
Los premios Folk de la BBC Radio 2 celebran logros sobresalientes durante el año anterior en el campo de la música folk en el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Los premios han sido (…)
Chiloé, meridional archipiélago. Tu nombre tiene su origen en la raíz misma de nuestro pueblo, hecha con sudor y esfuerzo de hombres y mujeres, de nativos y extranjeros, de un Ercilla, de un Ramón Freire, de una Inés de Bazán o de un Caicumeo, quienes hace más de un siglo compartieron su pan negro, y que al igual que ayer, hoy y siempre, lo seguirán haciendo los isleños con amor y cariño. Bienvenido viajero amigo, hermano de un mismo suelo. Adelante y conócenos, que nosotros te esperamos con los brazos y el corazón abiertos.
Las palabras del poeta Julio Norambuena Vera, con las que presentamos el programa, valen como un adecuado acercamiento a las islas de este archipiélago situado al sur de Chile, que fue creado hace muchísimo tiempo, porque como cuenta una leyenda, hace miles de años, la zona de Chiloé era tierra firme, pero apareció Caicavilú, la serpiente del mal, enemiga de la vida terrestre, animal y vegetal, que desea incorporar a sus dominios marinos. Y es por eso que inundó todo el territorio, amenazando convertirlo en un mar. Cuando esto ocurría, apareció Tentenvilú o la serpiente del bien, diosa de la tierra y la fecundidad, y en general de todo lo que en ella crece. Tentenvilú ayudó a los chilotes a trepar a los cerros y a los que fueron atrapados los dotó del poder de las aves y peces, para que no perecieran ahogados. Pero no bastó; Caicavilú, siguió elevando el nivel del mar, entonces Tentenvilú empezó a elevar el nivel de los cerros que sobresalían del mar. La lucha siguió por muchos años hasta el triunfo de Tentenvilú, resultando que los valles quedaron sepultados bajo el mar y los cerros convertidos en bellas islas. En su libro “Chiloe, archipiélago mágico”, el escritor Nicasio Tangol nacido en Anihué, una pequeña isla del Archipiélago, describe así al chilote y su tierra: “el chilote se había reservado el territorio austral, y así fue porque ahí estaba su mundo. Ahí golpea el oleaje como en región alguna de la tierra, ahí el viento tiene la robustez de mil toros enfurecidos, ahí el frío quema, ahí la lluvia golpea el rostro. Ahí las pampas patagónicas se echan a sus pies como un lago infinito, los acantilados se elevan como los mástiles de sus lanchas, y el silencio, cuando llega, es realmente profundo. Justamente el mundo adecuado al chilote, para echar a correr sus personajes mitológicos por las llanuras esteparias, para esconderlos en los resquicios de los acantilados, para arroparlos con el manto sutil de la niebla, para hacerlos cabalgar sobre la sombra movediza de las nubes”. Al hablar de la idiosincrasia de sus habitantes, destruye la falacia de la gravedad de ser supersticioso y afirma. “No es así, la superstición chilota es parte de su bagaje cultural, es consecuencia de su imaginación creadora, es la sublimación de su personalidad. Sin superstición, el chilote perdería su insondable mundo interior, en el cual se sumerge para solazarse de sus creaciones. Allí, el maneja sus criaturas, las hace actuar según su estado anímico, y las dota de poderes sobrenaturales. Se crea así su propio mundo: fantástico, melodioso y oculto en el silencio infinito”.
Durante el programa se escucha "Chillewenu o la gaviota celeste", un aporte del historiador ancuditano Profesor José Ulloa Cortés. También se extrajeron comentarios del sitio Chiloe.cl y de unos breves Apuntes Históricos del Historiador Francisco Weber. La música pertenece al Conjunto Pahueldún, a la Banda Bordemar, al grupo Llauquil de Quellón, y principalmente al grupo Madera, creado en junio de 2004 en la ciudad de Castro.
Es una realización de Jorge Laraia.