
FUNDIDO EN NEGRO.-
Mientras los indignados españoles que están por la calle, demostrando que es más fácil hacer salir a la gente a la calle que volverla a casa, y los indignados que siguen en (…)
G. Steiner, en sus maldiciones a la criminalidad nazi, había deseado que el alemán nunca más sirviese para escribir poemas o trasmitir verdad. Una lengua que había utilizado lemas tan bellos como «El trabajo os hará libres» para adornar la entrada a los campos de exterminio habría quedado inútil para trasmitir verdad o belleza...
Los problemas de morir en el hospital se centran en la falta de intimidad, que resulta indignante: la última vez que acompañé a un amigo moribundo mientras él dormía dulcemente sus cuatro últimas horas, su compañero de habitación -que tuvo que estar casi una hora con mi amigo muerto- quería encender la televisión porque no comprendía lo que pasaba. Hablar de eutanasia por parte de políticos cuando no se ha logrado que los enfermos moribundos y sus familias tengan una habitación individual que permita un digno ritual de despedida, supone un acto cínico que recuerda la banalidad del mal de los médicos nazis: no eran sádicos poseídos por el demonio, sino probos funcionarios, simples siervos deseosos de cumplir sus deberes para con el amo-Estado y sus gerentes.