
Ese hombre bajo y regordete ha sentado su violín en la vereda. Carga 74 años en las ojeras y pasea la música por las calles, esperando que alguna mano le arroje unas monedas. Ha transitado la (…)
Amparo Ochoa quien desde muy pequeña, había despertado su amor por la música, cantando en el campo, en la casa, y en los actos escolares, supo que llevaba en su voz un arma de lucha, una luz de alerta, una esperanza de justicia para todos aquellos en que anidara la impotencia. Así fue como ligada a un mundo artístico solidario, su voz se convirtió en un canto por la vida, por las causas sociales, por los obreros, por los estudiantes y por acabar con la inequidad social.