
Una de las versiones, cuenta que el acordeón, el más pequeño de los órganos, nació en Viena, a comienzos del siglo 19. Los músicos, en plena época romántica, tenían en el piano un vocero de sus (…)
Amparo Ochoa quien desde muy pequeña, había despertado su amor por la música, cantando en el campo, en la casa, y en los actos escolares, supo que llevaba en su voz un arma de lucha, una luz de alerta, una esperanza de justicia para todos aquellos en que anidara la impotencia. Así fue como ligada a un mundo artístico solidario, su voz se convirtió en un canto por la vida, por las causas sociales, por los obreros, por los estudiantes y por acabar con la inequidad social.