas no sólo desde las Islas Británicas (Escocia, País Gales, Cornualles, Isla de Man e Irlanda), sino también desde el norte de España (como Galicia y Asturias). Esto le dio un lugar especial, además de en todos los festivales de Bretaña, también en el ámbito nacional, ya que ha creado un lugar de encuentro con Bretaña junto a otras naciones, y así forjar un nuevo concepto de concreción de los intercambios: el Inter-Céltico. Con su éxito, el InterCéltico ha modificado a lo británico y español como fronteras celtas, ya que a su vez ha incluido a otros lugares donde también hay un resurgimiento, más reciente, a raíz de las migraciones de los celtas británicos y españoles. Así, se ha visto la llegada de bandas de gaitas, desde Australia, intérpretes de América Latina y cantantes y gaiteros de Canadá.Este Festival Interceltico de Lorient que tuvo lugar del 5 al 14 de Agosto pasado, dedicó su 41 edición a la diáspora y el cosmopolitismo céltico, según dijo a Efe su director artístico, el español Lisardo Lombardía. Del mestizaje cultural y musical que practica el Festival, Lombardía subrayó que no es en absoluto vago ni etéreo, sino que es esencial para el mundo céltico y el cosmopolitismo que se defiende en Lorient. "Hay que tener en cuenta las raíces y la fuerza de la identidad de la cultura de recepción", agregó. Comentarios basados en un artículo de Nicolas Joubard, una nota de la agencia EFE para La Gaceta, y notas del sitio festival-interceltique.com. Y a lo largo del programa se escuchan a algunos de los intérpretes que participaron en el Festival Íntercéltico llevado a cabo en Lorient, en la Bretaña francesa en agosto pasado, como el joven gaitero Alvaro Alvarez Fernandez y el grupo Blima, de Asturias, John O’Brien de Irlanda, Skerryvore de Escocia, Martin Frewen de Nueva Zelanda, el grupo Ialma de Galicia, Fernhill y Cameron Drummond de Gales, y lógicamente músicos bretones como la arpista Cecile Corbel, Forzh Penaos, Alain Souchon y La Bagad de Lann Bihoue, el David Pasquet Group y el grupo Carré Manchot.
Es una realización de Jorge Laraia.