Hace 14 años, la industria musical recibió un éxito inesperado: Buena Vista Social Club, el disco grabado por Ry Cooder con olvidados artistas cubanos, que conquistó el mundo y le cambió el sentido a la expresión world music. Pero la historia es más complicada. Producido por el británico Nick Gold, en realidad Buena Vista Social Club es el disco que se hizo porque no pudo hacerse el que estaba planeado: una grabación con músicos cubanos y de Mali, el país africano que tiene una riquísima tradición musical. Por problemas burocráticos, los africanos nunca llegaron a La Habana. Y el disco conjunto recién se pudo hacer ahora: se llama Afrocubism y cierra por fin la historia.

17 de febrero de 2011
| Duración: 58:07

La conocida guajira de Cuba Al Vaivén de mi Carreta (de Ñico Saquito) fue la primera canción grabada para el diso. Primero sonó la guitarra del cubano Elíades Ochoa, iniciando el clásico ritmo de la guajira, acompañada por el bajo de José Angel Martínez y la percusión de Jorge Maturell, integrantes de su grupo, el Cuarteto Patria. Enseguida entró en ese ritmo el sonido del ngoni, un antecesor del banjo, a cargo del maestro maliense Bassekou Kouyate. Luego Ochoa cantó en castellano los primeros versos del tema, se escuchó el primer solo del balafon –una suerte de marimba– de Lassana Diabaté, y Kasse Mady Diabaté respondió con una estrofa en su idioma. En aquella jornada de grabación de fines del 2008, el productor británico Nick Gold asegura que sintió un escalofrío que le atravesó todo el cuerpo. Porque después de doce años de espera, finalmente músicos de Cuba y de Mali estaban reunidos en un mismo estudio de grabación, tal como lo había imaginado antes de viajar por primera vez a La Habana, con dos proyectos por delante. Según cuenta la leyenda, uno se realizó tal como estaba planeado. Pero fue el otro, el que nunca llegó a buen término, el que justamente abrió la puerta para un fenómeno llamado Buena Vista Social Club, que nunca se planeó, sino que simplemente sucedió. Según el productor del disco Nick Gold, la historia de lo que terminaría siendo Afrocubism comenzó durante una grabación londinense del grupo cubano Sierra Maestra, liderado por Juan de Marcos González. “Cuando estábamos trabajando en el estudio le pregunté si no podíamos hacer un tributo a la música de Arsenio Rodríguez. Marcos me propuso que viajásemos a Cuba para hacer un proyecto con una gran banda inspirada en la música de los ’50. Así fue como salió el disco Afro-Cuban All Stars”, explicó. Pero Gold también pensó que, ya que iban a viajar a La Habana, podían aprovechar el viaje para llevar a cabo otro proyecto. Como a Marcos le gustaba la música de Mali, Gold recordó que había otra música cubana, la guajira, que venía de Santiago de Cuba, que era popular tanto en Mali como en Senegal. “Estuvimos meses pensando en los músicos que íbamos a invitar a Cuba y buscando repertorio”, recordó entonces Gold, que a último momento también invitó a Ry Coode. El resto es historia conocida. La oportunidad de cumplir con la deuda llegó finalmente a fines del 2008, cuando dos de los protagonistas de aquel encuentro fallido en La Habana coincidieron en una misma ciudad. “Cuando me enteré de que tanto Bassekou como Elíades tenían tiempo en Madrid, pensé que era ideal, porque era territorio neutral”, explicó Gold. Así que decidió hacer viajar a Madrid al tercer músico que debió formar parte del proyecto original, Djelimady Tounkara, protagonista de la época en que Mali era presidida por el socialista Modibo Keita –y la música cubana era activamente promocionada en el país– tanto como de la resistencia posterior al golpe de Estado de 1968, que destruyó aquella cultura y prohibió los ritmos foráneos, encarnada en la mítica Rail Band de Bamako, que integraron también leyendas como Salif Kaita y Mory Kanté. “Con la Rail Band creamos algo nuevo, y yo formé parte de eso”, asegura Tounkara, que llegó a Madrid junto a Kassé Mady, Lassana y el consagrado Toumani Diabaté, el mago del kora, un instrumento africano que es una curiosa mezcla entre arpa y laúd. Aunque la idea inicial era simplemente que los músicos se conocieran en el estudio, y dejar grabadas algunas ideas que deberían completar posteriormente tal vez en Bamako o en La Habana, cuenta Gold que todos se sorprendieron cuando en apenas una semana dejaron listo casi todo el disco. “Sólo le pedí previamente a cada músico que trajera algunos temas listos para compartir con los demás, pero nunca pensé que todo fluiría de manera tan sencilla”, confesó el británico, que asegura que el resultado final tiene más música de Mali que la idea original. Y como broche de oro, vale decir que AfroCubism, fue nominado por National Geographic como el mejor disco de músicas del mundo del año 2010. Esta designación de Afrocubism, prestigia con creces la música interpretada en Cuba y Malí, países con una rica y larga historia musical. Un disco en donde, como hemos compartido a lo largo de esta hora, los músicos antillanos se ocuparon del ritmo caliente, vigoroso, como es todo son en el Oriente cubano, mientras que los africanos pespuntearon las melodías con instrumentos que parecen rescatados de otras épocas.
Los comentarios corresponden a un artículo de Martín Pérez, publicado en el suplemento Radar, del diario de Buenos Aires, Pagina/12, y a las notas que acompañan al disco Afrocubism, editado por el sello World Circuit Records.
Es una realización de Jorge Laraia.

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